La startup de vídeo con IA Higgsfield actualizó el 7 de octubre de 2026 su herramienta de influencers sintéticos para que sea más fácil insertar un personaje propio en vídeos que ya existen. Lo llamativo es el aspecto: realistas, pero deliberadamente no humanos, con cortes de pelo geométricos, cuellos alargados o proporciones exageradas. La empresa dice tener 30 millones de usuarios y un ritmo de ingresos anualizado de 1.000 millones de dólares (≈ 890 millones de euros).
Lo cuenta Jake Angelo en Semafor. Un portavoz de Higgsfield resume la apuesta en una idea: una cara perfecta es la forma más rápida de que un personaje parezca IA genérica.
En redes se ha presentado como un lanzamiento nuevo, y no lo es del todo. La herramienta existe desde enero. Lo que cambia ahora es la facilidad de uso y, sobre todo, la estética. Y esa estética dice más del momento que vive el vídeo sintético que cualquier cifra.
¿Qué ha lanzado exactamente Higgsfield?
Ha mejorado AI Influencer Studio, su creador de personajes, para que el usuario pueda colocar un personaje de su invención dentro de vídeos existentes. No es un producto nuevo, sino una actualización de uno que la compañía estrenó en enero de 2026.
El estudio funciona como el editor de personajes de un videojuego. Según la documentación de la empresa, ofrece más de 100 parámetros para definir identidad, movimiento y estilo, y no se limita a figuras humanas: admite criaturas, híbridos o animales antropomórficos. El personaje mantiene su identidad entre escenas, vestuarios e iluminaciones, que era el gran problema técnico de este tipo de contenido.
Con esa base, el personaje se puede poner a hablar, bailar o reseñar productos. Semafor señala que algunos de estos influencers ya acumulan millones de visualizaciones y miles de seguidores en varias plataformas.
¿Por qué hacerlos raros a propósito?
Porque lo extraño destaca y lo perfecto ya no. Tras dos años de caras impecables generadas por IA, el público ha aprendido a reconocerlas, y un rostro sin defectos se lee enseguida como artificial y del montón.
Hay una segunda razón, menos estética. Un personaje que no intenta pasar por persona engaña menos. Semafor lo plantea como un uso más transparente de la tecnología que el deepfake: nadie cree que una figura con el cuello el doble de largo sea real.
Estoy de acuerdo a medias. Es cierto que el personaje no suplanta a nadie. Pero la transparencia sobre la apariencia no equivale a transparencia sobre quién está detrás, quién paga el mensaje o qué se está vendiendo. Un avatar imposible puede recomendar un producto con la misma opacidad que un actor contratado.
Un negocio que crece más rápido que sus controles
Las cifras de Higgsfield son de las más altas del sector. Según YourStory, la empresa levantó 400 millones de dólares (≈ 357 millones de euros) con una valoración de 5.400 millones (≈ 4.820 millones de euros), más del cuádruple de los 1.300 millones de enero.
El ritmo de ingresos explica el salto. La compañía lanzó su producto en navegador en marzo de 2025 y dice haber pasado de 300 millones de dólares anualizados a principios de 2026 a 500 en junio y 700 en agosto. Bloomberg sitúa ya la cifra en 1.000 millones.
Conviene leer esos números con cautela, porque son declarados por la propia empresa y no siempre cuadran. El recuento de usuarios varía según la fuente: 22 millones en un documento corporativo de junio, más de 25 millones en su web y 30 millones en la prensa financiera. La consultora Sacra estimaba 400 millones de ingresos en mayo, cuando Higgsfield hablaba de 500 al mes siguiente.
Y hay antecedentes que pesan. En febrero de 2026, Forbes publicó que el equipo de marketing de la compañía había enviado a influencers contenido racista generado por IA como material promocional. Semafor añade ahora que algunos usuarios están usando estos personajes para promocionar memecoins.
Los hechos son esos. Mi lectura es que un producto diseñado para fabricar prescriptores a escala, en manos de una empresa con ese historial de control, va a generar problemas antes de que termine el año.
¿Tienen que etiquetarse estos personajes?
En las plataformas, cada vez más. El 1 de septiembre contamos que Instagram obligará a etiquetar los perfiles de influencers generados con IA o les reducirá el alcance. Un personaje de Higgsfield con cuenta propia entra de lleno en esa regla.
En Europa, el Reglamento de IA exige desde el 2 de agosto de 2026 que el contenido sintético vaya marcado de forma legible por máquinas. Ahí surge una duda interesante, y aviso de que no soy jurista. La obligación de avisar al público se pensó sobre todo para contenidos que parecen auténticos. Un personaje que no parece humano por diseño podría moverse en la zona gris de esa definición, aunque la marca técnica del proveedor siga siendo obligatoria.
Si esa lectura se confirma, el aspecto raro no sería solo una decisión creativa. Sería también una forma cómoda de quedar fuera del supuesto más vigilado.
El vídeo sintético ya tiene industria, también en España
Higgsfield no es una rareza aislada. En agosto cubrimos The Cully Hill Boys, la primera película de IA con actores reales, de 110 minutos y 2 millones de dólares, producida con sus herramientas. La compañía ha pasado de los clips virales al largometraje en menos de año y medio.
El contrapunto europeo es Magnific, la marca bajo la que Freepik unificó sus productos el 28 de abril de 2026. Según The Next Web, que cita a Fortune, factura 230 millones de dólares anualizados (≈ 205 millones de euros), supera el millón de suscriptores de pago y nunca ha recibido inversión externa. En enero ya habíamos contado cómo Freepik se ganó un hueco en Hollywood con Upscale Day LA y el cine hecho con IA.
La comparación es instructiva. Magnific vende herramientas a profesionales creativos y a más de 250 clientes de empresa. Higgsfield vende, cada vez más, la posibilidad de no necesitar al creador. Son dos modelos de negocio distintos sobre una tecnología parecida.
Desde 2005 he visto a la publicidad adoptar cada formato nuevo antes de que existieran reglas para él: los blogs patrocinados, los vídeos de marca, los influencers de carne y hueso. El patrón se repite, con una diferencia de escala. Un influencer humano publica unas pocas piezas al día; uno sintético no tiene ese límite.
¿Van a desaparecer los influencers de verdad? No lo creo. Lo que desaparece es la ventaja de poder producir mucho, porque eso ya lo hace una máquina. Queda lo que no se fabrica: la confianza acumulada, una historia propia y la responsabilidad de dar la cara cuando algo sale mal.
Mi postura es que la estética no humana es una buena idea creativa y una mala coartada. Bienvenidos los personajes que no fingen ser personas. Pero la pregunta que toca hacerle a cada uno no es si parece real, sino quién responde por lo que dice.
