Los modelos de IA aprenden a gastar menos electricidad: qué significa “watt-horas por consulta” y por qué importa

Durante años, la conversación sobre modelos de IA se ha centrado en quién responde mejor, quién “razona” más o quién genera imágenes más realistas. En 2026, se está imponiendo otra carrera igual de decisiva: la de la eficiencia energética. La razón es simple: la demanda de computación crece tan rápido que ya no basta con sumar servidores; el sistema eléctrico y la infraestructura de centros de datos tienen límites físicos y económicos.

Los pronósticos sobre el aumento del consumo eléctrico asociado a centros de datos y cargas de IA llevan tiempo advirtiéndolo. Goldman Sachs Research, por ejemplo, ha estimado un fuerte incremento de la demanda eléctrica de los centros de datos hacia 2030. Y desde organismos públicos se remarca la magnitud del fenómeno: un informe del Congressional Research Service de EE. UU. sitúa el consumo anual de los centros de datos estadounidenses en 2023 alrededor de 176 TWh (aprox. el 4,4% de la electricidad del país), con proyecciones de crecimiento significativo hacia 2028.

Traducido a un ejemplo doméstico: si la IA fuese un electrodoméstico, no estaríamos discutiendo solo si cocina mejor, sino si se come la factura de la luz. Continúa leyendo «Los modelos de IA aprenden a gastar menos electricidad: qué significa “watt-horas por consulta” y por qué importa»

La planta que “copió” a las bacterias: una pista inesperada para fabricar fármacos de forma más sostenible

Las plantas no pueden salir corriendo cuando llega un insecto hambriento o un hongo oportunista. Su estrategia se parece más a tener una despensa llena de especias fuertes: mezclas químicas que disuaden, intoxican o frenan a quien intente comérselas. Entre esas mezclas destacan los alcaloides, un grupo enorme de moléculas que, para la planta, funcionan como armas defensivas y, para nosotros, han sido durante siglos una cantera de compuestos útiles. La cafeína y la nicotina son ejemplos cotidianos, pero la familia es mucho más amplia y también incluye sustancias empleadas como punto de partida para medicamentos.

Entender cómo se “cocinan” estos compuestos dentro de una célula vegetal es clave porque la receta no es trivial. No se trata de un solo paso, sino de cadenas de reacciones enzimáticas que, como una línea de montaje, convierten moléculas simples en estructuras complejas. Cuando la ciencia descifra esas rutas, se abren dos puertas interesantes: buscar nuevas moléculas con potencial terapéutico y aprender a producirlas con menos impacto ambiental que la extracción intensiva de plantas raras o ciertos procesos industriales. Continúa leyendo «La planta que “copió” a las bacterias: una pista inesperada para fabricar fármacos de forma más sostenible»

Neurociencia acelerada: organoides, conectomas y registro masivo en la nueva frontera de la cognición

La cognición suele describirse como algo etéreo, casi mágico: recordar una cara, aprender una ruta nueva, decidir qué decir en una conversación. En el laboratorio, sin embargo, esa “magia” se persigue con herramientas muy concretas. La frontera más interesante se está construyendo en la intersección de tres líneas que se retroalimentan: los organoides cerebrales como modelos humanos en miniatura, los grandes mapas de conectividad del cerebro humano tipo Human Connectome Project, y las tecnologías que registran actividad neuronal a escala de redes completas.

Si lo piensas como una ciudad, los organoides serían una maqueta viva donde se prueban reglas de tráfico sin poner en riesgo a nadie; el conectoma sería el plano de carreteras de una metrópolis real; y los microelectrodos serían miles de micrófonos pegados al asfalto para escuchar cómo fluye el tráfico, calle por calle, sin perderse los atascos ni las olas de movimiento. Continúa leyendo «Neurociencia acelerada: organoides, conectomas y registro masivo en la nueva frontera de la cognición»

AlphaFold y el salto de “ver” proteínas con IA: por qué marca un antes y un después

Una proteína es, en apariencia, una idea sencilla: una cadena de aminoácidos colocados uno detrás de otro, como cuentas en un hilo. El problema es que ese hilo no se queda estirado; se pliega, se enrosca, hace giros, crea cavidades y superficies. Y esa estructura 3D no es un detalle estético: es lo que determina si la proteína corta otras moléculas como una tijera (enzima), si reconoce señales como una antena (receptor) o si se pega a un intruso como un guante (anticuerpo). Entender la forma es, muchas veces, entender la función.

