Europa lleva años construyendo una base sólida para su economía digital: marcos regulatorios pioneros, centros tecnológicos emergentes y reformas estructurales. Sin embargo, el ingrediente más crítico no se mide en infraestructuras ni capital: son las personas. Y aquí es donde surge un reto urgente: cómo atraer y retener al talento tecnológico que hoy migra hacia Estados Unidos y Asia, en busca de mayores oportunidades.