La segunda semana del juicio civil más esperado de Silicon Valley arranca hoy, 4 de mayo, con una novedad importante: a partir de hoy cualquiera puede escuchar las sesiones en directo a través de YouTube, con la condición de no retransmitir ni reeditar el audio. Lo cubren Elizabeth Lopatto y Hayden Field en The Verge. La primera semana la dominó Elon Musk en el estrado durante partes de tres días; esta segunda la abre el cofundador de OpenAI Greg Brockman, que tomó la silla de los testigos esta mañana, y el experto científico de Musk, el profesor Stuart Russell de la Universidad de California en Berkeley.
El juicio enfrenta a Musk con OpenAI, su CEO Sam Altman y Greg Brockman, a quienes acusa de haber traicionado la misión sin ánimo de lucro de la organización al convertirla en empresa con ánimo de lucro. También incluye a Microsoft como codemandado. Lo que pide Musk: hasta 134.000 millones de dólares en daños para la fundación nonprofit de OpenAI, la destitución de Altman y Brockman, y la reversión de la conversión corporativa. OpenAI, valorada actualmente por encima de los 850.000 millones de dólares, califica la demanda de «baseless and jealous bid to derail a competitor.»
Para la cobertura de la primera semana y lo que reveló Musk desde el estrado, la primera semana del juicio con sus tres confesiones más incómodas está recogida en este análisis.
Brockman en el estrado: los primeros días de OpenAI narrados desde dentro
Greg Brockman, presidente de OpenAI, tomó la silla de los testigos esta mañana. Sus primeras declaraciones reconstruyeron los orígenes de la organización. Según Brockman, OpenAI nació como idea de un posible brazo de investigación de Y Combinator. En su solicitud inicial a donantes, el propio Brockman escribió que comprometía 100.000 dólares personales —aunque finalmente no llegó a donarlos—. Entre los primeros donantes citados en ese correo aparecen los nombres de Musk, Jessica Livingston, Reid Hoffman y Peter Thiel.
La primera pregunta que recuerda Brockman de Musk al llegar tarde a una cena fundacional fue, literalmente: «¿Es Demis Hassabis malvado?» —en referencia al fundador de DeepMind, entonces la principal referencia en IA—. El detalle es pequeño pero ilumina la obsesión de Musk por Google/DeepMind que ha quedado documentada en los propios correos admitidos como prueba en el juicio, y que explica en parte por qué fundó OpenAI.
El experto de Musk y la pregunta incómoda sobre los honorarios
Antes de Brockman, la mañana la ocupó Stuart Russell, profesor de informática en Berkeley y experto en IA, que testificó como perito de la parte de Musk. Russell cobra 4.000 dólares por hora en sus primeras 40 horas de trabajo con el equipo legal, y 1.500 dólares la hora a partir de ahí. Su testimonio cubrió riesgos sistémicos de la IA —sustitución de empleos, discriminación algorítmica, posibilidad de que los modelos refuercen creencias delirantes— sin conectar específicamente con los hechos del caso.
La periodista de The Verge que sigue el juicio en primera persona describe el testimonio como desconcertante en términos de relevancia jurídica: una panorámica genérica sobre riesgos de IA que no apuntaba específicamente a los demandados. La jueza Yvonne Gonzalez Rogers, que es quien tomará la decisión final sobre responsabilidad (el jurado tiene rol meramente consultivo en este proceso), tuvo que redirigir el testimonio varias veces.
Un detalle relevante: Russell declaró en el Senado de EE.UU. sobre los peligros de distribuir sistemas de IA con código abierto, lo que choca directamente con una de las líneas argumentales de Musk, que acusa a OpenAI de traicionar su misión al no abrir sus modelos. En el contrainterrogatorio, Russell admitió que el código abierto puede facilitar la eliminación de salvaguardias de seguridad. Para entender el trasfondo de la disputa desde sus raíces, el arranque del juicio el 28 de abril y qué está realmente en juego estructuralmente para OpenAI es la lectura más completa.
Por qué el audio en YouTube importa más que el espectáculo
La apertura de la transmisión de audio en directo cambia el registro del juicio. Hasta ahora, la cobertura dependía de los periodistas presentes y de los bocetos del artista forense. Desde hoy, cualquier analista, investigador o inversor puede escuchar las sesiones entre las 17:00 y las 23:00 hora española, aproximadamente.
El timing no es neutral. OpenAI se prepara para una salida a bolsa que sería una de las mayores de la historia tecnológica. Un fallo adverso que forzara a revertir la conversión corporativa podría hacer desaparecer esa OPI. La jueza ha dejado claro que no tratará el proceso como un referéndum sobre la IA ni sobre el carácter de Altman o Musk, sino que fallará sobre los méritos jurídicos. La segunda semana tiene previsto el testimonio de Altman y Brockman como testigos de parte contraria, y también del CEO de Microsoft, Satya Nadella.
Para la declaración más explosiva de la primera semana, la admisión de Musk de que xAI destila sobre los modelos de OpenAI para entrenar Grok cambia el debate legal sobre propiedad intelectual en IA en tres dimensiones simultáneas.
Mi valoración
Llevo siguiendo este litigio desde la primera demanda de Musk en 2024, y la segunda semana empieza con un patrón que ya se consolidó en la primera: la defensa de OpenAI tiene la ventaja documental. Cada correo exhibido como prueba construye una cronología en la que Musk era, en varios momentos clave, un participante informado de la evolución de la estructura corporativa, no un donante engañado.
Lo que más me convence del enfoque de OpenAI es la densidad de los exhibits: documentos fechados, respuestas de Musk, términos firmados. Lo que más me preocupa, desde un punto de vista sistémico, es que ninguno de los argumentos sobre IA safety que el perito Russell ha presentado esta mañana conecte con el núcleo jurídico del caso. Si el objetivo de Musk era usar el juicio para instalar un debate sobre la seguridad de la IA en el imaginario público, la estrategia es efectiva. Si el objetivo era ganar el caso, la primera semana no apoya esa conclusión.
La pregunta más interesante no es el resultado del juicio en sí, sino qué hace OpenAI con su OPI si la jueza le da la razón a Musk aunque sea parcialmente. La incertidumbre jurídica sobre la estructura corporativa de una empresa que quiere valer más de un billón de dólares en bolsa es un riesgo que los bancos de inversión ya están descontando en sus modelos.
Preguntas frecuentes
¿Quién decide el resultado del juicio Musk vs Altman?
El jurado de nueve personas tiene rol consultivo, pero la decisión final sobre responsabilidad y remedios corresponde a la jueza Yvonne Gonzalez Rogers, designada por Barack Obama. Se espera que falle antes de mediados de mayo de 2026.
¿Qué pide Musk si gana el juicio?
Musk reclama que los «beneficios ilícitos» de OpenAI y Microsoft sean devueltos a la fundación sin ánimo de lucro de OpenAI, no a él personalmente. También pide la destitución de Sam Altman y Greg Brockman de sus cargos, y la reversión de la conversión corporativa de OpenAI hacia una estructura comercial.
¿Se puede seguir el juicio en tiempo real?
Sí, desde el 4 de mayo hay una transmisión de audio en directo en YouTube, activa generalmente entre las 17:00 y las 23:00 hora española. La reemisión o reedición del audio está prohibida. El juicio se prolongará dos o tres semanas más.
