La IA generativa ha acelerado la producción de textos, ideas y borradores a una velocidad que hace pocos años parecía ciencia ficción. El problema es que, en comunicación corporativa, “rápido” no siempre significa “listo”. Muchas organizaciones han vivido la misma escena: alguien crea una propuesta con ayuda de un asistente, la narrativa es buena, pero el resultado visual parece una habitación montada con muebles de distintas casas. Tipografías que no son las de la empresa, colores que no encajan, portadas con un estilo que no se repite en el resto de diapositivas. Lo que se ahorra al generar el primer borrador se termina pagando en una segunda fase de “arreglarlo para que parezca nuestro”.
La coherencia de marca es ese hilo invisible que hace que un documento parezca profesional incluso antes de leerlo. Cuando falta, el mensaje pierde credibilidad. Un pitch para inversores con una paleta que no corresponde o una presentación comercial con títulos desalineados transmite improvisación, aunque los datos sean sólidos. El reto, por tanto, no era solo generar contenido: era generar contenido que naciera ya con identidad visual. Continúa leyendo «Canva y Claude se entienden mejor: diseños con identidad de marca desde el chat»