urante años, una serpiente vista en la isla de Gran Nicobar se movió en una zona gris de la ciencia: estaba registrada, pero nadie podía asegurar con total certeza qué era. Se la había colocado dentro del amplio grupo de Lycodon subcinctus, un “cajón” taxonómico en el que a veces acaban especies parecidas cuando faltan datos finos. Esa etiqueta provisional duró más de una década, hasta que varios indicios empezaron a señalar que la población nicobaresa tenía una historia propia.
La clave fue tratar el caso como se trataría una sospecha clínica difícil: volver al “expediente”, revisar muestras antiguas y tomar nuevas “pruebas”. Eso es, en esencia, lo que hicieron R. S. Naveen y S. R. Chandramouli (Universidad de Pondicherry), Zeeshan A. Mirza (Instituto Max Planck de Biología) y Girish Choure (Pune) al reexaminar material previo, sumar un ejemplar de museo que no se había estudiado en detalle y recoger nuevos especímenes. El resultado fue una descripción formal en la revista Evolutionary Systematics, divulgada por Pensoft Publishers, que confirmó una nueva especie: Lycodon irwini, conocida como la serpiente lobo de Irwin. Continúa leyendo «Una nueva “serpiente lobo” de Gran Nicobar revela cuánto falta por descubrir en las islas remotas»