La materia oscura es uno de esos ingredientes del cosmos que sabemos que está ahí porque “pesa”, aunque no la veamos. No emite luz, no la absorbe ni la refleja, y apenas interactúa con la materia común. Aun así, su huella gravitatoria ayuda a explicar cómo rotan las galaxias y cómo se agrupan las estructuras del universo. El problema es que, cuando intentamos atraparla con instrumentos tradicionales, se comporta como alguien que cruza una habitación a oscuras sin tocar los muebles: pasa, pero casi no deja rastro.
En los últimos años, la búsqueda se ha sofisticado con detectores cada vez más sensibles, diseñados para captar señales diminutas. El desafío se dispara cuando el candidato a materia oscura es extremadamente ligero, porque la señal esperada ya no se parece a un “golpe” puntual, sino a algo más difuso y sutil. Por eso ha llamado la atención una propuesta de investigadores de la Universidad de Tokio y la Universidad de Chuo: usar una red de sensores cuánticos como si fuera un único instrumento extendido en el espacio, capaz de inferir no solo que “algo” pasó, sino también a qué velocidad y desde qué dirección llegó. Continúa leyendo «Sensores cuánticos en red: cómo “escuchar” el viento de materia oscura ligera midiendo su velocidad»