Microplásticos fluorescentes: la “linterna” química que podría revelar su viaje dentro del cuerpo

Los microplásticos y nanoplásticos se han convertido en ese polvo fino que aparece sin que sepamos bien de dónde sale: no lo vemos llegar, pero termina en superficies, rincones y, según la evidencia acumulada, también dentro de organismos vivos. Se han detectado en océanos profundos, suelos agrícolas, fauna y muestras humanas, con hallazgos en tejidos como sangre e hígado e incluso en muestras cerebrales en distintos estudios. El ruido mediático alrededor del tema no siempre va acompañado de una comprensión igual de clara: sabemos que están, pero sigue siendo difícil explicar qué hacen exactamente una vez entran en el cuerpo.

En el laboratorio, varios trabajos han asociado la exposición a estas partículas con procesos como inflamación, daño en órganos o alteraciones del desarrollo. El matiz importante es que muchas de esas pruebas se apoyan en modelos experimentales y condiciones controladas. La gran pregunta práctica sigue abierta: cuando una partícula entra, ¿por dónde circula?, ¿en qué tejidos se queda?, ¿cambia químicamente con el tiempo?, ¿se fragmenta?, ¿se elimina? Para responder, hace falta algo más que detectar su presencia: hace falta seguir su trayectoria como si se tratara de un equipaje con localizador. Continúa leyendo «Microplásticos fluorescentes: la “linterna” química que podría revelar su viaje dentro del cuerpo»

¿Hemos inflado las cifras de microplásticos en el aire?

Los microplásticos se han convertido en ese “polvillo” moderno que parece colarse en todas partes: en el agua, en el suelo, en organismos vivos y también en el aire. La idea general no cambia: hay contaminación plástica dispersa por el planeta. Lo que sí podría estar cambiando es la magnitud de la cifra cuando hablamos de microplásticos atmosféricos. Un trabajo publicado el 21 de enero de 2026 en Nature, liderado por la científica ambiental Ioanna Evangelou (Universidad de Viena), sugiere que algunas estimaciones sobre cuántas partículas hay flotando podrían estar sobredimensionadas, incluso por varios órdenes de magnitud, si se comparan con lo que se está midiendo realmente en muestras ambientales.

Conviene subrayar el matiz: que ciertos estudios estén sobreestimando cantidades no equivale a que el problema sea menor o “inventado”. Evangelou lo plantea con prudencia: sigue habiendo microplásticos en la atmósfera, pero la ciencia necesita una forma más consistente de medirlos y de comparar resultados entre países, laboratorios y técnicas. Continúa leyendo «¿Hemos inflado las cifras de microplásticos en el aire?»

Hervir y colar: una forma doméstica de reducir microplásticos en el agua del grifo

Los microplásticos y los nanoplásticos son como el “polvo invisible” de la era moderna: fragmentos diminutos que se desprenden de envases, textiles, utensilios de cocina o productos de cuidado personal y que acaban circulando por el aire, el suelo y, sí, también por el agua potable. La inquietud no nace solo de su presencia, sino de su tamaño. Cuando algo es tan pequeño como para colarse por rendijas que ni vemos, también puede atravesar sistemas de filtrado que damos por sentados y terminar en lo que bebemos a diario.

Esa es la idea que subraya un equipo liderado por el ingeniero biomédico Zimin Yu (Guangzhou Medical University): parte de los nano/microplásticos (NMPs) puede escapar de los sistemas centralizados de tratamiento de aguas, lo que plantea un posible riesgo de exposición continuada a través del consumo doméstico. El problema es silencioso: no cambia el sabor del agua, no deja olor, no avisa. Continúa leyendo «Hervir y colar: una forma doméstica de reducir microplásticos en el agua del grifo»

Lo que realmente contienen las botellas de agua: un vistazo profundo a los microplásticos

Beber agua embotellada parece una decisión inofensiva, incluso saludable. Sin embargo, una reciente investigación liderada por Sarah Sajedi, publicada en el Journal of Hazardous Materials, revela una realidad mucho más preocupante: cada sorbo podría estar cargado de microplásticos invisibles que se acumulan en el organismo humano con efectos aún poco comprendidos.

En promedio, una persona ingiere entre 39.000 y 52.000 partículas de microplásticos al año. Pero quienes consumen agua embotellada a diario podrían sumar hasta 90.000 partículas adicionales anuales, una diferencia que podría tener implicancias graves para la salud a largo plazo. Continúa leyendo «Lo que realmente contienen las botellas de agua: un vistazo profundo a los microplásticos»