Leer lo “intocable”: así se descifran los qubits de Majorana con una sonda global

En la carrera por la computación cuántica, una de las grandes promesas es construir qubits que no se desmoronen a la mínima interferencia. En los qubits más comunes, la información cuántica suele estar “concentrada” en un lugar del chip, como si guardáramos un secreto en un solo cajón. El problema es que el entorno siempre encuentra la forma de meter ruido: vibraciones, fluctuaciones eléctricas, imperfecciones del material. Esa fragilidad se traduce en decoherencia, el momento en que el qubit deja de comportarse como un sistema cuántico útil.

Los llamados qubits topológicos buscan una estrategia distinta: no intentar que el cajón sea perfecto, sino repartir el secreto en dos cajas separadas que, en conjunto, guardan la clave. En este enfoque aparecen los modos cero de Majorana, pares de estados cuánticos que, cuando se generan en ciertas condiciones, permiten almacenar información de forma distribuida. La idea suena casi doméstica: si divides una contraseña en dos mitades y las guardas en sitios distintos, un accidente local no debería arruinarlo todo. Continúa leyendo «Leer lo “intocable”: así se descifran los qubits de Majorana con una sonda global»

Un refrigerador cuántico que se alimenta de ruido: así intenta Chalmers enfriar el calor que nace dentro del chip

Si un ordenador cuántico superconductivo fuese una orquesta, los qubits superconductores serían instrumentos tan delicados que solo afinan cuando la sala está casi congelada. No es una exageración: estos procesadores necesitan operar cerca del cero absoluto, alrededor de −273 °C. A esas temperaturas la resistencia eléctrica desaparece y los circuitos superconductores pueden sostener estados cuánticos frágiles, que son la base del cálculo cuántico.

El problema es que esa “sala de conciertos” no solo debe estar fría: debe ser estable, silenciosa y predecible. Un pequeño aumento de temperatura, una señal electromagnética indeseada o el ruido ambiental del propio sistema pueden actuar como alguien que abre una puerta en pleno concierto: el estado cuántico se desordena y la información se degrada. Mantener esa delicadeza mientras se construyen máquinas más grandes es una de las barreras prácticas más serias de la computación cuántica. Continúa leyendo «Un refrigerador cuántico que se alimenta de ruido: así intenta Chalmers enfriar el calor que nace dentro del chip»

Cómo han conseguido “leer” un cúbit de Majorana sin romper su protección

Uno de los grandes quebraderos de cabeza de la computación cuántica es que los cúbits suelen ser tan delicados como una pompa de jabón: mirarlos “demasiado fuerte” (medirlos) los altera. Por eso, desde hace años hay tanto interés en los cúbits topológicos, una familia de cúbits que prometen aguantar mejor el ruido del entorno. El problema es que esa misma “coraza” que los hace atractivos también los vuelve difíciles de inspeccionar.

Un trabajo publicado en Nature el 11 de febrero de 2026 (DOI: 10.1038/s41586-025-09927-7) propone una salida muy concreta a ese dilema: un modo de extraer la información de un cúbit de Majorana usando una señal global del sistema llamada capacitancia cuántica. En paralelo, el CSIC (a través del Instituto de Ciencia de Materiales de Madrid, ICMM) ha explicado el alcance de la idea y por qué puede ser un paso clave para operar estos cúbits en el tiempo, no solo ver “huellas” indirectas. Continúa leyendo «Cómo han conseguido “leer” un cúbit de Majorana sin romper su protección»

Un cambio mínimo en la receta del FeTeSe acerca los superconductores topológicos a la computación cuántica práctica

La promesa de la computación cuántica no es tener un ordenador “más rápido” para todo, sino uno capaz de abordar ciertos problemas que a los sistemas clásicos se les atragantan porque el número de combinaciones crece como una bola de nieve cuesta abajo. Simular moléculas complejas con fidelidad química o poner a prueba algunos esquemas de criptografía son ejemplos típicos: incluso con supercomputadores, llega un punto en el que el cálculo se vuelve inmanejable.

