Cuando pensamos en misiones a Marte o en sobrevuelos de lunas de Saturno, solemos imaginar una nave “siguiendo un plan” como si fuese un tren en sus raíles. La realidad se parece más a conducir con niebla y con un walkie-talkie que tarda en responder. Las sondas mantienen contacto constante con el control de misión en la Tierra y, ante cualquier ajuste, se inicia un intercambio: la nave envía datos, en Tierra se recalcula, se responde y la instrucción vuelve a viajar por el espacio. Ese retardo es inevitable por las distancias, y puede convertirse en un freno cuando el objetivo científico exige una precisión quirúrgica.
Un ejemplo muy gráfico es el que plantea el equipo de Ryne Beeson, profesor de ingeniería mecánica y aeroespacial en Princeton: atravesar los géiseres de Encelado justo cuando brotan. Es el tipo de maniobra que pide “llegar a la hora exacta” y corregir en el último momento si hace falta. En la Tierra, los vehículos autónomos ya ajustan su ruta en tiempo real sin pedir permiso a nadie. En el espacio, esa autonomía plena todavía no es habitual: las naves siguen dependiendo de la comunicación con Tierra para decisiones críticas, según explican los investigadores. Continúa leyendo «IA generativa para trazar rutas espaciales: el método de Princeton que acelera el diseño de trayectorias»