Si apoyas la mano en una sartén caliente, no necesitas deliberar: la apartas antes de ser plenamente consciente del daño. Ese truco biológico no depende primero del cerebro, sino de un circuito rápido que convierte la señal de la piel en movimiento casi inmediato. En muchos robots humanoides, el proceso suele ser más torpe: el sensor detecta, la información viaja a una unidad central, se calcula la respuesta y, por fin, se envía la orden al motor. Ese pequeño “viaje burocrático” puede ser suficiente para que el contacto con una superficie caliente, un pellizco mecánico o un golpe termine en una avería.
Con la llegada de los humanoides a entornos menos controlados —hogares, hospitales, espacios de atención al público— el reto deja de ser solo ejecutar tareas programadas. También importa reaccionar con naturalidad, de forma segura, cuando algo sale mal. En ese contexto se enmarca una propuesta descrita por Phys.org y respaldada por un trabajo científico en Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS): una piel robótica capaz de detectar tacto, daño y algo parecido al dolor robótico, con reflejos locales que no dependen de esperar al “cerebro” del robot. Continúa leyendo «Una piel robótica que “duele”: así es el e-skin neuromórfico que da reflejos rápidos a los humanoides»