NASA y el Webb afinan el “mapa invisible” del cosmos: nuevas pistas sobre cómo la materia oscura moldea el universo

La materia oscura tiene fama de fantasma cósmico: no emite luz, no la refleja, no la absorbe y tampoco la bloquea. Si fuera un objeto cotidiano, sería como el aire en una habitación: no lo ves, pero su presencia se delata por lo que mueve y por cómo cambia el entorno. En el universo, ese “aire” se manifiesta con gravedad, y esa gravedad deja huellas medibles. Con datos del telescopio espacial James Webb (JWST), un equipo liderado por la astrofísica Diana Scognamiglio, del Jet Propulsion Laboratory (JPL) de la NASA, ha producido uno de los mapas de materia oscura más detallados y nítidos logrados hasta ahora, publicado en Nature Astronomy.

La idea central es potente por sencilla: si no puedes fotografiar directamente una sustancia, observa cómo deforma el escenario. El equipo ha reconstruido la distribución de materia oscura como una especie de “andamiaje” que sostiene y guía a la materia ordinaria: gas, polvo, estrellas y galaxias. Según describen, la nueva cartografía gana nitidez respecto a mapas anteriores: no es solo un “más de lo mismo”, sino un salto en resolución que permite ver grumos y filamentos con mayor claridad, como pasar de una imagen desenfocada a otra donde los bordes y las texturas por fin encajan. Continúa leyendo «NASA y el Webb afinan el “mapa invisible” del cosmos: nuevas pistas sobre cómo la materia oscura moldea el universo»

Virus en microgravedad: lo que la Estación Espacial Internacional está enseñando sobre la terapia con fagos

En el laboratorio solemos imaginar la infección como una partida de ajedrez: el virus mueve, la bacteria responde, el virus se adapta, la bacteria contraataca. Ese pulso evolutivo existe en la Tierra, pero un equipo científico se llevó la partida a un tablero distinto: la microgravedad de la Estación Espacial Internacional. Lo que observaron es una versión alterada de esa pelea, con ritmos, reglas y atajos genéticos que no son los habituales en un matraz terrestre. El trabajo se centró en un dúo muy conocido por la biología molecular: el fago T7 y su huésped, E. coli. Continúa leyendo «Virus en microgravedad: lo que la Estación Espacial Internacional está enseñando sobre la terapia con fagos»

James Webb observa a WASP-121b “desangrándose”: dos colas gigantes de helio dibujan su fuga atmosférica

Hay exoplanetas que se comportan como una olla a presión sin tapa. WASP-121b es uno de ellos: un gigante gaseoso que orbita tan cerca de su estrella que su atmósfera se calienta a miles de grados. Con ese nivel de energía, las capas altas se vuelven ligeras y “se hinchan”, y parte del gas termina escapando al espacio. No es una metáfora gratuita; es física gravitatoria básica: cuando las partículas se mueven lo bastante rápido, dejan de estar “atadas” al planeta.

En los últimos años se ha hablado mucho de la pérdida atmosférica como una fuerza silenciosa que, con paciencia geológica, puede remodelar mundos enteros. Lo interesante aquí no es solo que WASP-121b esté perdiendo gas, sino que ahora se ha podido seguir el proceso con una continuidad poco habitual, como si en vez de ver una foto borrosa viéramos el vídeo completo. Continúa leyendo «James Webb observa a WASP-121b “desangrándose”: dos colas gigantes de helio dibujan su fuga atmosférica»

El “ornitorrinco” del cosmos: Webb detecta galaxias diminutas que no encajan en ninguna categoría

En astronomía, encontrar algo extraño no siempre exige apuntar el telescopio a un lugar nuevo; a veces basta con volver a mirar con otros ojos lo que ya está guardado. Eso es lo que hizo un equipo de la Universidad de Misuri al bucear en campos extragalácticos observados por el James Webb Space Telescope (JWST) y detectar nueve fuentes tan peculiares que, según su investigador principal, Haojing Yan, recuerdan al animal que desconcertó a los biólogos durante décadas: el ornitorrinco. La comparación no es un guiño simpático sin más; sirve para describir un “combo” de rasgos que, en teoría, no deberían convivir.

