Imagínate abrir una caja antigua y encontrar dentro no solo huesos, sino pequeñas migas químicas de lo que ocurrió en vida. Algo así es lo que sugiere un trabajo reciente liderado por el antropólogo biológico Tim Bromage (Universidad de Nueva York) y recogido por la revista Science: restos fosilizados de animales de entre 1,3 y 3 millones de años conservan metabolitos, es decir, diminutos productos del metabolismo que el cuerpo genera al comer, crecer, estresarse o combatir infecciones. En su muestra aparece un elefante juvenil de la zona del lago Malawi, fechado en torno a 2,4 millones de años, con señales químicas compatibles con una dieta concreta y con un posible proceso infeccioso en el momento de morir.
La idea tiene algo de “biografía escrita con tinta invisible”. Durante décadas, los fósiles nos han hablado sobre forma, tamaño, locomoción o desgaste dental. Ahora, este enfoque plantea que también podrían contarnos qué se llevaba al estómago un animal, qué tipo de vegetación lo rodeaba e incluso si su sistema inmune estaba en alerta. Continúa leyendo «Paleometabolómica: la “huella química” que convierte los fósiles en diarios íntimos»

