Un refrigerador cuántico que se alimenta de ruido: así intenta Chalmers enfriar el calor que nace dentro del chip

Si un ordenador cuántico superconductivo fuese una orquesta, los qubits superconductores serían instrumentos tan delicados que solo afinan cuando la sala está casi congelada. No es una exageración: estos procesadores necesitan operar cerca del cero absoluto, alrededor de −273 °C. A esas temperaturas la resistencia eléctrica desaparece y los circuitos superconductores pueden sostener estados cuánticos frágiles, que son la base del cálculo cuántico.

El problema es que esa “sala de conciertos” no solo debe estar fría: debe ser estable, silenciosa y predecible. Un pequeño aumento de temperatura, una señal electromagnética indeseada o el ruido ambiental del propio sistema pueden actuar como alguien que abre una puerta en pleno concierto: el estado cuántico se desordena y la información se degrada. Mantener esa delicadeza mientras se construyen máquinas más grandes es una de las barreras prácticas más serias de la computación cuántica. Continúa leyendo «Un refrigerador cuántico que se alimenta de ruido: así intenta Chalmers enfriar el calor que nace dentro del chip»