Durante su primer año, Claude Code se ha ido ganando un hueco curioso: lo usan desarrolladores de carrera, pero también gente sin perfil técnico que quiere “hablar” con un agente de IA para levantar una web o una app sin pelearse con un IDE. Esa forma de trabajar, conocida como vibe coding, se apoya en una idea simple: describir lo que quieres en lenguaje natural y dejar que el asistente escriba el código y ejecute tareas.
Hasta ahora, esa experiencia estaba anclada al escritorio: la app de Claude Code, la terminal o la integración con entornos de desarrollo. El anuncio de hoy mueve la palanca a otro sitio: Remote Control permite dar instrucciones a Claude Code desde el móvil, con iPhone y Android, mientras la sesión sigue corriendo en tu máquina local. La noticia la adelantó VentureBeat y el equipo de producto la comunicó también en X a través de Noah Zweben, responsable de producto de Claude Code.
Un “centro de mando” en el bolsillo
La idea se entiende rápido con una metáfora cotidiana: Remote Control funciona como el mando a distancia de la tele. La tele sigue en el salón (tu ordenador), pero tú puedes pausar, cambiar de canal o subir el volumen desde el sofá (tu teléfono). En términos técnicos, se trata de una capa de sincronización que conecta tu entorno local de CLI con la app móvil y la interfaz web de Claude.
El uso típico es muy práctico: inicias en la terminal una tarea “larga” para el agente —generar un proyecto, refactorizar módulos, ejecutar pruebas, revisar dependencias, documentar— y, si necesitas levantarte, salir o cambiar de habitación, el control no se rompe. Puedes seguir viendo el progreso, aprobar pasos y responder a preguntas del agente desde el móvil, como si tuvieras una ventanita portátil a lo que ocurre en tu equipo.
Por ahora, Remote Control se ofrece como “Research Preview” para suscriptores de Claude Max, la modalidad más cara de Anthropic. Según el mensaje publicado, la compañía prevé llevarlo a Claude Pro más adelante. En esta primera fase llama la atención su ausencia en planes Team o Enterprise, lo que refuerza la sensación de que Anthropic está probando primero con usuarios avanzados y afinando el modelo de uso.
“Menos pantalla, más vida”: la promesa del flujo
El enfoque comunicativo también tiene miga. En lugar de venderlo solo como una función técnica, Anthropic lo enmarca como una mejora del “estado de flujo”, ese momento en el que estás concentrado y el trabajo avanza con ritmo, sin fricción. Zweben lo explicó como una invitación a salir a caminar, ver el sol o sacar al perro sin “perder el hilo”.
En la práctica, esto no significa que el móvil sustituya al escritorio. Es más parecido a llevar un walkie-talkie: no estás haciendo todo desde el teléfono, pero sigues conectado al proceso. Es un matiz importante porque evita la promesa irreal de “programar enteramente desde el móvil” y se centra en algo más alcanzable: mantener el control, responder cuando el agente pide confirmación y no interrumpir sesiones delicadas por estar lejos del teclado.
Arquitectura y seguridad: un puente, no un túnel abierto
Aquí es donde Remote Control intenta marcar distancia con soluciones caseras de acceso remoto. Según la documentación oficial de Anthropic citada en la cobertura, el valor principal es que “Claude sigue ejecutándose en tu máquina y tú controlas la sesión desde la app”. Traducido a lenguaje llano: tu ordenador continúa siendo el sitio donde viven el proyecto, el sistema de archivos, las variables de entorno y las integraciones; el móvil solo actúa como interfaz de control.
Ese diseño se apoya en un patrón que suele tranquilizar a quienes se preocupan por la seguridad: tu equipo inicia una conexión saliente hacia la API de Anthropic, en lugar de abrir puertos de entrada en tu red. Dicho con un ejemplo doméstico, es como si tu casa llamara por teléfono a una centralita para pedir instrucciones, en vez de dejar la puerta abierta para que cualquiera pueda llamar al timbre. En esa “pasarela”, lo que viaja son los mensajes de chat y los resultados de herramientas; los archivos y servidores locales asociados al entorno permanecen en tu máquina, de acuerdo con lo descrito.
