Cambiar a un coche eléctrico: cuánto puedes ahorrar realmente y por qué cada vez más personas lo hacen

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Un reciente estudio ha sacado a la luz datos sorprendentes sobre el impacto financiero de los vehículos eléctricos (EV). Analizando cerca de 480 escenarios distintos, la investigación concluyó que el 80% de los conductores podrían ahorrar una suma considerable si hicieran el cambio desde un coche de combustión interna (ICE) a uno eléctrico. Hablamos de un ahorro medio cercano a los 8.000 dólares (unos 5.850 libras esterlinas) por conductor.

Este análisis, realizado por la organización New AutoMotive y publicado por Electric Vehicles UK, tuvo en cuenta todos los gastos asociados a tener un coche: desde el precio de compra, la carga o repostaje, el mantenimiento, el seguro, los impuestos, hasta la depreciación. La conclusión fue clara: en la mayoría de los casos, el coche eléctrico es más económico a largo plazo.

¿Dónde se ahorra más? En casa.

Una de las claves del ahorro reside en tener un punto de carga en casa. Quienes cargan su coche eléctrico en su propio domicilio consiguen reducir mucho más los costes comparados con quienes dependen de puntos de carga públicos, que tienden a ser bastante más caros.

Esta diferencia ha llevado a los autores del estudio a pedir al gobierno del Reino Unido que subvencione o reduzca el coste de la carga pública, con el objetivo de que el coche eléctrico sea una opción accesible también para quienes no pueden cargarlo en casa.

Un ejemplo claro sería pensar en cómo compras comida: si cocinas en casa, ahorras. Pero si te ves obligado a comer fuera todos los días, los costes suben rápido. Lo mismo pasa con los EV: tener la infraestructura doméstica cambia las reglas del juego.

La tecnología y el mercado: dos aliados del EV

La expansión del coche eléctrico no es solo una cuestión de ahorro. Es también fruto de los avances tecnológicos y del crecimiento del mercado. Las baterías son más eficientes, los precios han bajado y la infraestructura de carga es cada vez más accesible. Lo que hace apenas cinco años parecía una rareza, hoy se integra de forma natural en el paisaje urbano.

Ya no es necesario tener un Tesla para disfrutar de un coche eléctrico fiable. Marcas tradicionales y nuevas startups ofrecen modelos variados, desde compactos urbanos hasta SUV familiares, todos más asequibles y con mejores prestaciones que en el pasado.

Un alivio para el bolsillo… y para los pulmones

Apostar por un EV no solo ayuda al presupuesto, también al medio ambiente. Los coches de combustión interna emiten una cantidad significativa de gases contaminantes que dañan tanto la salud como el planeta. Según la Agencia de Protección Ambiental de EE.UU. (EPA), el transporte representa cerca del 28% de las emisiones contaminantes del país.

Cambiar a un coche eléctrico reduce drásticamente esa huella de carbono. Menos humo en las calles significa aire más limpio para respirar, especialmente en zonas urbanas densas. Esto tiene un impacto directo en enfermedades respiratorias, calidad de vida y hasta en la productividad laboral.

Desmontando mitos sobre los vehículos eléctricos

A pesar de los beneficios, persiste cierta desinformación. Uno de los mitos más extendidos es que los EV contaminan más que los de gasolina, debido al proceso de fabricación de sus baterías. Es cierto que la extracción de minerales como el litio y el cobalto genera impacto ambiental, pero al evaluar el ciclo de vida completo del vehículo (fabricación, uso y desecho), el coche eléctrico sale ganando.

Es como comparar dos tipos de calefacción: una puede ser más cara de instalar, pero si a lo largo de 10 años consumes menos energía, terminas ahorrando y contaminando menos. Lo mismo pasa con los EV. A largo plazo, su impacto ambiental y económico es menor que el de los coches tradicionales.

¿Qué debe tener en cuenta alguien que quiere comprar un EV?

Si estás pensando en hacer el cambio, hay varios factores a considerar:

  • Coste total de propiedad: no solo el precio inicial. Incluye mantenimiento, seguro, energía, impuestos, etc.
  • Autonomía de la batería: ¿cuántos kilómetros recorres al día? Un coche con 300 km de autonomía puede ser más que suficiente para la mayoría de personas.
  • Infraestructura de carga: ¿puedes cargarlo en casa o cerca del trabajo?
  • Estilo de vida y necesidades: ¿necesitas espacio para la familia, carga para viajes largos, o un modelo más urbano?

En definitiva, comprar un coche eléctrico hoy ya no es una apuesta a futuro, sino una decisión informada y racional.

La combinación entre ahorro, sostenibilidad y tecnología ha convertido a los coches eléctricos en una opción muy atractiva. Y aunque aún quedan retos —como mejorar el acceso a cargadores públicos o abaratar aún más los modelos de entrada— el camino parece claro.

Quien se plantea hoy un cambio de coche tiene razones de peso para mirar hacia el eléctrico. No solo como una elección ecológica, sino como una estrategia inteligente para el bolsillo y la salud.