Los ganglios linfáticos son como una comisaría con las luces encendidas toda la noche: concentran patrullas, cámaras y un flujo constante de información inmunitaria. Por eso desconcierta que algunas células tumorales no solo lleguen allí, sino que se instalen y prosperen. Si el sistema inmune tuviera un lugar donde debería detectar al intruso con facilidad, sería ese.
La explicación clásica se apoya en varios factores: tumores capaces de “apagarse” para pasar desapercibidos, microambientes que frenan a las defensas, señales químicas que desorientan a las células inmunes. Esa lista mental funciona, pero no cierra del todo el caso. Faltaba una pieza que conectara el “cómo entra” con el “cómo se mantiene” en un sitio repleto de células que, en teoría, podrían eliminarlo. Continúa leyendo «El tumor que se apropia de las “baterías” del sistema inmune: cómo el robo de mitocondrias puede facilitar la metástasis a ganglios linfáticos»