La semana pasada, ByteDance lanzó Seedance 2.0, un generador de vídeo con IA que, en cuestión de días, se coló en la conversación pública por un clip viral en el que aparecían versiones creadas por ordenador de Tom Cruise y Brad Pitt peleando. El impacto no fue solo por lo verosímil del resultado, sino por… Continúa leyendo »
ByteDance promete reforzar los límites de Seedance 2.0 tras las quejas por vídeos virales con Cruise, Pitt y personajes de Disney
La semana pasada, ByteDance lanzó Seedance 2.0, un generador de vídeo con IA que, en cuestión de días, se coló en la conversación pública por un clip viral en el que aparecían versiones creadas por ordenador de Tom Cruise y Brad Pitt peleando. El impacto no fue solo por lo verosímil del resultado, sino por lo que sugiere: hoy cualquiera puede “montar una escena” con caras, gestos y estilos reconocibles, como si la identidad de una persona o la estética de una franquicia fueran piezas de LEGO.
Ese tipo de demostraciones tienen un doble filo. Por un lado, muestran el potencial creativo de la IA generativa en vídeo; por otro, encienden una alarma inmediata entre artistas, estudios y titulares de derechos, porque el salto desde la experimentación a la suplantación es corto. La diferencia entre un homenaje y una apropiación no siempre está en la calidad del vídeo, sino en el permiso. Continúa leyendo «ByteDance promete reforzar los límites de Seedance 2.0 tras las quejas por vídeos virales con Cruise, Pitt y personajes de Disney»