Las salas blancas de la NASA son el equivalente espacial a un quirófano: se controla el aire, la humedad, el polvo y cualquier resto biológico con una disciplina casi obsesiva. La razón es sencilla y muy práctica. Si una bacteria terrestre se cuela en una sonda, podría viajar como polizón y llegar a otro planeta, confundiendo futuras búsquedas de vida o alterando un entorno que queremos estudiar tal cual es. Es como intentar analizar una escena sin contaminarla con tus propias huellas: la limpieza no es estética, es parte del método científico.
En este contexto, que se hayan detectado microbios capaces de sobrevivir a protocolos de esterilización tan estrictos no suena a “anécdota”, sino a una señal de que la naturaleza siempre encuentra rendijas, incluso en los lugares más hostiles diseñados por humanos. Continúa leyendo «Bacterias “a prueba de limpieza” en las salas blancas de la NASA: qué se sabe y por qué importa para Marte»