2025 MN45, el asteroide gigante que gira más rápido que un centrifugado

Un objeto de 710 metros de diámetro —casi medio kilómetro— no suele pasar desapercibido, pero este lo ha hecho por un motivo poco habitual: su rotación. El asteroide bautizado como 2025 MN45 completa una vuelta sobre sí mismo en menos de dos minutos, un ritmo que lo convierte en el asteroide de más de 500 metros que gira más rápido detectado hasta ahora. La noticia la difundió Scientific American a partir de resultados presentados en la reunión anual de la American Astronomical Society y publicados en Astrophysical Journal Letters.

Para imaginarlo, piensa en una noria de feria del tamaño de una montaña pequeña. Si la haces girar tan rápido como una batidora, lo normal sería que algo cediera: tornillos, estructura, uniones. En el espacio, la física es igual de estricta. Que un cuerpo tan grande soporte esa velocidad dice mucho sobre su “arquitectura” interna. Continúa leyendo «2025 MN45, el asteroide gigante que gira más rápido que un centrifugado»

Webb detecta en Sextans A un “polvo” cósmico inesperado que recuerda al universo primitivo

El telescopio espacial James Webb de NASA ha vuelto a jugar a detective del cosmos en un lugar que, por su tamaño y composición, funciona como una máquina del tiempo razonable: la galaxia enana Sextans A, situada a unos 4 millones de años luz. No es la distancia lo que la hace especial, sino su “pobreza” química. En astronomía, cuando se habla de metalicidad se engloba todo lo que no es hidrógeno ni helio; es decir, los elementos más pesados que se fabrican dentro de las estrellas y se dispersan cuando estas envejecen o explotan. Sextans A conserva solo una pequeña fracción de esos elementos, en torno al 3–7% de lo que tiene el Sol.

Esa escasez convierte a Sextans A en un análogo útil de las primeras galaxias. Poco después del Big Bang, el universo era casi todo hidrógeno y helio, y la “despensa” de elementos pesados tardó en llenarse. Estudiar una galaxia actual con tan baja metalicidad permite observar procesos que, en el universo temprano, debieron de ocurrir con ingredientes limitados. La propia NASA y el Space Telescope Science Institute (STScI) lo describen como una oportunidad rara: ver estrellas individuales y nubes interestelares trabajando con una química parecida a la de aquella época. Continúa leyendo «Webb detecta en Sextans A un “polvo” cósmico inesperado que recuerda al universo primitivo»

Un “bebé” de cúmulo de galaxias demasiado caliente: la pista que incomoda a los modelos del universo temprano

Cuando los astrónomos hablan de cúmulos de galaxias, suelen imaginar estructuras que tardan miles de millones de años en asentarse: grandes “ciudades cósmicas” donde cientos o miles de galaxias comparten vecindario, flotando en un océano de gas caliente y dominadas por la gravedad de la materia oscura. Por eso ha llamado tanto la atención el hallazgo de un cúmulo “infante” que ya aparece con el motor a máxima potencia cuando el universo todavía era muy joven.

Un equipo de la University of British Columbia (UBC) y Dalhousie University ha identificado un cúmulo apodado SPT2349-56 en una época muy temprana, cuando el cosmos tenía solo unos 1.400 millones de años. Lo desconcertante no es solo que exista tan pronto, sino que el gas asociado al cúmulo está muchísimo más caliente de lo que predicen los modelos habituales, al menos cinco veces por encima de lo esperado. El trabajo se ha publicado en Nature, y el dato clave funciona como una alarma de humo: no te dice exactamente dónde está el fuego, pero sí que algo no encaja con el guion estándar. Continúa leyendo «Un “bebé” de cúmulo de galaxias demasiado caliente: la pista que incomoda a los modelos del universo temprano»

Cloud-9: la nube sin estrellas con la que Hubble pone a prueba la materia oscura

Cuando pensamos en descubrimientos astronómicos, solemos imaginar imágenes llenas de estrellas brillantes o galaxias espectaculares. Cloud-9 va justo por el camino contrario: lo importante es lo que no aparece. Un equipo que ha observado este objeto con el telescopio espacial Hubble ha confirmado que se trata de una nube rica en gas, dominada por materia oscura, y sin rastro de población estelar propia. Ese “vacío” es, precisamente, la pista que los astrónomos llevaban años buscando para apoyar una idea teórica sobre cómo se construyeron las galaxias más pequeñas (y cómo muchas pudieron quedarse a medio hacer).

