El lunes 29 de diciembre de 2025, Manus comunicó que pasa a formar parte de Meta. La operación, confirmada por medios como Reuters y Associated Press, se enmarca en la estrategia de Meta de reforzar su apuesta por los agentes de IA y llevar funciones más avanzadas a sus productos y servicios.
En el mensaje de Manus, el tono es claro: la unión se interpreta como un respaldo a su enfoque de IA de propósito general, ese tipo de sistemas que no están “entrenados para una sola cosa”, sino para ayudar con tareas variadas que mezclan investigación, automatización y ejecución de flujos complejos. Meta, por su parte, no ha detallado públicamente todos los términos económicos, aunque distintas informaciones sitúan la transacción por encima de los 2.000 millones de dólares.
Qué es un agente de IA general y por qué se habla tanto de ello
Si un chatbot clásico se parece a conversar con alguien que responde preguntas, un agente autónomo se parece más a encargarle un recado completo. No solo “te dice cómo hacerlo”: abre herramientas, decide pasos intermedios, corrige errores y vuelve a intentar. Como cuando pides a una persona que te organice un viaje: no se limita a describirte destinos, sino que compara vuelos, mira horarios, prepara un documento con opciones y te lo deja listo para elegir.
Esa promesa —pasar de la recomendación a la ejecución— es la razón por la que las grandes tecnológicas están compitiendo por talento, producto y distribución. En este contexto, Meta no compra solo una app: compra experiencia en convertir capacidades de modelos de IA en sistemas que trabajan “de principio a fin”.
Manus como “capa de ejecución”: del modelo al trabajo terminado
Manus se define como una capa de ejecución: una especie de “motor de trabajo” que traduce una instrucción humana en acciones encadenadas dentro de un entorno digital. Esto es relevante porque los modelos de IA (por potentes que sean) no siempre son buenos ejecutores por sí solos. Suelen necesitar una envoltura: memoria para no perder el hilo, herramientas para operar en navegador o software, límites para no hacer cosas peligrosas y mecanismos de verificación para detectar fallos.
Dicho de forma cotidiana: el modelo es el cerebro; el agente es el “empleado” con agenda, acceso a herramientas y un método para comprobar que lo que entrega tiene sentido. Manus ha apostado por esa parte práctica: que la IA no sea solo brillante respondiendo, sino consistente entregando.
Los números que Manus pone sobre la mesa
En su comunicado, Manus destaca métricas que buscan demostrar tracción real: más de 147 billones (trillions en inglés) de tokens procesados y más de 80 millones de computadoras virtuales creadas en pocos meses.
Para aterrizarlo: los tokens son como las “unidades de lectura y escritura” de la IA (trozos de palabras), una forma indirecta de medir cuánto trabajo lingüístico ha pasado por el sistema. Y las computadoras virtuales sugieren algo más tangible: entornos aislados donde el agente puede ejecutar acciones, instalar dependencias, abrir un navegador, correr código o manipular archivos sin tocar tu máquina personal. Es parecido a darle a la IA un escritorio propio en un coworking enorme: cada tarea tiene su mesa, su ordenador y su papelera, lo que facilita repetir procesos y reducir riesgos.
Estas cifras no prueban por sí solas calidad, pero sí apuntan a uso intensivo y a una arquitectura pensada para operar, no solo para “charlar”.
Qué cambia (y qué no) para quienes ya usan Manus
Una de las preocupaciones habituales en adquisiciones es el “día después”: cambios bruscos, precios, recortes de funciones o migraciones forzosas. Manus insiste en que su prioridad es no interrumpir el servicio: seguirá vendiendo y operando su suscripción a través de su aplicación y su web, y mantendrá su base operativa en Singapur.
Esto encaja con el patrón que suelen buscar las plataformas grandes: mantener el producto en marcha para no perder usuarios, mientras se trabaja en integraciones graduales. Meta tiene incentivos claros para no “romper” lo que funciona, sobre todo si la tecnología de Manus puede ampliar capacidades de Meta AI y herramientas para creadores, anunciantes o equipos internos.
Lo que Meta gana con esta compra: escala y distribución
El activo más obvio de Meta es su distribución: Facebook, Instagram, WhatsApp y su ecosistema publicitario. Si un agente funciona bien, el reto deja de ser “que exista” y pasa a ser “que llegue a millones”. Aquí Manus podría convertirse en un bloque de construcción para experiencias en las plataformas de Meta, desde asistentes que automatizan tareas repetitivas para pequeñas empresas hasta flujos de trabajo para equipos grandes.
Reuters enmarca el movimiento dentro de una carrera por reforzar funciones avanzadas y competir con otros gigantes que están acelerando con adquisiciones y acuerdos. La lógica es sencilla: cuando el mercado se mueve rápido, comprar un equipo ya en marcha puede ser más eficaz que reconstruirlo desde cero.
La parte incómoda: origen, geopolítica y confianza
La operación llega con un elemento sensible: los orígenes y vínculos internacionales. Reuters señala que Manus nació en China y que, pese a su traslado, se le atribuyen conexiones relevantes, un tema que en 2025 ha sido especialmente delicado para empresas estadounidenses.
En paralelo, otros medios han destacado que Meta afirma que se cortarán los lazos de propiedad y operaciones en China tras la transacción, con medidas para separar sistemas y restringir accesos, buscando despejar dudas sobre seguridad y gobernanza de datos. En un producto basado en automatización y acceso a herramientas, la privacidad de datos no es un detalle: es el cimiento. Si un agente puede leer documentos, navegar por servicios o preparar informes, los usuarios necesitan garantías muy concretas sobre qué se almacena, quién puede verlo y bajo qué reglas.
Qué puede pasar ahora con el mercado de agentes
La compra refuerza una tendencia: los agentes de IA están dejando de ser demos curiosas para convertirse en producto comercial. Si Meta consigue integrar estas capacidades con buen control y buena experiencia, la idea de “delegar tareas digitales” puede pasar de ser algo para entusiastas a una herramienta cotidiana, como lo fue el correo electrónico en su día.
Para Manus, la promesa es crecer con una “base más sólida”, sin cambiar —según su CEO, Xiao Hong— la forma en que funciona el producto ni cómo se toman decisiones internas. Para Meta, la apuesta es ganar velocidad en una categoría donde la diferencia real no está solo en el modelo, sino en la ingeniería que convierte respuestas en resultados verificables.