Estas fuentes aparecen como puntos de luz extremadamente compactos, casi como si fueran una estrella lejana o un núcleo activo brillante. El problema es que, cuando el equipo mira su “firma” física en detalle, no encajan ni en una cosa ni en la otra. Yan presentó estos resultados en una rueda de prensa durante la 247.ª reunión de la American Astronomical Society (AAS) celebrada en Phoenix. Continúa leyendo «El “ornitorrinco” del cosmos: Webb detecta galaxias diminutas que no encajan en ninguna categoría»

La Estación Espacial Internacional en 2025: microgravedad, medicina y un pie más cerca de la Luna

Mientras la Tierra completaba su órbita para cerrar 2025, la Estación Espacial Internacional (ISS) dio más de 5.800 vueltas alrededor del planeta. Dicho así parece un dato curioso, pero es mucho más que una cifra: significa que, cada 90 minutos, un laboratorio del tamaño de un campo de fútbol está “reiniciando” su posición respecto a la Tierra, el Sol y el entorno espacial. Ese movimiento constante, combinado con la microgravedad, permite hacer ciencia de un modo que en la superficie es casi imposible, como si intentáramos hornear un bizcocho sin que la masa “se caiga” nunca hacia un lado.

Según la propia NASA, solo en 2025 se apoyaron más de 750 experimentos, con objetivos que van desde preparar misiones de exploración hasta mejorar la vida en la Tierra y abrir oportunidades comerciales en órbita baja. Es el tipo de investigación que necesita tanto un entorno extremo como manos humanas cerca: ni un satélite automático ni un laboratorio terrestre pueden replicar exactamente esa mezcla de condiciones, tiempo de exposición y capacidad de intervención en vivo. Continúa leyendo «La Estación Espacial Internacional en 2025: microgravedad, medicina y un pie más cerca de la Luna»

La mayor tormenta de radiación solar en más de 20 años vuelve a poner a prueba satélites, vuelos y astronautas

La Tierra está recibiendo estos días un “chaparrón” de partículas cargadas procedentes del Sol, como si nuestro planeta hubiera abierto el paraguas en mitad de una granizada invisible. Según el Space Weather Prediction Center (SWPC) de la NOAA, se ha activado una tormenta de radiación solar clasificada como S4 (severa) en una escala de cinco niveles. En palabras del propio SWPC, se trata del episodio más intenso de este tipo que alcanza la Tierra desde 2003, un dato que lo coloca en una liga poco frecuente por pura estadística y por sus posibles efectos prácticos.

El aviso no es un simple “parte meteorológico espacial” para curiosos: cuando una tormenta de radiación solar llega a valores S4, la preocupación se centra en la exposición a radiación en ciertas altitudes, el comportamiento de satélites y la coordinación de operaciones sensibles como lanzamientos espaciales. La información publicada por Gizmodo recoge que las partículas rápidas alcanzaron la Tierra el lunes, y que la situación seguía en seguimiento activo por parte de NOAA SWPC, con potencial de impacto en operaciones satelitales, lanzamientos espaciales y aviación. Continúa leyendo «La mayor tormenta de radiación solar en más de 20 años vuelve a poner a prueba satélites, vuelos y astronautas»

Pandora: el pequeño telescopio de la NASA que ayuda al James Webb a evitar “falsos positivos” al buscar atmósferas en exoplanetas

El James Webb Space Telescope se ha convertido en la referencia para estudiar exoplanetas con un nivel de detalle que hace una década habría sonado a ciencia ficción. Su espejo dorado y su enorme sensibilidad permiten analizar cómo cambia la luz de una estrella cuando un planeta pasa por delante. Ese pequeño “mordisco” de luz, filtrado por la atmósfera del planeta, puede descomponerse como si fuera un arcoíris y revelar pistas sobre moléculas como vapor de agua, dióxido de carbono o metano. En términos cotidianos, es como oler una sopa sin verla: por el aroma intuyes qué ingredientes hay dentro.

