La historia de TikTok en Estados Unidos llevaba años pareciendo una serie con temporada infinita: cada cierto tiempo reaparecía el riesgo de veto, surgían nuevas exigencias regulatorias y volvían las dudas sobre quién controlaba realmente los datos y el algoritmo. Esta semana, el guion cambia con una decisión de calado: ByteDance, el grupo chino propietario de TikTok, ha cerrado la venta de la mayoría de sus operaciones en territorio estadounidense a un consorcio de inversores no chinos. El nuevo esquema deja más del 80% de la entidad en manos de socios estadounidenses, lo que permite que la plataforma siga funcionando y desactiva, al menos por ahora, la amenaza de una prohibición.
La clave no es que TikTok “cambie de pasaporte” por completo, sino que ajusta su estructura para cumplir el tipo de requisitos que Washington viene reclamando: control societario mayoritariamente estadounidense y garantías de seguridad nacional vinculadas a cómo se almacenan, auditan y protegen los datos de los usuarios. Es un poco como cuando una comunidad de vecinos decide que la llave del cuarto de contadores no puede depender de una sola persona: se busca un sistema de acceso y supervisión que reduzca la desconfianza.
Quién se queda con TikTok en EEUU y por qué importa
En el reparto aparecen nombres con peso. Oracle figura como actor central, junto a Silver Lake y MGX, entre otros inversores, y se suman entidades vinculadas a Michael Dell. La participación de ByteDance queda por debajo del 20% (en torno al 18%), mientras el bloque de inversores no chinos supera el 80%.
Esto importa por un motivo muy concreto: el debate político y regulatorio en Estados Unidos no se centraba tanto en la popularidad de TikTok como en el temor a que, por la relación con su matriz china, pudiera existir un acceso indebido a información sensible o una influencia opaca sobre el funcionamiento del feed. En la práctica, el “corazón” de TikTok no son solo los vídeos, sino el motor que decide qué ves. Ese algoritmo funciona como un dependiente que te conoce demasiado bien en tu tienda favorita: acierta con lo que te interesa, pero también puede guiarte hacia lo que conviene a quien lo controla.
Seis años de pulso: de las primeras alarmas al cierre del trato
El conflicto viene de lejos y ha tenido varias vidas. Desde 2019 y, sobre todo, durante el periodo 2020-2024, TikTok se convirtió en símbolo de la rivalidad tecnológica entre Washington y Pekín. Universidades, agencias públicas y cuerpos del Estado fueron imponiendo restricciones parciales, y la discusión acabó derivando en iniciativas legislativas y órdenes ejecutivas. Con el paso del tiempo, el choque se intensificó tras una legislación orientada a aplicaciones consideradas bajo control de “adversarios extranjeros”, un paraguas legal que dejó a TikTok en una situación límite.
En ese limbo, la plataforma vivió episodios que mostraron hasta qué punto se había convertido en infraestructura cultural: campañas de creadores, presiones de anunciantes y el temor real a un apagón. La consecuencia fue un largo tira y afloja en el que TikTok buscó un encaje que no implicara desaparecer del mercado estadounidense, que es uno de sus grandes motores de ingresos y relevancia global.
Oracle y el “circuito de seguridad” de los datos
En estos acuerdos, Oracle no solo aparece como inversor. También actúa como pieza tecnológica para el blindaje. La idea es que los datos de usuarios en Estados Unidos queden alojados y gestionados bajo infraestructura controlada en el país, con programas de privacidad y ciberseguridad sometidos a revisión.
Traducido a una escena cotidiana: si antes los documentos importantes podían estar guardados en un cajón al que muchos sospechaban que había copias de la llave, ahora se pretende que estén en una caja fuerte con registro de accesos. No elimina por sí solo todas las inquietudes, pero eleva el coste de cualquier abuso y facilita auditorías.
El punto más delicado es el del algoritmo. Varias informaciones apuntan a que ByteDance seguiría licenciando la tecnología a la nueva entidad estadounidense, con adaptaciones y controles específicos. Esto implica un equilibrio complicado: Washington quiere garantías, TikTok quiere continuidad técnica y ByteDance intenta preservar valor intelectual.
El relato político: Trump se atribuye el “salvamento”
Como suele ocurrir con TikTok en Estados Unidos, el anuncio no se quedó en el terreno empresarial. El presidente Donald Trump celebró públicamente el acuerdo, presentándolo como una operación que “salva” la plataforma y la coloca en manos de inversores estadounidenses.
Ese enfoque tiene lectura política: TikTok es una plaza pública gigantesca, especialmente entre jóvenes, y su continuidad o veto no es una cuestión neutra. El hecho de que la conversación haya saltado de los despachos regulatorios a la narrativa de campaña demuestra que la red social ya no se trata solo como una app de entretenimiento, sino como un canal de influencia comparable a una gran cadena de televisión, con la diferencia de que el mando a distancia lo lleva un algoritmo.
Qué cambia para usuarios, creadores y marcas
Para el usuario medio, el objetivo es que cambie poco: misma aplicación, mismas cuentas, mismo flujo de vídeos. En la trastienda, el cambio es profundo. Si la nueva entidad asume responsabilidades sobre protección de datos, moderación y garantías de software, es razonable esperar más burocracia interna, más procedimientos de auditoría y quizá más fricción en decisiones que antes se resolvían con rapidez.
Los creadores y anunciantes miran esto con una mezcla de alivio y cautela. Alivio, porque la continuidad reduce el riesgo de perder audiencias y campañas planificadas. Cautela, porque toda reestructuración corporativa abre interrogantes: cómo se gestionarán las políticas de contenido, qué margen tendrá la empresa para ajustar el algoritmo en Estados Unidos y si habrá diferencias entre lo que se ve allí y en otros mercados.
Las dudas que no se evaporan con un cambio accionarial
Este acuerdo reduce uno de los argumentos centrales de los defensores del veto —el control societario desde China—, pero no borra automáticamente el resto. Parte del debate seguirá girando alrededor de la transparencia del algoritmo, la trazabilidad de las decisiones de recomendación y el grado de independencia real respecto a ByteDance si la tecnología clave se licencia desde fuera.
También queda el factor legislativo: en un clima de rivalidad estratégica, las reglas pueden endurecerse de nuevo, y un acuerdo político hoy no garantiza estabilidad permanente mañana. Dicho de otra forma, TikTok ha logrado un paraguas grande para la tormenta actual, pero el parte meteorológico de la geopolítica cambia rápido.