Cloud-9 está a unos 14 millones de años luz de la Tierra, en el vecindario de la galaxia espiral Messier 94 (M94). A simple vista, el campo que rodea la zona parece un fondo con galaxias lejanas y algún punto brillante cercano. En la región donde los radiotelescopios detectan el gas, Hubble buscó estrellas con una sensibilidad que desde tierra no se alcanza… y no encontró ninguna. Continúa leyendo «Cloud-9: la nube sin estrellas con la que Hubble pone a prueba la materia oscura»

GRB 250702B: el estallido de rayos gamma que duró siete horas y descolocó a la astronomía

Los estallidos de rayos gamma (GRB, por sus siglas en inglés) suelen comportarse como un fogonazo: aparecen, golpean fuerte y se apagan rápido. Por eso, cuando el evento bautizado como GRB 250702B mantuvo actividad durante casi siete horas, el desconcierto fue inmediato. No se trató de una “llamarada larga” sin más, sino de una secuencia con episodios repetidos que estiró el fenómeno mucho más allá de lo habitual, hasta el punto de forzar a los equipos a replantearse qué tipo de motor cósmico puede sostener una emisión así.

El aviso inicial llegó el 2 de julio de 2025, cuando instrumentos espaciales detectaron la señal de alta energía. A partir de ahí, se activó el protocolo habitual de la comunidad: correr contrarreloj para capturar el posresplandor (afterglow), esa estela de luz que queda cuando el estallido principal se va apagando. La diferencia es que esta vez el “incendio” no se apagaba, y el margen para observar no fue de minutos, sino de horas. Continúa leyendo «GRB 250702B: el estallido de rayos gamma que duró siete horas y descolocó a la astronomía»

El “planeta errante” al que han logrado ponerle masa: una báscula cósmica hecha con Tierra y Gaia

Casi todo lo que llamamos “planeta” vive atado a una estrella, como un carrusel alrededor de un foco central. Por eso llaman tanto la atención los planetas errantes (o planetas libres): mundos que viajan solos por la Vía Láctea, sin un sol propio al que rendirle cuentas. No es que sean invisibles, es que son discretísimos. Sin una estrella cerca que los ilumine, apenas emiten luz, y a distancias galácticas se vuelven, para nuestros telescopios, como una piedra negra flotando en una habitación a oscuras.

Aun así, los astrónomos llevan años reuniendo pistas de que existen y de que no son una rareza anecdótica. La diferencia ahora es que, por primera vez en este caso concreto, han conseguido algo que suena sencillo y en realidad es endiabladamente difícil: medir su masa y su distancia con precisión razonable. El trabajo, liderado por Subo Dong y colaboradores y publicado en Science, parte de un evento observado de forma simultánea desde la Tierra y desde el espacio gracias al telescopio Gaia. La noticia la difundió la AAAS a través de ScienceDaily. Continúa leyendo «El “planeta errante” al que han logrado ponerle masa: una báscula cósmica hecha con Tierra y Gaia»

El James Webb detecta indicios sólidos de atmósfera en una super-Tierra “imposible”: el caso de TOI-561 b

Hay exoplanetas que se comportan como una sartén al rojo vivo: cuanto más cerca están del fuego, más difícil es que conserven nada “delicado” en la superficie. TOI-561 b encaja en ese perfil extremo. Es una super-Tierra (un planeta rocoso más grande o masivo que la Tierra) que completa una vuelta a su estrella en apenas 10,56 horas, lo que equivale a un “año” que cabe en media jornada. Su órbita es tan ajustada que se mueve a una distancia diminuta comparada con la de Mercurio al Sol, y eso dispara la radiación recibida.

