Con el paso de los años, el sistema inmunitario va perdiendo agilidad. No es que “se apague” de golpe, pero sí deja de responder con la misma rapidez y variedad, como si un equipo de seguridad tuviera menos personal y, encima, menos entrenado para reconocer amenazas nuevas. Una pieza clave en esa pérdida de reflejos es el timo, un órgano pequeño situado delante del corazón que actúa como escuela y centro de selección de las células T, los linfocitos que patrullan el organismo buscando señales de infección o células tumorales.
El problema es conocido: desde la adultez temprana, el timo se va reduciendo y su actividad cae (un proceso llamado involución tímica). Eso limita la “producción” de células T nuevas y diversas. Con menos diversidad, el cuerpo se defiende peor frente a patógenos desconocidos y las respuestas a vacunas tienden a ser menos sólidas. En este contexto, un trabajo publicado en Nature propone un enfoque llamativo: no intentar reparar el timo directamente, sino pedirle a otro órgano que haga parte del trabajo por un tiempo. Continúa leyendo «Cómo convertir el hígado en un “timo provisional” para recuperar células T en la vejez»