Imagina pasear por Londres y descubrir que justo donde estás parado ocurrió un asesinato hace más de 600 años. Eso es exactamente lo que propone el proyecto Medieval Murder Maps de la Universidad de Cambridge: una herramienta interactiva que permite explorar homicidios ocurridos en el Londres medieval y, más recientemente, en las ciudades de York y Oxford. Pero no se trata solo de puntos en un mapa, sino de una ventana a la sociedad, la justicia y los conflictos de una época brutal.
El criminólogo Manuel Eisner lidera esta iniciativa, que combina análisis histórico, criminología y tecnología. El equipo ha geolocalizado los escenarios de los crímenes usando registros antiguos conocidos como «coroners’ rolls», redactados en latín, que documentaban muertes sospechosas o repentinas investigadas por un jurado de vecinos convocado por el forense.
La historia de Ela Fitzpayne y un crimen pasional con aroma a venganza
Uno de los casos más fascinantes es el asesinato de John Forde, un sacerdote que fue apuñalado en las calles de Cheapside el 3 de mayo de 1337. No fue un crimen al azar: según el equipo de Eisner, se trató de una venganza planificada por Ela Fitzpayne, una noble casada con el caballero Sir Robert Fitzpayne. Forde había sido amante de Ela, y quizá también su delator en un episodio delictivo anterior.
Ela orquestó el asesinato con la ayuda de su hermano y antiguos sirvientes. El ataque fue metódico: mientras otro sacerdote, Hascup Neville, distraía a Forde, cuatro hombres lo emboscaron y lo mataron con dagas y cuchillos. A pesar de que el jurado identificó a los culpables, el caso quedó impune durante años. La conexión de Ela con la alta nobleza la protegió. Uno de los asesinos fue condenado cinco años después, pero los demás desaparecieron como si nada.
Relaciones peligrosas y castigos simbólicos
Los investigadores también descubrieron documentos adicionales que revelan un conflicto previo entre Ela, su esposo y el propio Forde: en 1321 participaron juntos en el saqueo de un monasterio benedictino. El grupo robó animales, madera y piedras, y causó daños a la propiedad religiosa. Más adelante, el arzobispo de Canterbury señaló a Ela como adúltara reincidente, con amantes de todo tipo, incluidos clérigos.
Como castigo, se le ordenó entregar dinero a los pobres y realizar un acto de penitencia pública durante siete otoños seguidos: caminar hasta el altar de la catedral de Salisbury con una vela de cera de casi dos kilos. Ela ignoró completamente estas órdenes, fue excomulgada y, según los investigadores, la humillación pública pudo haber alimentado su sed de venganza contra Forde.
El crimen como espejo de la sociedad medieval
El proyecto Medieval Murder Maps busca entender no solo los crímenes en sí, sino el papel de los espacios públicos en la violencia urbana. La mayoría de los asesinatos ocurrieron en calles transitadas, mercados o plazas, especialmente durante el atardecer o los fines de semana. ¿Por qué? Porque esos momentos coincidían con la mayor actividad social y económica.
En Londres, por ejemplo, uno de los puntos más peligrosos era el tramo entre la iglesia de St Mary-le-Bow y la catedral de St. Paul, justo donde Forde fue asesinado. También destacaban zonas cercanas al mercado de Leadenhall. Estas áreas eran centros simbólicos y comerciales, lo que las hacía ideales para conflictos con visibilidad.
En cuanto a las armas, predominaban los cuchillos y espadas, responsables del 68% de los homicidios. Y aunque los hombres eran los principales autores, hubo al menos cuatro casos en que las mujeres fueron las únicas sospechosas.
Comparaciones entre ciudades: violencia en Oxford, impunidad en Londres
Cuando se compara con York y Oxford, aparecen diferencias claras. Oxford tenía una tasa de homicidios más alta y más violencia organizada, posiblemente por desórdenes sociales constantes. Londres mostraba zonas de concentración que reflejaban desigualdades económicas y tensiones entre clases. En los tres casos, se observan crímenes en lugares de alto valor simbólico, lo que sugiere una carga de mensaje en la violencia: más que matar, se buscaba marcar territorio, castigar o enviar advertencias.
Lecciones desde el pasado para comprender el presente
Aunque parezca un ejercicio de arqueología criminal, el proyecto tiene una utilidad muy moderna: entender cómo los espacios urbanos, las jerarquías sociales y la impunidad influyen en la violencia cotidiana. Tal como hoy existen barrios con más riesgo de crímenes por factores sociales o económicos, en la Edad Media los patrones eran similares, aunque con otro lenguaje.
Las historias como la de Ela Fitzpayne no solo son dignas de una serie en Netflix: también son un espejo de cómo el poder, la reputación y la justicia se cruzaban en un tablero donde no todos jugaban con las mismas reglas. ¿Y qué nos dice esto sobre nuestra propia forma de impartir justicia hoy?
