Tortugas marinas en peligro: el impacto del sargazo en las playas de Florida

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Cada verano, miles de crías de tortuga marina emergen de sus nidos bajo la arena en las playas de Florida. Su primera tarea es crucial: llegar al mar. Pero este trayecto, ya de por sí plagado de riesgos como depredadores, basura y desorientación por luces artificiales, se ha vuelto aún más desafiante. Las crecientes acumulaciones de sargazo, un tipo de alga flotante, están formando verdaderas murallas naturales que complican severamente el avance de estas pequeñas criaturas.

Un estudio reciente de la Universidad Atlántica de Florida (FAU) pone luz sobre este problema, mostrando con datos concretos cuánto retrasa el sargazo a las crías de tortuga y cómo esto aumenta el riesgo de no alcanzar nunca el agua.

Un experimento para simular el reto natural

Para entender mejor el impacto de estas barreras naturales, un grupo de investigadores de FAU diseñó un entorno controlado que imitaba el camino desde el nido hasta el mar. Utilizaron caminos de arena de 15 metros, al final de los cuales colocaron montones de sargazo de distintas alturas (hasta 19 centímetros). Una luz tenue simulaba el reflejo del mar, guía natural que las tortugas siguen instintivamente.

Participaron crías de tres especies habituales en Florida: la tortuga laúd (Dermochelys coriacea), la tortuga boba (Caretta caretta) y la tortuga verde (Chelonia mydas). Todas fueron recolectadas de playas locales como Juno Beach, Jupiter y Boca Ratón.

Los investigadores midieron el tiempo que tardaban las tortugas en recorrer el trayecto, su capacidad para reincorporarse al volcarse (algo frecuente al intentar trepar el sargazo), y sus niveles de glucosa, para evaluar si el esfuerzo suponía un desgaste energético relevante.

Retrasos significativos en todas las especies

Los resultados fueron claros: la presencia de sargazo ralentiza a las crías de forma considerable. Incluso con alturas bajas (entre 7 y 9 centímetros), algunas no lograron superar el obstáculo. Las cifras son contundentes:

  • Las tortugas laúd tardaron un 54% más con sargazo ligero y hasta un 158% más con sargazo denso.
  • Las tortugas bobas, particularmente vulnerables, se ralentizaron un 91% y 175% respectivamente.
  • Las tortugas verdes registraron demoras del 75% y 159%.

Aunque las cifras varían, el patrón es el mismo: el sargazo representa una barrera que puede retrasar la llegada al mar lo suficiente como para que la cría sea capturada por un depredador o sufra un golpe de calor.

Riesgo latente: más tiempo en la playa, mayor peligro

Las playas pueden convertirse en trampas mortales cuando el sol comienza a calentar la arena. Las tortugas, al quedarse más tiempo expuestas, corren riesgo de deshidratación y muerte por sobrecalentamiento. A esto se suma el acecho de aves y cangrejos, siempre al tanto de estas crías vulnerables.

El estudio también mostró que muchas tortugas se daban vuelta al intentar cruzar el sargazo, quedando panza arriba. En un caso extremo, una cría volcó más de 20 veces en un solo intento. Cada una de estas inversiones supone segundos o minutos adicionales de exposición a peligros.

Un esfuerzo físico sin desgaste energético aparente

A pesar del esfuerzo extra, los investigadores no encontraron diferencias significativas en los niveles de glucosa entre las tortugas que cruzaron sargazo y las que no. Esto sugiere que el problema no está en la energía consumida, sino en el tiempo extra que pasan fuera del agua. El hecho de que sus reservas energéticas no se agoten rápidamente no significa que no estén en peligro: el problema está en la exposición prolongada, no en el desgaste físico inmediato.

Un fenómeno en expansión

El sargazo no es un problema nuevo, pero su aparición en las playas de Florida se ha intensificado en los últimos veranos, con montones que pueden superar el metro de altura y cubrir franjas de cientos de metros. Este crecimiento se debe a una combinación de factores como el calentamiento de los océanos, el exceso de nutrientes en el agua y cambios en las corrientes marinas.

Esto no solo afecta la movilidad de las crías, sino que puede reducir el espacio disponible para anidar y alterar las condiciones térmicas de la arena, lo que a su vez podría influir en el desarrollo de los embriones.

Replantear la gestión de playas: una urgencia para la conservación

Frente a este escenario, los investigadores proponen adaptar las estrategias de manejo costero. Retirar el sargazo de forma selectiva en las épocas críticas de eclosión podría ser una medida efectiva, siempre cuidando no afectar otras especies que dependen del alga. También se podría considerar la creación de corredores libres de sargazo cerca de las zonas de anidación, ayudando así a reducir el tiempo de exposición de las tortugas al salir del nido.

Lo que queda claro es que el sargazo está redefiniendo las reglas para muchas especies costeras, y las tortugas marinas están entre las más vulnerables. Si no se actúa pronto, el lento avance sobre estas alfombras naturales podría convertirse en una sentencia de muerte para miles de crías cada año.