Los microplásticos y los nanoplásticos son como el “polvo invisible” de la era moderna: fragmentos diminutos que se desprenden de envases, textiles, utensilios de cocina o productos de cuidado personal y que acaban circulando por el aire, el suelo y, sí, también por el agua potable. La inquietud no nace solo de su presencia, sino de su tamaño. Cuando algo es tan pequeño como para colarse por rendijas que ni vemos, también puede atravesar sistemas de filtrado que damos por sentados y terminar en lo que bebemos a diario.
Esa es la idea que subraya un equipo liderado por el ingeniero biomédico Zimin Yu (Guangzhou Medical University): parte de los nano/microplásticos (NMPs) puede escapar de los sistemas centralizados de tratamiento de aguas, lo que plantea un posible riesgo de exposición continuada a través del consumo doméstico. El problema es silencioso: no cambia el sabor del agua, no deja olor, no avisa. Continúa leyendo «Hervir y colar: una forma doméstica de reducir microplásticos en el agua del grifo»