Fusión nuclear: por qué el “sol artificial” de China y la IA están cambiando el ritmo de esta carrera energética

La fusión nuclear es el proceso que mantiene encendidas a las estrellas: dos núcleos atómicos ligeros se unen para formar uno más pesado y, en ese “pegado”, liberan energía. La idea suena casi poética, pero es pura física. Parte de la masa “desaparece” y se convierte en energía, tal como describe la ecuación E=mc² atribuida a Einstein. A diferencia de la fisión nuclear (la tecnología de las centrales actuales, basada en partir núcleos pesados), la fusión busca hacer lo contrario: unir.

La promesa es tentadora para cualquier debate sobre transición energética: combustible muy abundante, emisiones directas prácticamente nulas en la generación y una densidad energética enorme. El Organismo Internacional de Energía Atómica (IAEA) lo resume con una comparación difícil de ignorar: por kilogramo de combustible, la fusión podría producir casi cuatro millones de veces más energía que el carbón o el petróleo. En términos cotidianos, es como pasar de calentar una casa con cerillas a hacerlo con un pequeño calentador que no se agota.

La receta más mencionada para una futura planta eléctrica es la mezcla de deuterio y tritio, dos isótopos del hidrógeno. El deuterio se puede obtener del agua; por eso aparecen analogías llamativas como la de que unos litros de agua de mar podrían equivaler, energéticamente, a enormes cantidades de gasolina. Es una forma de decirlo, no una invitación a llenar bidones de océano: el reto no es “tener combustible”, sino crear y mantener las condiciones extremas para que la reacción ocurra de manera controlada y útil. Continúa leyendo «Fusión nuclear: por qué el “sol artificial” de China y la IA están cambiando el ritmo de esta carrera energética»

El “sol artificial” de China supera el límite de Greenwald: qué cambia en la carrera por la fusión nuclear

El tokamak EAST, apodado “sol artificial”, ha demostrado que puede sostener plasma estable a densidades que van más allá de un umbral que durante décadas ha actuado como una barrera práctica para muchos diseños de reactores de fusión: el límite de Greenwald. Lo importante no es solo que el experimento haya cruzado esa frontera, sino que lo haya hecho manteniendo el plasma confinado sin que se vuelva incontrolable, que es el equivalente a mantener una llama muy viva sin que el fuego se convierta en incendio.

Los datos comunicados describen densidades del orden de 1,3 a 1,65 veces el límite, por encima del rango de operación típico del dispositivo. Esa subida de densidad suele ser tentadora en fusión nuclear porque aumenta la frecuencia de colisiones entre partículas, pero también suele disparar inestabilidades que apagan el proceso. Que el plasma se mantenga estable en ese “territorio prohibido” es lo que convierte el resultado en un avance relevante para la ingeniería de tokamaks, no solo en una cifra llamativa. Continúa leyendo «El “sol artificial” de China supera el límite de Greenwald: qué cambia en la carrera por la fusión nuclear»

Cómo la inteligencia artificial está acelerando el sueño de la energía de fusión nuclear

Imaginar un futuro donde la energía sea limpia, abundante y casi inagotable ha sido una constante en la ciencia. Hoy, ese futuro se empieza a construir en distintos rincones del mundo gracias al impulso de la fusión nuclear y el uso estratégico de la inteligencia artificial (IA). Uno de los ejemplos más ambiciosos es ITER, el reactor experimental más grande del planeta, que se levanta en Francia con la participación de más de 30 países. Pero no está solo: Estados Unidos, China, Alemania y otros actores también están avanzando con propuestas innovadoras.

Veamos cómo la tecnología está ayudando a superar uno de los mayores desafíos energéticos del siglo XXI. Continúa leyendo «Cómo la inteligencia artificial está acelerando el sueño de la energía de fusión nuclear»