Tras un par de años en los que la inteligencia artificial se midió a golpe de demos espectaculares y promesas grandilocuentes, 2026 apunta a ser un cambio de tono: menos exhibición, más oficio. La conversación se está desplazando desde “¿cuánto puede hacer un modelo gigantesco?” hacia “¿cómo encaja esto en la vida real de una empresa, un equipo o un dispositivo?”. En un texto reciente, TechCrunch describía esta transición como el paso de la euforia a la practicidad, con foco en desplegar modelos más pequeños cuando tiene sentido, integrar IA en aparatos físicos y diseñar sistemas que se acoplen a los flujos de trabajo humanos.
La idea es sencilla de explicar con una metáfora doméstica: durante un tiempo la industria presumió de tener el motor más potente; ahora toca construir el coche, ponerle frenos, dirección, cinturón y, sobre todo, hacerlo cómodo para conducir a diario. Eso implica decisiones menos glamourosas: latencia, costes, mantenimiento, seguridad, integración con herramientas, calidad de datos, trazabilidad y responsabilidad. Continúa leyendo «2026: la IA deja los fuegos artificiales y se pone a trabajar»