El ejército americano lleva años con un problema concreto: rastrear en tiempo real amenazas aéreas —misiles hipersónicos, drones militares avanzados, sistemas de ataque de acceso denegado— desde el suelo o el aire es cada vez más difícil a medida que los adversarios sofistican sus sistemas anti-acceso. La respuesta que acaba de tomar forma es mover ese rastreo al espacio. Lo documenta Abhimanyu Ghoshal en New Atlas el 8 de agosto de 2026.
El Departamento de Fuerza del Espacio de EEUU (USSF) acaba de firmar un contrato de 397 millones de dólares con Rocket Lab para desplegar sus flatellites en órbita baja terrestre (LEO). El objetivo: crear una constelación de satélites capaz de rastrear objetivos en movimiento en el aire a escala global.
Qué es el programa SB-AMTI
El nombre completo es Space-Based Airborne Moving Target Indicator (Indicador de Objetivos Aéreos en Movimiento desde el Espacio). El programa nace del reconocimiento de que los sistemas de rastreo terrestres y aéreos actuales — aviones AWACS, radares de tierra — se enfrentan a lo que el USSF describe como «riesgos sin precedentes de sistemas anti-acceso/área denegada cada vez más sofisticados».
Los sistemas anti-acceso/área denegada (A2/AD) están diseñados para impedir que el adversario opere dentro de una zona geográfica. China, Rusia e Irán han invertido intensamente en estos sistemas: misiles de largo alcance contra buques, misiles antisat, capacidades de jamming de radar. La respuesta americana es trasladar el rastreo de amenazas a una plataforma — el espacio — donde los sistemas A2/AD son más difíciles de desplegar.
El contrato con Rocket Lab no es el único. Simultáneamente, el USSF ha adjudicado 218 millones de dólares a una empresa no identificada por motivos de seguridad para desarrollar un sistema similar. Y SpaceX tiene un acuerdo de 4.160 millones de dólares para construir una constelación de satélites SB-AMTI que debería ser operativa para 2028. Los tres contratos son complementarios, no competitivos.
Por qué los «flatellites» de Rocket Lab
La solución técnica que Rocket Lab aporta al programa tiene un nombre propio: flatellite. El término describe un diseño de satélite plano, con todos los componentes —propulsión, software de vuelo, aviónica, ruedas de reacción, rastreadores de estrellas, sistema de separación, paneles solares, radios, estructuras compuestas, tanques de combustible— integrados en un marco compacto. La integración permite producir grandes volúmenes de forma rápida y consistente.
El diseño plano tiene además una ventaja logística crítica: los flatellites se pueden apilar en la carga útil del cohete lanzador, como platos en una pila. Eso permite desplegar decenas de satélites en un solo lanzamiento, reduciendo el coste por satélite en órbita y acelerando la construcción de la constelación.
Rocket Lab dice que el sistema incluye «sensores espaciales y enlaces de comunicación de baja latencia y alto ancho de banda», que es la capacidad clave para el rastreo de objetivos en tiempo real: un satélite que detecta un misil hipersónico necesita enviar esa información al mando en segundos, no en minutos.
El papel del cohete Neutron
Rocket Lab opera tanto el desarrollo de los satélites como los servicios de lanzamiento. Los flatellites serán puestos en órbita con su propio cohete Neutron, un vehículo reutilizable de medio alcance aún en desarrollo, con una capacidad de carga de 13 toneladas y una altura de 43 metros (141 pies). El Neutron está diseñado específicamente para el despliegue de constelaciones de satélites.
La Space Force ya ha explorado en informes anteriores la extensión de sus capacidades más allá de la órbita terrestre, incluyendo presencia humana en la Luna. El programa SB-AMTI es sin embargo más inmediato y operativo: no es una propuesta conceptual sino un contrato en desarrollo con fechas y presupuestos definidos.
El contexto geopolítico
Los sistemas hipersónicos son el detonante más directo del programa. Los misiles hipersónicos —que viajan a más de cinco veces la velocidad del sonido— son particularmente difíciles de rastrear para los sistemas de alerta temprana convencionales diseñados para la era de los misiles balísticos. A las velocidades y trayectorias de los hipersónicos, los segundos de aviso importan.
SpaceX ya tiene más de 10.000 satélites Starlink en órbita y opera como proveedor de servicios de internet satelital — con una constelación que la FCC ha autorizado a expandir recientemente mediante nuevas reglas de espectro. La compañía aplicará experiencia de gestión de constelaciones de cientos de satélites al programa SB-AMTI. Rocket Lab trae algo diferente: diseño de satélites especializados para el entorno militar y capacidad de producción en volumen.
El USSF también opera con una empresa anónima cuya identidad no ha revelado por razones de seguridad, lo que indica que al menos parte de la tecnología del programa está clasificada — probablemente los sensores específicos de detección de objetivos aéreos o los algoritmos de procesado de señal.
La apuesta por Rocket Lab también señala el lanzamiento inminente del Starship V3 de SpaceX como contexto de competencia comercial: el sector espacial comercial está en un momento de consolidación donde los contratos militares son la palanca más importante para la viabilidad económica de los nuevos lanzadores.
Mi valoración
Lo que más me convence del programa SB-AMTI es la coherencia técnica entre el problema y la solución. Rastrear amenazas aéreas desde el espacio elimina las limitaciones de horizonte de los radares terrestres y las vulnerabilidades de los activos aéreos. Es una solución que habría sido imposible hace 10 años al coste y la escala que implica, y que SpaceX ha hecho viable al demostrar que las constelaciones de satélites LEO son industrialmente manejables.
Lo que más me preocupa es el paradigma de militarización del espacio que establece. El Tratado del Espacio Exterior de 1967 prohíbe armas de destrucción masiva en el espacio pero no los satélites de rastreo o comunicación militar, que existen desde los años 60. SB-AMTI está técnicamente dentro de los parámetros legales. Sin embargo, la creación de constelaciones militares de satélites con capacidades de rastreo en tiempo real crea precedentes que China y Rusia ya están observando con sus propios programas de réplica.
La pregunta a 12 meses no es si el programa avanzará — los contratos están firmados y Rocket Lab tiene incentivos económicos fuertes para cumplir plazos —, sino si el Neutron estará listo a tiempo para el despliegue, dado que es el componente del sistema que aún no ha completado vuelos de demostración a la escala del SB-AMTI.
Preguntas frecuentes
¿Qué distingue un flatellite de un satélite convencional?
El diseño plano con componentes integrados en un marco compacto permite apilarlos en el lanzador — varios flatellites en un solo cohete — y producirlos en grandes volúmenes de forma consistente. Los satélites convencionales tienen diseños más diversos y menos optimizados para producción en serie. Starlink de SpaceX también usa diseño plano, lo que confirma que es la arquitectura preferida para constelaciones de gran escala.
¿Cuándo estará operativa la constelación SB-AMTI?
El contrato con SpaceX prevé la constelación principal operativa en 2028. Los flatellites de Rocket Lab son parte complementaria del programa sin fecha de despliegue final publicada. El desarrollo del cohete Neutron, necesario para lanzar los flatellites, es la variable de mayor incertidumbre en el calendario de Rocket Lab.
¿España o la UE tienen programas equivalentes?
No en el segmento militar de rastreo de amenazas aéreas desde LEO. La iniciativa europea más cercana es IRIS², la constelación de telecomunicaciones seguras de la UE prevista para antes de 2027, pero con misión diferente. En defensa, la dependencia europea de sistemas de alerta temprana americanos como los del programa SB-AMTI sigue siendo estructural.