El problema es que esa potencia cuántica es frágil. Los estados cuánticos se comportan como una pompa de jabón: útiles y bellos, pero se rompen con cualquier vibración, calor residual o ruido electromagnético. Por eso el gran objetivo industrial no es solo “hacer qubits”, sino hacerlos con tasas de error lo bastante bajas como para que la corrección de errores no se coma todo el avance. En ese tablero de ajedrez, los materiales importan tanto como la electrónica o el software. Continúa leyendo «Un cambio mínimo en la receta del FeTeSe acerca los superconductores topológicos a la computación cuántica práctica»

Cirugía de retículas: el “truco” que permite calcular sin soltar la mano del corrector de errores cuántico

Un ordenador cuántico promete acelerar ciertos cálculos que hoy son lentísimos, pero sus piezas básicas, los qubits, son delicadas como una pompa de jabón. Basta una interacción mínima con el entorno para que aparezca la decoherencia, ese ruido que empuja al sistema a comportarse “menos cuántico” y más clásico. En la práctica, esa fragilidad se traduce en errores que llegan en momentos inoportunos y sin avisar, como si mientras escribes un documento alguien pulsara teclas al azar.

Los investigadores suelen describir dos fallos típicos. El primero es el bit flip, cuando un qubit cambia inesperadamente de 0 a 1 o de 1 a 0. El segundo es el phase flip, más sutil: no altera el “valor” directamente, sino el signo o fase de una superposición, algo así como si una melodía siguiera teniendo las mismas notas, pero de repente una parte sonara invertida y desacompasada. En un cálculo cuántico real, un solo error en el momento equivocado puede desviar el resultado. Continúa leyendo «Cirugía de retículas: el “truco” que permite calcular sin soltar la mano del corrector de errores cuántico»

RHIC se despide tras 25 años de choques subatómicos y deja listo el camino para el Electron-Ion Collider

A las 9 de la mañana del 6 de febrero de 2026, en Brookhaven National Laboratory (Long Island, Nueva York), dos haces de núcleos de oxígeno dieron sus últimas vueltas por los anillos gemelos del Relativistic Heavy Ion Collider (RHIC) antes de colisionar casi a la velocidad de la luz dentro de sus detectores principales, STAR y sPHENIX. Con ese choque final, el acelerador puso punto final a una etapa que comenzó en el verano de 2000 y que ha marcado un antes y un después en la física nuclear y en la forma de estudiar la materia a escalas extremas, según explica el propio laboratorio en su comunicado.

La escena tuvo algo de ceremonia de cierre de fábrica… solo que aquí la “fábrica” no producía tornillos, sino pistas sobre lo que ocurrió justo después del Big Bang. Darío Gil, subsecretario de Ciencia del Departamento de Energía de Estados Unidos (DOE), estuvo en la sala de control para dar oficialmente por concluida la era operativa de RHIC y para subrayar su papel como una de las instalaciones de usuario más exitosas del DOE Office of Science. La idea de “instalación de usuario” es importante: RHIC no era un proyecto de un solo equipo, sino una infraestructura que ha servido a miles de científicos de todo el mundo. Continúa leyendo «RHIC se despide tras 25 años de choques subatómicos y deja listo el camino para el Electron-Ion Collider»

La tecnología cuántica entra en su “momento transistor”

Hay una imagen que ayuda a entender el punto en el que está hoy la tecnología cuántica: estamos como cuando la electrónica clásica dejó de ser un puzle de laboratorio y empezó a convertirse en industria, justo antes de que el transistor se transformara en el ladrillo universal de todo lo que vino después. No significa que mañana vayamos a tener ordenadores cuánticos en el bolsillo, pero sí que ya existen sistemas funcionales, con usos tempranos reales, y que el gran reto se ha desplazado a algo muy terrenal: ingeniería, fabricación y escalado.

