La IA se usa más en el trabajo, pero la confianza cae: por qué pasa y cómo pueden responder las empresas

Durante meses, muchas compañías han hablado de la inteligencia artificial como si fuera un atajo directo hacia equipos más rápidos y resultados mejores. En parte lo está siendo. El problema es que, en paralelo, se está instalando una sensación incómoda: la confianza en la IA baja incluso cuando su uso crece. Es como comprar un robot de cocina que promete cenas perfectas en 10 minutos y descubrir que, algunas noches, te deja la comida a medio hacer y te obliga a limpiar el doble.

Ese contraste aparece con claridad en un reportaje de ZDNET firmado por Erin Carson: la adopción de IA sube, pero la paciencia de los equipos se agota cuando la herramienta no cumple lo que el marketing sugiere. La consecuencia no es solo frustración; es una pérdida de fe que, con el tiempo, puede convertirse en rechazo silencioso: la gente “cumple” con usar IA, pero deja de confiar en ella para tareas importantes. Continúa leyendo «La IA se usa más en el trabajo, pero la confianza cae: por qué pasa y cómo pueden responder las empresas»

Comet y los agentes de IA en la vida real: qué revela el primer gran estudio de Perplexity

Durante años, hablar con un modelo de lenguaje se parecía a conversar con un bibliotecario muy rápido: te respondía, te explicaba, te sugería fuentes. Un agente de IA, en cambio, se parece más a un asistente que no solo te indica dónde está el libro, sino que va, lo saca, copia lo relevante, lo ordena y te lo deja listo en la mesa. Esa diferencia —pasar de responder a actuar— es el núcleo del estudio “The Adoption and Usage of AI Agents: Early Evidence from Perplexity”, firmado por Jeremy Yang (Harvard) y un equipo de Perplexity, y publicado en arXiv en diciembre de 2025.

El artículo propone una definición operativa: sistemas capaces de perseguir objetivos definidos por el usuario mediante planificación y acciones en múltiples pasos, con cierto nivel de autonomía, en entornos reales como la web. Para explicarlo sin jerga: si pedirle a un chatbot “recomiéndame un vuelo barato” es una consulta, pedirle a un agente “encuentra el mejor vuelo con estas condiciones y resérvalo” es un encargo.

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