Los astronautas vuelven a la Tierra con el cerebro desplazado: lo que revelan las resonancias de 26 tripulantes y por qué la NASA tiene un problema con el viaje a Marte

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Astronauta sentado en una habitación lunar futurista (1)

Los astronautas de Artemis II amerizaron el pasado viernes 10 de abril en el Pacífico tras un viaje de 10 días alrededor de la Luna. Reid Wiseman, Victor Glover, Christina Koch y Jeremy Hansen están ahora en periodo de rehabilitación, un proceso que durará unos 45 días y que incluye fisioterapia intensiva. Pero mientras ellos recuperan músculo y equilibrio, la comunidad científica sigue digiriendo los datos del estudio más preocupante publicado sobre los efectos cerebrales de los viajes espaciales: un trabajo aparecido en Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS) que analizó resonancias magnéticas de 26 astronautas antes y después de sus misiones y encontró que el cerebro no vuelve exactamente igual de cómo se fue.

Los hallazgos, liderados por el equipo de Rachael Seidler en la Universidad de Florida, son concretos. El cerebro se desplaza hacia arriba y hacia atrás dentro del cráneo durante el vuelo espacial, con desplazamientos medidos de hasta 2,52 milímetros en algunas regiones. Las áreas más afectadas incluyen la corteza motora suplementaria (clave para el movimiento) y la ínsula posterior (implicada en el equilibrio). Cuanto mayor era el desplazamiento de la ínsula posterior izquierda, peor era el rendimiento en pruebas de equilibrio al regresar. El cerebro no se mueve como un bloque único: distintas regiones se desplazan en direcciones diferentes, lo que indica deformación interna, no solo cambio de posición.

La causa parece clara: en microgravedad, los fluidos corporales migran hacia la cabeza porque ya no hay una fuerza constante que los empuje hacia abajo. Esa redistribución aumenta la presión intracraneal y «empuja» físicamente al cerebro. Los científicos confirmaron el mecanismo con un experimento en Tierra: 24 voluntarios estuvieron 60 días tumbados con la cabeza inclinada 6 grados por debajo de los pies (una simulación estándar de microgravedad). Los voluntarios también mostraron desplazamientos cerebrales, aunque menos pronunciados que los astronautas reales. Lo inquietante: algunos cambios persisten al menos seis meses tras el regreso, y los desplazamientos son mayores cuanto más larga es la misión. Esto añade una capa de complejidad a planes como el viaje tripulado a Marte, que implicaría años en microgravedad.

No todo es alarmante. La investigación no encontró efectos en la inteligencia, la personalidad o las capacidades cognitivas generales. Los astronautas no «olvidan caminar» ni sufren daños neurológicos graves. Los efectos en el equilibrio son transitorios en la mayoría de los casos, aunque requieren días o semanas de readaptación (de ahí las camillas en el amerizaje: no es debilidad, es precaución para que el cerebro recalibre la verticalidad). Y las misiones cortas como Artemis II, con 10 días, probablemente tengan efectos menores en comparación con estancias de 6 meses en la ISS o el hipotético viaje a Marte de dos años. El problema es que no sabemos dónde está el umbral a partir del cual los cambios dejan de ser reversibles.

Mi valoración: lo que este estudio convierte en tangible es que la exploración espacial no es solo un problema de ingeniería de cohetes. Los astronautas de Artemis II volvieron cambiados (hay también un efecto psicológico bien documentado, el «overview effect», de quienes han visto la Tierra desde lejos), pero fueron solo 10 días. Cuando se planifica una misión a Marte que implica 6-9 meses de viaje en cada sentido, más un año o más en la superficie marciana, estamos hablando de astronautas cuyo cerebro pasará más tiempo desplazado que en posición «normal». La NASA y SpaceX tendrán que diseñar contramedidas específicas: podría ser ejercicio aeróbico más intenso, presión negativa aplicada a la parte inferior del cuerpo para forzar la migración de fluidos, incluso hábitats con gravedad artificial. Ninguna de esas soluciones existe hoy en forma operativa. El estudio no dice que no se pueda ir a Marte; dice que ir con la tecnología actual sería mandar a gente con daño neurológico predecible. Es una diferencia importante cuando estamos a menos de una década del lanzamiento anunciado.

Preguntas frecuentes

¿Qué le pasa al cerebro de los astronautas? Se desplaza hacia arriba y hacia atrás dentro del cráneo, con movimientos de hasta 2,52 milímetros. Las regiones se deforman de manera distinta, no como un bloque único. ¿Estos cambios son permanentes? La mayoría se reviertan tras seis meses en la Tierra, pero algunos desplazamientos persisten más allá de ese periodo, especialmente en misiones largas. ¿Qué implicaciones tiene para el viaje a Marte? Los desplazamientos son mayores cuanto más larga es la misión. Un viaje de dos años implicaría cambios cerebrales sin precedentes, sin contramedidas operativas actuales.