La huella energética de tus correos electrónicos y cómo reducirla

Seguro que más de una vez has reenviado ese meme del gato dramático o has contestado con un simple “¡recibido!” al trabajo. Yo también. Lo que casi nunca pensamos es que cada uno de esos correos electrónicos viaja por cables submarinos, se copia en varios datacenters y pide su sorbo de electricidad. Parece poca cosa, pero el planeta lo nota.

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