Si alguna vez has hablado con alguien en un lugar ruidoso, sabes el truco instintivo: miras la boca para “rellenar” lo que el oído no capta. Esa costumbre revela algo importante: la sincronización labial no es un adorno, es una parte central de cómo interpretamos intención, emoción y hasta confianza. Por eso, cuando un robot… Continúa leyendo »
Un robot aprende a mover los labios mirando a humanos en YouTube y ensaya cómo “sonar” con la cara
Si alguna vez has hablado con alguien en un lugar ruidoso, sabes el truco instintivo: miras la boca para “rellenar” lo que el oído no capta. Esa costumbre revela algo importante: la sincronización labial no es un adorno, es una parte central de cómo interpretamos intención, emoción y hasta confianza. Por eso, cuando un robot humanoide mueve los labios tarde, exagera una mueca o “masca” el aire, lo notamos al instante. Un brazo torpe puede parecer simpático; una boca rara puede resultar inquietante. Esa sensibilidad alimenta el famoso valle inquietante, ese punto en el que algo casi humano provoca rechazo justo por no serlo del todo.
Durante años, muchas caras robóticas han dependido de reglas fijas: si suena tal fonema, el motor hace tal gesto. El resultado suele parecer una marioneta: correcto en teoría, extraño en la práctica. Lo interesante del nuevo trabajo es que cambia la lógica: en lugar de dictarle a la máquina cómo debe moverse, le permite aprenderlo observando, como un niño practicando frente al espejo. Continúa leyendo «Un robot aprende a mover los labios mirando a humanos en YouTube y ensaya cómo “sonar” con la cara»