Lo llamativo no es solo el calor, sino la edad del sistema. La estrella anfitriona se describe como muy antigua, de alrededor de 10.000 millones de años, dentro de una población vieja de la Vía Láctea asociada al disco grueso. En un escenario así, el manual clásico diría que un planeta pequeño y tan irradiado habría perdido su envoltura gaseosa hace muchísimo tiempo. Continúa leyendo «El James Webb detecta indicios sólidos de atmósfera en una super-Tierra “imposible”: el caso de TOI-561 b»

Starlink quiere hacer sitio en el “carril rápido” del espacio: bajará miles de satélites para reducir choques

Mover un satélite no es como cambiar un coche de plaza en un aparcamiento. En el espacio, cada ajuste implica cálculos finos, consumo de combustible y coordinación con una coreografía orbital que no perdona despistes. Por eso llama la atención el anuncio de Starlink de que reducirá la altitud de una parte enorme de su red: alrededor de 4.400 satélites bajarán desde unos 550 kilómetros de altura a unos 480 kilómetros, según explicó Michael Nicolls, vicepresidente de ingeniería de Starlink, en una publicación en X recogida por Engadget y atribuida a información de Reuters.

La medida suena simple —“bajarlos un poco”—, pero tiene implicaciones prácticas para la seguridad espacial y para el modo en que se gestiona el tráfico en la órbita baja terrestre. Si imaginamos la órbita como una autopista alrededor del planeta, Starlink está proponiendo cambiar de carril para circular por una zona menos congestionada y, al mismo tiempo, facilitar una “salida de emergencia” más rápida si algo falla. Continúa leyendo «Starlink quiere hacer sitio en el “carril rápido” del espacio: bajará miles de satélites para reducir choques»

Bacterias “a prueba de limpieza” en las salas blancas de la NASA: qué se sabe y por qué importa para Marte

Las salas blancas de la NASA son el equivalente espacial a un quirófano: se controla el aire, la humedad, el polvo y cualquier resto biológico con una disciplina casi obsesiva. La razón es sencilla y muy práctica. Si una bacteria terrestre se cuela en una sonda, podría viajar como polizón y llegar a otro planeta, confundiendo futuras búsquedas de vida o alterando un entorno que queremos estudiar tal cual es. Es como intentar analizar una escena sin contaminarla con tus propias huellas: la limpieza no es estética, es parte del método científico.

En este contexto, que se hayan detectado microbios capaces de sobrevivir a protocolos de esterilización tan estrictos no suena a “anécdota”, sino a una señal de que la naturaleza siempre encuentra rendijas, incluso en los lugares más hostiles diseñados por humanos. Continúa leyendo «Bacterias “a prueba de limpieza” en las salas blancas de la NASA: qué se sabe y por qué importa para Marte»

Urano y Neptuno podrían ser más “rocosos” de lo que pensábamos: el modelo que pone en duda a los gigantes helados

Durante décadas, Urano y Neptuno han llevado la etiqueta de gigantes helados casi por inercia: planetas grandes, lejanos, fríos y con interiores donde el agua y otros compuestos volátiles deberían estar en forma de “hielo” comprimido. El problema es que ese nombre suena más preciso de lo que realmente es. Un estudio publicado el 10 de diciembre en Astronomy & Astrophysics propone que sus interiores podrían contener bastante más roca de lo que suele asumirse, algo que abre la puerta a describirlos, en ciertos escenarios, como gigantes rocosos.

La idea no es que Urano y Neptuno sean “bolas de piedra” como la Tierra, sino que la proporción entre roca y agua en sus capas profundas podría estar más inclinada hacia materiales rocosos de lo que se ha popularizado. Esa matización importa porque, en planetología, el nombre condiciona las preguntas que hacemos: si damos por hecho que el “hielo” domina, buscamos explicaciones y modelos que encajen con esa premisa. Continúa leyendo «Urano y Neptuno podrían ser más “rocosos” de lo que pensábamos: el modelo que pone en duda a los gigantes helados»