Durante décadas, “ver” esa forma ha sido uno de los cuellos de botella de la biología. No porque falten ganas, sino porque las técnicas que revelan estructuras a nivel atómico han sido exigentes. La cristalografía de rayos X, la criomicroscopía electrónica o la resonancia magnética nuclear suelen pedir equipos caros, muestras delicadas y semanas o meses de ajustes. Es como intentar fotografiar con nitidez a alguien bailando en una habitación a oscuras: se puede, pero requiere condiciones muy concretas y paciencia. Continúa leyendo «AlphaFold y el salto de “ver” proteínas con IA: por qué marca un antes y un después»

ONCO-ACS: una brújula con inteligencia artificial para tratar el infarto en pacientes con cáncer

Un infarto de miocardio ya es, por sí solo, un evento que obliga a decidir rápido y con pocos márgenes de error. Si la persona tiene cáncer, la situación se vuelve todavía más delicada. El sistema cardiovascular suele estar más frágil, ya sea por el propio tumor, por tratamientos oncológicos previos o por un estado general debilitado. En ese contexto, el riesgo no es solo “volver a tener otro susto”: se incrementan las probabilidades de morir, de sufrir un sangrado grave o de padecer otro episodio cardiovascular importante en los meses posteriores.

La dificultad práctica se parece a conducir con lluvia intensa y obras en la carretera a la vez: frenar demasiado puede hacerte chocar por detrás; frenar poco puede sacarte de la vía. En medicina, ese equilibrio se traduce en escoger la prevención secundaria adecuada tras un síndrome coronario agudo: hay que reducir el riesgo de nuevos coágulos, sin disparar el riesgo de sangrado. En pacientes con cáncer, esa balanza es especialmente inestable. Continúa leyendo «ONCO-ACS: una brújula con inteligencia artificial para tratar el infarto en pacientes con cáncer»

Anthropic refuerza su apuesta por la sanidad con Claude for Healthcare y amplía Claude for Life Sciences

Anthropic ha presentado Claude for Healthcare como un paquete específico de herramientas y recursos orientado a proveedores, pagadores y también a usuarios que quieren entender mejor su información médica. El anuncio, difundido por la propia compañía y recogido por Fierce Healthcare coincidiendo con el arranque de la J.P. Morgan Healthcare Conference (JPM26), busca algo muy concreto: que Claude deje de ser solo un buen conversador y pase a integrarse en los engranajes reales del sistema sanitario, donde las normas, los flujos de trabajo y la trazabilidad mandan.

La idea de fondo es sencilla de explicar con una imagen cotidiana: no se trata de tener un “asistente listo” en una sala vacía, sino de ponerlo en una cocina profesional con comandas, alergias, inventario y protocolos. En sanidad, esa “cocina” son los historiales, los sistemas de codificación, las bases de cobertura y los requisitos de cumplimiento. Continúa leyendo «Anthropic refuerza su apuesta por la sanidad con Claude for Healthcare y amplía Claude for Life Sciences»

AlphaGenome: la IA que aprende a leer los “interruptores” del ADN y apunta a una oncología más precisa

Durante mucho tiempo, hablar de genética era como leer solo las frases en negrita de un libro enorme. Esa parte visible serían los genes que codifican proteínas, una fracción pequeña del genoma humano. El resto no es un relleno sin función: se parece más al cuadro eléctrico de una casa, con interruptores, temporizadores y reguladores que determinan qué se activa, en qué momento y con qué intensidad. Ese territorio es el ADN regulador, y ahí se esconden muchas de las diferencias que explican por qué dos personas con una “lectura” similar de genes pueden tener riesgos distintos de enfermedad.

