Tencent ha firmado el mayor acuerdo de arrendamiento de cómputo en el extranjero de su historia: un contrato a 5 años con Oracle para usar alrededor de 100.000 chips de IA avanzados alojados en varios centros de datos de Oracle en el Sudeste Asiático, según fuentes familiarizadas con el acuerdo que contactaron al Financial Times. El valor total del contrato es de $7.000 millones, con un pago inicial de alrededor del 30% por adelantado.
El elemento geopolítico es fundamental: los chips en cuestión no están disponibles en China por las restricciones de exportación de EEUU. Oracle los tiene en centros de datos en la región, y las reglas de exportación americanas permiten este tipo de arrendamientos en la nube en el extranjero, siempre que los chips no estén físicamente en territorio chino. Tencent accede así a potencia de cómputo a la que no puede acceder dentro de sus fronteras sin necesitar una excepción política.
¿Por qué Tencent necesita tanto cómputo externo?
Los números financieros lo explican: el flujo de caja de Tencent se volvió negativo en el segundo trimestre de 2026 —RMB 13.800 millones negativos, equivalente a $2.060 millones—. Según el CFO John Lo, fue la primera cifra negativa en más de una década, causada por inversión pesada en infraestructura de IA y prepagos de cómputo.
Tencent no está sola en esta situación. Que una empresa tecnológica con ingresos de cientos de miles de millones de dólares tenga flujo de caja negativo por gasto en IA dice algo sobre la escala de inversión que requiere competir en este sector. Oracle, el otro lado del acuerdo, también tiene flujo de caja libre negativo por varios trimestres consecutivos debido a su gasto en centros de datos.
El plan de Tencent para los chips es progresivo: primero, entrenar modelos Hunyuan más grandes; luego, ejecutarlos en producción; después, posiblemente, alquilar la capacidad sobrante a través de Tencent Cloud. ByteDance ha seguido una estrategia similar: representó casi el 75% de las ventas de 2025 de Nscale, la empresa cloud británica.
¿Qué dice esto sobre la guerra de chips entre EEUU y China?
Los controles de exportación de semiconductores han creado un mercado secundario de acceso a cómputo que es más complejo que simplemente «China no tiene chips avanzados». Lo que tienen son restricciones de localización: no puedes tener los chips dentro de China, pero puedes usarlos si están en Singapur, Vietnam o Tailandia y te conectas a ellos por red. Oracle y otros cloud providers americanos se benefician de actuar como intermediarios en ese mercado.
El acuerdo tiene también otro efecto: fortalece la posición de Oracle en el mercado cloud asiático, donde compite con Amazon, Google y Microsoft. Las acciones de Oracle habían caído un 29,5% en lo que va de año antes de conocerse el acuerdo; la noticia apenas movió el precio, lo que sugiere que el mercado ya descuenta este tipo de acuerdos en la valoración.
La geopolítica de los semiconductores y su impacto en Europa es el reverso de esta historia: mientras China accede a chips americanos a través de terceros, Europa sigue sin tener soberanía real en la cadena de producción de semiconductores avanzados. La dependencia de EEUU y la distancia respecto a China en capacidades de IA hace que Europa mire este tipo de acuerdos desde la tercera posición en una carrera en la que solo participan dos jugadores principales.
La expansión de infraestructura de IA de EEUU fuera de sus fronteras tiene su paralelo chino en este tipo de acuerdos: las empresas tech de ambos países están construyendo presencia en terceros países que funcionan como puentes ante las restricciones bilaterales. El resultado es un mapa de infraestructura de IA que no sigue las líneas del mapa político.
¿Qué implica este acuerdo para el panorama competitivo global?
La mayor consecuencia práctica del acuerdo Tencent-Oracle es que confirma un modelo que otros actores chinos ya estaban probando: el acceso a cómputo avanzado a través de infraestructura extranjera en países terceros. Que el mayor acuerdo de arrendamiento de compute en el extranjero de Tencent sea con Oracle —una empresa americana que tiene contratos con el ejército y la inteligencia de EEUU— es una de las paradojas más llamativas de la competencia tecnológica sino-americana.
Oracle no está violando ninguna regla: las normas de exportación explícitamente permiten este tipo de arrendamientos en la nube siempre que los chips no estén en China. Tencent no está violando ninguna norma tampoco. Pero la suma de ambos crea una situación que los legisladores americanos que diseñaron las restricciones de exportación probablemente no anticiparon con este nivel de detalle: China no puede importar los chips, pero puede alquilarlos con todos los privilegios de acceso y sin que el hardware cruce ninguna frontera prohibida.
Para Tencent específicamente, el acuerdo tiene también un componente de señal de mercado. En un momento en que su flujo de caja lleva a negativo por primera vez en una década, comprometerse a $7.000 millones en cinco años con Oracle es una declaración de que la empresa cree que la inversión en IA va a generar retornos suficientes para justificar el gasto. Lo que Tencent no puede permitirse es quedarse fuera de la carrera por no tener acceso a los chips más rápidos, aunque conseguir acceso tenga el coste de hacerlo a través de infraestructura americana en el extranjero y con las condiciones que eso implica. La geopolítica de los chips, al final, siempre la gana quien controla el hardware —y ese control sigue siendo, inequívocamente, americano. El acuerdo Tencent-Oracle es la demostración más costosa de esa realidad.
