El MIT crea un hidrogel que respira: canales de aire que multiplican por diez el paso de oxígeno

Los hidrogeles tienen un problema que cualquiera que haya llevado un parche varios días conoce: no dejan respirar la piel. Un equipo del MIT dirigido por Xuanhe Zhao ha resuelto buena parte de ese problema metiendo diminutos canales de aire dentro del gel, y ha conseguido una permeabilidad al oxígeno unas diez veces mayor que la de un hidrogel convencional sin que pierda su blandura.

El trabajo se publicó en Nature en julio de 2026 con el título «Air-permeable hydrogels through viscoelastic phase separation of aerogels», y el MIT lo presentó el 8 de julio en un artículo de MIT News sobre el hidrogel transpirable. Es investigación de laboratorio con pruebas en voluntarios, no un producto a la venta.

Lo interesante es el truco que usan para conseguirlo y lo que abre para vendajes, sensores y wearables médicos que hoy no aguantan más de unos días pegados a la piel.

¿Por qué los hidrogeles no dejan pasar el aire?

Porque son, sobre todo, agua. Un hidrogel típico tiene alrededor de un 90 % de agua retenida en una red de polímeros, y gases como el oxígeno se disuelven y se difunden muy mal en el agua. «No puedes respirar a través de una gelatina», lo resume en MIT News Xiao-Yun Yan, que firma el estudio en primer lugar.

Eso tiene consecuencias prácticas. Un parche que no deja pasar el oxígeno ni el vapor de agua acumula humedad debajo, puede irritar la piel y empeora la señal de los sensores cuando sudas. Según el paper, las soluciones anteriores para hacerlos más transpirables eran frágiles o obligaban a sacrificar contenido de agua, por ejemplo por debajo del 50 % en volumen.

Los hidrogeles convencionales se quedan, por lo general, por debajo de 40 barrer de permeabilidad al oxígeno (el barrer es la unidad con la que se mide cuánto gas atraviesa un material). Un hidrogel de PVA estándar se queda en 15,5 barrer.

Cómo consiguen meter aire en un gel

La clave son unas partículas de aerogel de sílice, de unos 8 micrómetros de diámetro y un 90 % de porosidad. Son superhidrófobas, es decir, repelen el agua, así que funcionan como burbujas de aire en forma sólida.

El equipo añade una pequeña cantidad de esas partículas (un 2 % o un 4 % en peso) a la receta normal del hidrogel. Durante unas horas se produce una separación de fases viscoelástica, parecida a cuando el aceite y el agua se separan: el agua se concentra en bolsas y empuja las partículas de sílice hasta formar una red de túneles finos e interconectados. Después, el gel se entrecruza para fijar esa red de canales de aire.

El resultado es un hidrogel con un 70 % de agua que alcanza 185 barrer, el récord según los autores. El de PVA pasa de 15,5 a 153 barrer con el nuevo método. El paper añade que su transmisión de vapor de agua es entre 10 y 100 veces mayor que la de los parches de silicona y poliuretano, y que la técnica funciona con varias químicas distintas: alginato, agarosa, quitosano y gelatina.

Hay una demostración visual muy clara: a diferencia de los hidrogeles convencionales, el gel transpirable flota en el agua. En las pruebas, siguió flotando durante 10 días.

¿Aguanta el uso real?

Los datos de durabilidad son prometedores, aunque con una escala de pruebas todavía pequeña. Tras 10.000 ciclos de estiramiento al 20 %, la permeabilidad al aire cayó en torno a un 5 % y la rigidez (módulo de Young) bajó un 12,8 %. «Después de 10.000 ciclos, la caída de permeabilidad al oxígeno fue inferior al 5 %», explica Shucong Li, coautor del trabajo. Con un 2 % de aerogel, el material mantiene una rigidez parecida a la del hidrogel original, de unos 50 a 100 kilopascales.

Para probarlo en personas, el equipo usó el gel como adhesivo de un monitor de electrocardiograma inalámbrico. Durante 20 minutos de ejercicio, la señal se mantuvo estable, mientras que con un adhesivo de hidrogel comercial fluctuaba mucho. En pruebas de 10 días con entrenamientos habituales, la calidad de la señal se mantuvo y, según MIT News, no aparecieron ampollas ni rojeces al retirarlo.

Conviene leer esto con cautela. Según el propio paper, los grupos de prueba fueron reducidos: diez participantes en el estudio de comodidad del parche en el pecho y tres en las pruebas de electrocardiograma. Es una prueba de concepto sólida, no un ensayo clínico.

