OpenAI ha anunciado la compra de Torch, una startup de salud digital creada en 2025 y formada por un equipo diminuto, de apenas cuatro personas, que se incorporará al completo a la compañía. La cifra exacta no ha sido confirmada oficialmente por OpenAI, pero uno de los cofundadores de Torch ha situado el acuerdo por encima de los 100 millones de dólares y varios medios han hablado de una operación en torno a esa magnitud, en formato de equity.
El movimiento llega pegado a un anuncio todavía más significativo para el público general: el lanzamiento de ChatGPT Health, un espacio específico dentro de ChatGPT pensado para manejar información sanitaria de manera más controlada. En el mensaje con el que OpenAI comunicó la compra, la idea central era clara: unir Torch con ChatGPT Health abre una nueva forma de entender y gestionar la salud desde la conversación con un asistente.
Si todo esto suena ambicioso, conviene aterrizarlo con una imagen cotidiana: muchas personas guardan informes, analíticas, recetas y notas médicas como quien guarda garantías y manuales en un cajón. No falta información; falta orden, continuidad y contexto. Torch apunta justo a ese “cajón”.
Torch y la promesa de una “memoria médica unificada”
Según la descripción pública de sus creadores, Torch estaba construyendo una especie de “memoria médica unificada” para que una IA pudiera trabajar con el historial de una persona sin perder piezas por el camino: datos de hospitales, laboratorios, wearables y pruebas de consumo, todo reunido en un mismo lugar. Lo llamativo es que, pese a ese planteamiento, Torch aún no había lanzado un producto masivo al mercado.
Aquí hay un matiz técnico que suele pasar desapercibido: los modelos conversacionales pueden “olvidar” o mezclar contexto cuando se enfrentan a múltiples documentos largos, con fechas y métricas que se pisan. En salud, esa confusión no es un fallo simpático; es un riesgo. La tesis de Torch parece ser que, antes de pedirle a una IA que te ayude a interpretar tu salud, conviene preparar el terreno: normalizar datos, enlazarlos, mantenerlos consistentes y recuperables cuando haga falta.
Dicho de forma simple, es como pasar de una bolsa llena de tickets y facturas a un archivador con separadores y etiquetas. No cambia lo que compraste; cambia tu capacidad de entenderlo.
ChatGPT Health: pasar de preguntas sueltas a conversaciones con contexto
La compra encaja con la narrativa que OpenAI está empujando en 2026. ChatGPT Health se presenta como una experiencia separada dentro de ChatGPT, orientada a salud y bienestar, con la posibilidad de conectar historiales y aplicaciones de seguimiento para que las respuestas estén “ancladas” a información personal, no solo a generalidades. OpenAI y Reuters coinciden en que este uso es enorme: OpenAI habla de más de 230 millones de personas que hacen preguntas de salud y bienestar cada semana en ChatGPT.
En la práctica, la promesa es menos “doctor virtual” y más “copiloto organizado”. OpenAI insiste en que no está diseñado para diagnosticar o tratar, sino para ayudar a entender resultados, preparar una visita médica, observar tendencias en el tiempo o aclarar dudas sobre hábitos.
Un detalle relevante para Europa: el acceso inicial se está desplegando a un grupo pequeño de usuarios y, por ahora, queda fuera del Espacio Económico Europeo, Suiza y Reino Unido, según la propia OpenAI.
Por qué pagar más de 100 millones por algo que “podrían haber hecho”
La pregunta flota en el aire: si OpenAI tiene músculo técnico, ¿por qué comprar Torch? En adquisiciones así suele haber tres respuestas que conviven.
La primera es velocidad. Montar una infraestructura capaz de integrar datos clínicos, de laboratorio y de dispositivos personales con garantías de seguridad y buena experiencia de usuario lleva tiempo, incluso si tienes recursos. La segunda es enfoque. Un equipo pequeño, obsesionado con un problema concreto, a veces avanza como un corredor de 100 metros frente a una organización que corre una maratón con muchas líneas de producto. La tercera es aprendizaje acumulado: el valor no está solo en el código, sino en decisiones de diseño, modelos de datos, errores ya cometidos y corregidos, y posibles pilotos con usuarios beta, algo que el propio cofundador de Torch ha mencionado al hablar de su etapa previa.
La cifra “100 millones” también funciona como señal al mercado: OpenAI no está haciendo una prueba superficial; quiere construir una capa sanitaria seria dentro de su ecosistema.
Privacidad: cuando el “archivador perfecto” da vértigo
Si juntar datos mejora el contexto, también aumenta la sensibilidad del conjunto. OpenAI afirma que ChatGPT Health opera como un espacio separado, con memorias segregadas, cifrado reforzado y conversaciones que no se usan para entrenar modelos fundacionales.
Ese lenguaje busca atacar el miedo más común: “si subo mis informes, ¿se quedan para siempre?” y “¿quién los ve?”. Aun así, medios como Time han recogido advertencias de expertos sobre el riesgo de compartir registros médicos con herramientas que no siempre se encuadran en marcos regulatorios sanitarios tradicionales, y sobre la posibilidad de errores o alucinaciones si los datos están incompletos o si el sistema prioriza sonar útil por encima de ser preciso.
Un ejemplo doméstico ayuda a entender la tensión: no es lo mismo contarle a alguien “me duele la cabeza” que entregarle tu carpeta completa con analíticas, medicación y antecedentes familiares. Lo segundo puede mejorar la conversación, pero exige confianza real, controles claros y hábitos prudentes del usuario.
OpenAI for Healthcare: el frente para hospitales, clínicas y desarrolladores
La estrategia de OpenAI no se limita a consumidores. La compañía también ha presentado OpenAI for Healthcare, un paquete orientado a organizaciones sanitarias con ChatGPT for Healthcare y acceso a API bajo condiciones pensadas para entornos regulados. En su comunicación oficial, OpenAI habla de soporte para requisitos HIPAA, controles de acceso empresariales, registros de auditoría, opciones de residencia de datos y acuerdos de tipo BAA para determinados clientes.
En ese marco, OpenAI afirma que sus productos para salud se apoyan en modelos GPT-5.2 optimizados y evaluados con pruebas guiadas por médicos, dentro de un esfuerzo más amplio de evaluación en escenarios clínicos y administrativos.
Aquí aparece una incógnita que Gadgets 360 subraya: no está claro si la tecnología específica de Torch se aplicará también a la oferta empresarial o si su integración quedará centrada en ChatGPT Health para usuarios finales.
Un mercado que se calienta: OpenAI no corre sola
El calendario de anuncios sugiere una carrera abierta por la IA en salud. En cuestión de días, Anthropic ha presentado Claude for Healthcare, con un enfoque propio para profesionales, integraciones y uso en contextos regulados, lo que apunta a una competencia directa por convertirse en la capa conversacional de referencia en sanidad.
Mientras tanto, OpenAI ha compartido datos que retratan la magnitud del fenómeno: distintas piezas de cobertura han citado cifras en torno a decenas de millones de personas usando ChatGPT a diario para temas de salud, especialmente para entender facturas, seguros o dudas fuera de horario clínico.
Visto así, Torch encaja como una pieza de infraestructura. Si ChatGPT Health es el “mostrador” donde hablas, Torch podría ser parte del “almacén” donde se ordena lo que traes.