En ese escenario entra AlphaGenome, un modelo de DeepMind diseñado para interpretar cómo variaciones diminutas en regiones no codificantes pueden cambiar la actividad de los genes y, con ello, influir en procesos asociados a enfermedad. La idea central es convertir letras de ADN en predicciones funcionales: no solo marcar una variante como “posible problema”, sino sugerir qué mecanismo biológico podría estar tocando. Continúa leyendo «AlphaGenome: la IA que aprende a leer los “interruptores” del ADN y apunta a una oncología más precisa»

Agua potable desde el aire: la promesa y el cuello de botella

La captación de agua atmosférica (AWH, por sus siglas en inglés) parte de una idea tan simple como práctica: incluso cuando el ambiente parece seco, el aire guarda una “reserva” invisible de humedad. Si se usa el material adecuado, esa humedad puede atraparse y convertirse en agua potable. Durante años, distintos equipos han desarrollado materiales porosos, parecidos a esponjas muy sofisticadas, capaces de absorber moléculas de agua del aire y almacenarlas temporalmente.

El problema no suele estar en “atrapar” el agua, sino en “soltarla”. Es como una toalla que seca de maravilla pero luego te obliga a retorcerte con fuerza para sacar una cantidad aceptable de líquido. En muchos sistemas actuales, el paso de recuperación se apoya en el calor: se calienta el material con el sol para evaporar el agua y luego se condensa en forma líquida. Funciona, sí, pero con una penalización clara: el proceso puede tardar horas y, según el diseño, alargarse todavía más.

En una investigación reciente liderada por Massachusetts Institute of Technology, el foco se desplaza justo a ese cuello de botella: cómo liberar el agua del material de forma rápida, controlable y eficiente. Continúa leyendo «Agua potable desde el aire: la promesa y el cuello de botella»

Un ultrasonido portátil para vigilar el cáncer de mama con más frecuencia, dentro y fuera de la consulta

La mamografía es una pieza central en el control del cáncer de mama, pero su lógica es la de una “foto fija” tomada con cierta periodicidad. Si algo cambia rápido entre una revisión y la siguiente, puede pasar desapercibido durante meses. Ese es el terreno de los llamados cánceres de intervalo, tumores que se detectan después de una mamografía normal y antes del siguiente control programado, y que con frecuencia se describen como más agresivos.

En la práctica, esto se parece a revisar una grieta en una pared solo una vez al año: la mayoría de las veces no ocurre nada, pero si la grieta avanza de golpe, el momento de intervenir importa. En salud, detectar antes suele ampliar las opciones terapéuticas y mejorar el pronóstico. Por eso, en personas con alto riesgo —por antecedentes, genética u otros factores clínicos— se valora complementar la mamografía con técnicas que puedan repetirse con más frecuencia. Continúa leyendo «Un ultrasonido portátil para vigilar el cáncer de mama con más frecuencia, dentro y fuera de la consulta»

El grupo sanguíneo MAL: el enigma de 1972 que terminó abriendo una nueva “familia” de sangre humana

En 1972, durante un embarazo, una muestra de sangre dejó desconcertados a los especialistas: faltaba una molécula de superficie que, hasta donde se sabía, estaba presente en prácticamente todos los glóbulos rojos humanos. Esa ausencia no era un detalle sin importancia. En el sistema de “etiquetas” que usamos para identificar la sangre compatible, cada molécula cuenta: si recibes una etiqueta equivocada, tu sistema inmune puede reaccionar como si le hubieran colado un intruso.

Más de medio siglo después, aquella rareza terminó conectando piezas que llevaban décadas sueltas. Un equipo con investigadores del Reino Unido e Israel describió un nuevo grupo sanguíneo humano, bautizado como MAL, y lo hizo con evidencias genéticas y funcionales que ya no dejan la explicación en el terreno de la sospecha. El trabajo se publicó en la revista Blood y aparece indexado en PubMed, con fecha de diciembre de 2024, dentro de un artículo centrado en cómo alteraciones en el gen MAL explican el fenotipo AnWj negativo. Continúa leyendo «El grupo sanguíneo MAL: el enigma de 1972 que terminó abriendo una nueva “familia” de sangre humana»