Qué puede cambiar en parches, sensores y vendajes

Los autores y el MIT apuntan a varias aplicaciones: vendajes y apósitos que duren más, mascarillas cosméticas y lentes de contacto, monitores de salud y también implantes. El paper muestra además versiones conductoras con aditivos, pensadas para electrodos de electrocardiograma más estables con el sudor. «Ahora que hemos añadido aire a los hidrogeles, la gente puede encontrar aplicaciones muy amplias», dice Zhao.

Encaja con otras líneas de investigación que buscan electrónica blanda compatible con el cuerpo, desde los transistores 3D de hidrogel que hablan el idioma de las células hasta la lámina de hidrogel inspirada en el pulpo que cambia de forma.

Mi lectura es que el avance importa más por lo que desbloquea que por lo que es. El cuello de botella de los wearables médicos no suele ser el sensor, sino el adhesivo: cuánto tiempo aguanta la piel debajo sin irritarse y cuánto dura la señal limpia. Un gel que respira ataca justo ese punto débil.

Lo que falta ahora es lo de siempre entre el laboratorio y la farmacia: pruebas con más personas, en pieles distintas y durante más tiempo, y un fabricante que lo produzca a escala y a buen precio. Hasta entonces, es una de las ideas más elegantes en materiales para la piel de los últimos tiempos, pendiente de demostrar que funciona fuera del MIT.

MIT propone “computar con calor”: un componente pasivo que convierte el calor residual en señal útil

Cada vez que un chip trabaja, una parte de la energía se convierte en calor residual. Es el típico “desperdicio” que obliga a diseñar disipadores, ventilación y estrategias para que el dispositivo no se estrangule por temperatura. Un equipo del MIT plantea una idea curiosa: si el calor es inevitable, quizá pueda aprovecharse como si fuera una pista, un patrón que “cuenta” algo sobre lo que está pasando dentro del sistema.

La propuesta llega en forma de prueba de concepto publicada el 29 de enero en Physical Review Applied y divulgada por Live Science: unas microestructuras de silicio capaces de dirigir cómo se propaga el calor sobre la superficie de un chip, con la intención de usar esas distribuciones térmicas como parte de un proceso de computación analógica. La clave está en que no se trata de añadir transistores ni circuitería activa; son componentes pasivos que “hacen su trabajo” solo por su geometría, igual que una rampa bien diseñada guía una pelota sin motor ni batería. Continúa leyendo «MIT propone “computar con calor”: un componente pasivo que convierte el calor residual en señal útil»

Un nuevo camino para controlar la glucosa sin pinchazos ni sensores invasivos

Controlar la glucosa en sangre es una tarea cotidiana para millones de personas con diabetes. A pesar de los avances en sensores subcutáneos que ofrecen mediciones continuas, muchos pacientes siguen dependiendo del clásico pinchazo en el dedo para obtener datos fiables. Sin embargo, una reciente investigación del MIT podría marcar un antes y un después en este ámbito.

Un equipo de ingenieros del MIT ha desarrollado una tecnología que permite medir los niveles de glucosa sin perforar la piel, utilizando espectroscopía Raman y luz infrarroja cercana. Este método promete evitar tanto los pinchazos dolorosos como los efectos secundarios de los sensores subcutáneos, como la irritación cutánea o la necesidad de reemplazo frecuente. Continúa leyendo «Un nuevo camino para controlar la glucosa sin pinchazos ni sensores invasivos»

Un microrrobot volador que se mueve como un insecto real

Un equipo de investigadores del MIT ha logrado un hito importante en el campo de la microrrobótica al presentar un robot volador del tamaño de un insecto capaz de realizar maniobras rápidas y complejas, similares a las de un abejorro. Esta nueva versión del microrrobot no solo mejora la velocidad y aceleración respecto a modelos anteriores, sino que también introduce una arquitectura de control basada en inteligencia artificial que permite movimientos acrobáticos con gran precisión.

La idea central es emular la agilidad de los insectos para operar en entornos donde los drones tradicionales fallan. Imaginemos una situación de rescate tras un terremoto: estos pequeños robots podrían moverse entre los escombros, llegando a lugares inalcanzables para otros dispositivos. Para ello, debían superar una barrera técnica importante: replicar el vuelo dinámico y veloz de un insecto con una máquina que apenas pesa más que un clip. Continúa leyendo «Un microrrobot volador que se mueve como un insecto real»

BoltzGen: la inteligencia artificial que diseña proteínas para tratar enfermedades complejas