Esa es la tesis central de un artículo publicado en la revista Science y difundido por University of Chicago: el campo ha cruzado el umbral del “esto funciona” y ahora se enfrenta a la fase difícil del “esto funciona a gran escala, de forma fiable y rentable”. En el trabajo participan investigadores de Stanford University, Massachusetts Institute of Technology, University of Innsbruck y Delft University of Technology, una mezcla que recuerda a cómo se consolidó la microelectrónica: academia, industria y sector público tirando en la misma dirección. Continúa leyendo «La tecnología cuántica entra en su “momento transistor”»

Átomos que se quedan quietos en un metal fundido: el “corral” invisible que desafía cómo entendemos los líquidos

Cuando pensamos en un metal completamente fundido, lo imaginamos como una multitud en movimiento continuo: nadie se queda parado, todos se empujan, se apartan, se reacomodan. Esa imagen funciona bien para explicar por qué un líquido fluye y se adapta al recipiente. Lo inesperado es que, en ciertos metales líquidos a escala nanométrica, una parte de esa multitud puede quedarse literalmente clavada en el sitio.

Un equipo de la Universidad de Nottingham y la Universidad de Ulm ha observado algo que, a primera vista, parece contradictorio: incluso estando el metal en estado líquido, algunos átomos permanecen inmóviles. El hallazgo, publicado en ACS Nano y difundido por SciTechDaily, no es solo una curiosidad; cambia el guion de cómo un metal pasa de líquido a sólido cuando se trabaja con nanopartículas y superficies reales, con defectos y “imperfecciones” que, en la práctica, nunca desaparecen del todo. Continúa leyendo «Átomos que se quedan quietos en un metal fundido: el “corral” invisible que desafía cómo entendemos los líquidos»

El talón de Aquiles silencioso de la criptografía cuántica: cuando un milímetro cuenta

La distribución cuántica de claves (o QKD) suele presentarse como una forma elegante de blindar comunicaciones: en lugar de confiar solo en “candados matemáticos”, se apoya en el comportamiento de los fotones y en una idea muy intuitiva: si alguien intenta mirar el mensaje por el camino, deja huella. Al tocar un estado cuántico, lo alteras. Es como intentar leer una carta sellada sin que se note: el sello termina marcado.

Esa propiedad convierte a QKD en un enfoque atractivo para infraestructuras críticas, banca, gobiernos o centros de datos. El matiz es que esa seguridad “de libro” vive en un laboratorio ideal. En el mundo real, QKD necesita una cosa tan poco glamourosa como decisiva: un enlace físico impecable entre emisor y receptor. Y ahí aparece un enemigo discreto, casi doméstico, pero capaz de erosionar el sistema por dentro: el error de apuntamiento. Continúa leyendo «El talón de Aquiles silencioso de la criptografía cuántica: cuando un milímetro cuenta»

Un “gato de Schrödinger” con 7.000 átomos: cómo se estira la superposición cuántica y qué le está pasando a la ciencia en EE. UU.

La superposición cuántica se suele contar con una historia famosa: un sistema puede estar “en dos estados a la vez” hasta que lo medimos. A fuerza de repetirse, a veces suena a juego filosófico. La parte interesante es que, en el laboratorio, la superposición no es una licencia poética: deja huellas medibles, igual que unas ondas en el agua dejan un dibujo cuando se cruzan. Si has visto dos altavoces reproduciendo el mismo tono y notado zonas donde el sonido se refuerza y otras donde casi desaparece, ya tienes la intuición: interferencia. En cuántica, esa interferencia aparece cuando un objeto se comporta como onda.

La novedad de estos días es que ese comportamiento ondulatorio se ha observado en un objeto muchísimo más grande de lo habitual: un conjunto de más de 7.000 átomos. Es un salto de escala que ayuda a explorar una pregunta con sabor muy humano: ¿dónde está el límite entre lo cuántico y lo cotidiano? Continúa leyendo «Un “gato de Schrödinger” con 7.000 átomos: cómo se estira la superposición cuántica y qué le está pasando a la ciencia en EE. UU.»