Uno de los materiales más prometedores en el desarrollo de células solares de nueva generación es el yoduro de plomo y formamidinio, un compuesto cristalino que pertenece a la familia de las haluro perovskitas. Su capacidad para absorber y emitir luz con gran eficiencia lo convierte en un candidato ideal para dispositivos optoelectrónicos como LEDs y, especialmente, para paneles solares delgados y flexibles. Pero su inestabilidad a temperaturas variables ha frenado su adopción comercial.
Este es un ejemplo clásico de un material con potencial, pero cuyas propiedades complejas han sido difíciles de entender y controlar. Como si se tratara de una receta de cocina con ingredientes exóticos que pueden dar lugar a un plato exquisito o uno incomible, dependiendo de pequeños detalles del proceso. Comprender esas sutilezas es clave para lograr una tecnología solar más eficiente y sostenible. Continúa leyendo «La inteligencia artificial abre nuevas posibilidades para la próxima generación de energía solar»