La inteligencia artificial sigue encontrando caminos para integrarse en campos antes dominados exclusivamente por la ciencia experimental. Un reciente ejemplo es BoltzGen, un modelo generativo desarrollado por investigadores del MIT que podría cambiar la forma en que se crean medicamentos para enfermedades difíciles de tratar. Continúa leyendo «BoltzGen: la inteligencia artificial que diseña proteínas para tratar enfermedades complejas»

El «costo de pensar»: cuando la inteligencia artificial se parece al cerebro humano

A medida que los modelos de lenguaje han ido evolucionando, su capacidad para realizar tareas complejas ha crecido de forma notable. Desde escribir textos coherentes hasta resolver problemas matemáticos, su progreso ha sido vertiginoso. Pero una nueva investigación del Instituto McGovern para la Investigación Cerebral del MIT revela algo todavía más llamativo: los modelos de inteligencia artificial de razonamiento están empezando a pensar de manera sorprendentemente similar a los humanos.

El estudio, liderado por la investigadora Evelina Fedorenko, descubrió que tanto humanos como máquinas muestran un patrón parecido cuando se enfrentan a tareas difíciles. Cuanto más complejo es el problema, más tiempo necesita la persona para resolverlo, y del mismo modo, más «esfuerzo computacional» le cuesta al modelo de IA. Esta similitud no fue diseñada intencionalmente, lo que hace que el hallazgo sea aún más fascinante. Continúa leyendo «El «costo de pensar»: cuando la inteligencia artificial se parece al cerebro humano»

MIT impulsa soluciones energéticas para el auge de los centros de datos

El crecimiento explosivo de la inteligencia artificial está alimentando una demanda eléctrica sin precedentes. En Estados Unidos, los centros de datos ya representan un 4 % del consumo eléctrico nacional, y se estima que esa cifra se duplicará al 9 % para 2030. Esta situación no solo amenaza con tensionar las redes eléctricas, sino también con encarecer las tarifas para usuarios comunes.

Frente a este panorama, el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) ha decidido tomar cartas en el asunto con una iniciativa que reúne investigación académica y experiencia empresarial: el Data Center Power Forum, impulsado por el MIT Energy Initiative (MITEI). Continúa leyendo «MIT impulsa soluciones energéticas para el auge de los centros de datos»

Patrones atómicos ocultos que podrían transformar la fabricación de metales

Durante mucho tiempo se ha creído que los metales aleados, al ser sometidos a procesos industriales intensos como el estiramiento o el enfriamiento rápido, acababan con sus átomos completamente mezclados de forma aleatoria. Esta suposición ha guiado la manera en que se diseñan y fabrican los metales modernos. Pero un nuevo estudio liderado por investigadores del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) está rompiendo ese paradigma.

Lo que han descubierto es que, incluso después de procesos extremos, los átomos en ciertas aleaciones conservan patrones sutiles de organización, conocidos como orden de corto alcance químico (SRO). Y no solo eso: también emergen nuevos tipos de orden atómico, que no se habían identificado antes, y que aparecen únicamente como resultado de los procesos industriales. Esto cambia por completo la manera de entender el comportamiento de los metales a nivel microscópico. Continúa leyendo «Patrones atómicos ocultos que podrían transformar la fabricación de metales»

MIT presenta transistor magnético con memoria integrada y conmutación 10 veces más potente

Un equipo de ingenieros del MIT ha desarrollado un transistor magnético que promete cambiar las reglas del juego en el diseño de componentes electrónicos. A diferencia de los transistores tradicionales, que dependen del silicio como material base, este nuevo dispositivo utiliza un semiconductor magnético bidimensional: el bromuro de azufre y cromo (CrSBr).

Este material ofrece propiedades singulares que permiten conmutar entre dos estados magnéticos con gran precisión, lo cual no solo posibilita un control más eficiente de la corriente eléctrica, sino que también abre la puerta a una integración más estrecha entre procesamiento y almacenamiento de datos. Continúa leyendo «MIT presenta transistor magnético con memoria integrada y conmutación 10 veces más potente»

Un nuevo enrutador cuántico promete acelerar los ordenadores cuánticos

Los ordenadores cuánticos están cada vez más cerca de dejar de ser una promesa teórica para convertirse en herramientas prácticas capaces de resolver problemas que desbordan las capacidades de los ordenadores clásicos. Uno de los grandes desafíos ha sido siempre cómo gestionar el tráfico de información dentro de estos sistemas sin perder la coherencia cuántica. Aquí entra en juego el nuevo enrutador cuántico desarrollado con qubits superconductores, una tecnología que podría marcar un antes y un después en la eficiencia de los circuitos cuánticos. Continúa leyendo «Un nuevo enrutador cuántico promete acelerar los ordenadores cuánticos»