La presencia de la inteligencia artificial generativa en aplicaciones cotidianas ha cambiado la forma en que muchas personas se relacionan con la tecnología. Lo que comenzó como asistentes para responder preguntas o automatizar tareas ha evolucionado hacia sistemas que conversan, recuerdan, validan emociones y simulan compañía. Este giro ha abierto la puerta a vínculos emocionales profundos entre humanos y agentes algorítmicos, un terreno que ya no pertenece a la ciencia ficción, sino a la vida diaria de millones de usuarios.
Desde la psicología social se explica parte de este fenómeno por la tendencia humana a proyectar intenciones y sentimientos en cualquier entidad que muestre señales sociales reconocibles. Investigaciones clásicas como las de Joseph Weizenbaum con ELIZA ya advertían de esta inclinación. La diferencia actual es que los modelos de lenguaje modernos generan respuestas flexibles, contextuales y emocionalmente afinadas, lo que intensifica la sensación de estar ante alguien que “entiende”. Continúa leyendo «Antropomorfismo en la era algorítmica: cuando la inteligencia artificial se convierte en vínculo emocional»