Para quienes usan MCP (Model Context Protocol), el detalle es relevante: la promesa es conservar el contexto local y los conectores activos incluso si tú estás a kilómetros de tu escritorio. Si ya te has acostumbrado a que tu agente vea carpetas, lea configuraciones o hable con servicios internos mediante MCP, perder ese contexto al pasar al móvil habría sido como intentar cocinar sin tus ingredientes. Anthropic intenta evitar justo esa sensación de “me falta media cocina”.
Cómo se activa: sincronización por QR y comandos
El arranque, tal como se describe, se parece más a emparejar un dispositivo que a configurar un sistema remoto tradicional. Hay que tener el CLI autenticado y estar en una versión concreta del cliente de Claude; la guía menciona actualizar a Claude 2.1.52. Una vez dentro del directorio del proyecto, se inicia el modo con el comando claude remote-control o con el atajo /rc en la sesión. En la terminal aparece un código QR que, al escanearlo, abre una sesión sincronizada en la app de Claude.
La sesión queda “atada” a ese entorno local. En vez de copiar el proyecto a una nube o montar un escritorio remoto completo, se controla la misma ejecución que ya estaba en marcha. El resultado, si todo va como promete, es una continuidad suave: empiezas en el escritorio, te levantas, sigues en el móvil, vuelves al escritorio y todo sigue alineado.
Del bricolaje comunitario a una solución nativa
Antes de que existiera una vía oficial, muchos usuarios resolvían esta necesidad con una mezcla de herramientas: VPNs tipo Tailscale, clientes SSH móviles como Termius o Termux y multiplexores como tmux para no perder la sesión. Incluso había quien montaba puentes con WebSockets para tener una interfaz más “amigable” que una terminal cruda.
El problema de ese enfoque no es que sea imposible, es que suele ser frágil: depende de redes cambiantes, se rompe con suspensiones del portátil, exige abrir o enrutar conexiones y requiere un nivel de mantenimiento constante. La propuesta de Remote Control es reemplazar ese patchwork por una conexión de streaming nativa con lógica de reconexión. Si el portátil entra en reposo o la red se corta, la sesión puede mantenerse y reengancharse cuando el equipo vuelve a estar disponible, según lo descrito en la cobertura.
Lo que implica para Anthropic y el boom del vibe coding
Detrás de la funcionalidad hay una lectura de negocio: si la gente está usando agentes para crear software “a base de indicaciones”, el siguiente paso lógico es que el agente no esté encadenado al escritorio. VentureBeat atribuye a Claude Code cifras muy llamativas, como un ritmo anualizado de ingresos y una adopción masiva en Visual Studio Code, y menciona estimaciones sobre commits en GitHub y proporción de código generado por IA. Conviene leer esos números como lo que son: métricas reportadas por un medio y/o análisis citados, no un censo oficial universal, pero sirven para entender el relato que se está construyendo alrededor del producto.
En esa narrativa, Remote Control encaja como pieza estratégica: cuando pasas de “autocompletar” a “agente que ejecuta tareas”, la limitación ya no es escribir, sino supervisar. Y supervisar tiene sentido hacerlo desde cualquier sitio, igual que revisas un pedido del supermercado desde el móvil sin estar delante del repartidor. El trabajo se desplaza del tecleo línea a línea a la validación, el criterio y la dirección del proceso.
Hacia dónde puede ir: agentes móviles y supervisión estratégica
La llegada del control móvil sugiere una escena cada vez más común: proyectos que avanzan mientras tú haces otra cosa. No porque el software se escriba “solo” sin riesgos, sino porque el humano se coloca en un rol más parecido al de editor que al de mecanógrafo. Sigues necesitando saber qué estás aprobando, revisar cambios, entender implicaciones de seguridad y mantener estándares, pero no hace falta estar pegado a la silla para que el agente compile, ejecute tests o prepare un pull request.
Si este patrón se normaliza, veremos más herramientas pensadas para “microinteracciones” desde el móvil: aprobar un cambio, responder a una pregunta del agente, decidir entre dos enfoques, pausar una ejecución, reintentar un despliegue. Es el tipo de control que cabe en un teléfono y que, bien diseñado, reduce interrupciones sin convertir el desarrollo en una vida a base de notificaciones.