El problema es que, cuando se busca una señal tan sutil, cualquier distracción importa. Y en astronomía, la mayor distracción suele ser la propia estrella. La ambición científica del Webb es enorme, pero su agenda también: cada hora de observación es oro. Por eso la NASA ha impulsado una misión complementaria, más modesta en tamaño y coste, con un objetivo muy específico: ayudar a separar lo que viene del planeta de lo que, en realidad, es “ruido” de la estrella. Esa misión se llama Pandora. Continúa leyendo «Pandora: el pequeño telescopio de la NASA que ayuda al James Webb a evitar “falsos positivos” al buscar atmósferas en exoplanetas»

De 12.000 millones de “pings” a 100 candidatos: el nuevo capítulo de SETI@home y la caza de señales de radio con FAST

Hubo una época en la que un ordenador doméstico podía convertirse, sin hacer ruido, en parte de un experimento astronómico global. SETI@home funcionaba así: instalabas un programa, lo dejabas trabajar en segundo plano y tu PC se sumaba a una red de voluntarios que analizaba datos de radiotelescopios en busca de patrones raros. La promesa era tan sencilla como irresistible: ayudar a rastrear indicios de vida inteligente fuera de la Tierra sin salir de casa.

El corazón del proyecto latió entre 1999 y 2020, con millones de participantes repartidos por todo el mundo. Su materia prima fueron observaciones históricas del radiotelescopio de Arecibo, registradas durante años de trabajo científico. Arecibo ya no opera, pero sus datos siguen siendo una mina: como encontrar cajas de cintas antiguas en un trastero y descubrir que dentro hay horas y horas de música por clasificar, con la diferencia de que aquí la “música” son señales de radio del cosmos. Continúa leyendo «De 12.000 millones de “pings” a 100 candidatos: el nuevo capítulo de SETI@home y la caza de señales de radio con FAST»

Partículas de la atmósfera terrestre en el suelo lunar: el hallazgo que reabre la idea de “fabricar aire” en la Luna

Pensar en vivir en la Luna suena a postal de ciencia ficción, pero en cuanto uno baja la idea a lo práctico aparece un problema tan básico como implacable: allí no hay aire respirable. La Luna tiene una exosfera tan tenue que, a efectos cotidianos, es como estar en el vacío. Sin una forma de generar y mantener una atmósfera dentro de hábitats sellados, hablar de asentamientos permanentes es como planear una acampada sin tienda y sin abrigo.

Por eso, durante años, el debate sobre la colonización lunar ha tenido un supuesto de fondo: si queremos producir gases útiles para respirar o para procesos industriales, tendríamos que llevar desde la Tierra los ingredientes iniciales. Y “llevar aire” no es transportar una bombona y listo; es mover masa, infraestructura, energía y dinero a una escala poco amable con los presupuestos y con la física.

Aquí entra un giro interesante: un estudio reciente sugiere que la naturaleza podría haber estado “haciendo envíos” durante miles de millones de años, dejando en la superficie lunar pequeñas cantidades de elementos procedentes de la atmósfera terrestre. Continúa leyendo «Partículas de la atmósfera terrestre en el suelo lunar: el hallazgo que reabre la idea de “fabricar aire” en la Luna»

26 nuevas bacterias en las salas limpias de la NASA: por qué el hallazgo obliga a “parar y revisar todo”

Las salas limpias de la NASA suelen describirse como algunos de los lugares más controlados del planeta. No es una exageración: su misión es impedir que microorganismos terrestres se cuelen en una nave espacial como polizones invisibles. Si una sonda viaja a otro mundo con bacterias pegadas en una esquina, el problema no es solo “ensuciar” un destino lejano; es contaminar pruebas científicas futuras y complicar la gran pregunta de la astrobiología: si existe vida fuera de la Tierra.

La imagen mental útil es la de una cocina impecable antes de preparar un plato para alguien con alergias graves. No basta con que “se vea limpio”. Hay que reducir al mínimo lo que no se ve: polvo, esporas, células, restos microscópicos. En una sala limpia, ese cuidado se multiplica con filtros, controles de humedad, productos químicos y luz ultravioleta, todo pensado para que la vida microbiana lo tenga dificilísimo. Continúa leyendo «26 nuevas bacterias en las salas limpias de la NASA: por qué el hallazgo obliga a “parar y revisar todo”»