Tesla quiere fabricar 20.000 robots Optimus por semana. En agosto produjeron varios cientos a la semana, frente a las pocas decenas de meses atrás. El ritmo de crecimiento es notable. El cuello de botella que The Information ha documentado citando fuentes internas es específico y revelador: las manos de Optimus. Lo cubre hoy Gizmodo.
Cada mano y antebrazo contiene más de 100 tornillos y piezas pequeñas que tienen que ensamblarse a mano. Los sensores táctiles tienen problemas de fiabilidad. Las manos no son suficientemente duraderas para uso sostenido. El equipo de producción en varias estaciones de la línea —incluyendo las que ensamblan manos y articulaciones— tiene problemas de alineación de piezas que hacen que más robots salgan de la línea necesitando reparación.
La solución que Tesla ha desarrollado para los sensores es elegante pero parcial: un «sensing glove» —un guante sensorial reemplazable— que contiene los sensores táctiles, de manera que si fallan no hace falta cambiar toda la mano. Lo incorporarán en el modelo del próximo año.
20.000 por semana son un millón al año
El objetivo de producción de Tesla no es modesto. Un millón de robots humanoides al año sería un mercado completamente nuevo. Para comparar: en 2025, el mundo fabricó unos 550.000 robots industriales de todos los tipos, incluyendo brazos articulados para fabricación. Tesla pretende superar ese volumen solo con Optimus en el primer año de producción a plena capacidad.
El modelo de negocio que The Information describe tiene dos fases. Primero, alquiler a clientes comerciales para obtener datos —Tesla usará esa experiencia para mejorar los sistemas de IA que controlan el robot. Después, venta. Musk ha dicho que las ventas podrían empezar en 2027.
El problema más fundamental que identifican las fuentes de The Information no es mecánico sino de IA: Optimus todavía no puede manejar de forma confiable una amplia variedad de tareas sin entrenamiento específico. Una tarea básica tarda varios días en aprenderse. Para un robot que se vende como asistente de propósito general —capaz de hacer «desde trabajo en fábrica hasta las tareas del hogar y hasta cuidar a los niños», en palabras de Musk—, eso es una limitación importante.
Tesla está usando la mayoría de los robots que produce internamente, en áreas controladas de sus fábricas donde sus movimientos pueden supervisarse de cerca. La fase de «cobaya interna» antes de la entrega a clientes comerciales tiene sentido técnicamente, pero también significa que la rampa de ingresos externos sigue siendo mínima.
La ironía del momento: para construir Optimus, Tesla paró la producción del Model S y el Model X en su fábrica de Fremont. Ha sacrificado dos de sus vehículos más emblemáticos para dedicar ese espacio a un robot que todavía necesita varios días para aprender a hacer una tarea básica y cuyas manos tienen cien tornillos que se ensamblan a mano.
Qué está haciendo Tesla mientras resuelve las manos
A pesar de los problemas de producción, Tesla no está esperando. La empresa usa los robots que produce internamente para recopilar datos: cada movimiento de cada Optimus en las fábricas alimenta los sistemas de IA que controlan el robot. Ese enfoque —desplegar antes de que el producto sea perfecto para obtener datos reales que mejoren el producto— es el mismo que Tesla usó con el Autopilot: las horas de conducción real de los clientes alimentaron las redes neuronales que mejoraron el sistema.
El riesgo de ese modelo aplicado a robots es que los fallos ocurren en entornos físicos con consecuencias físicas. Un Autopilot que funciona mal puede causar un accidente de tráfico. Un robot que funciona mal en una fábrica puede dañar equipamiento o a personas. Tesla ha confinado los robots actuales en «áreas altamente controladas» precisamente para minimizar ese riesgo.
El modelo de negocio de alquiler que se perfila para la primera fase tiene sentido desde la perspectiva de Tesla: permite obtener datos de uso real sin que el cliente tenga que asumir el riesgo de comprar un producto aún en desarrollo. Para los clientes, alquilar significa que Tesla mantiene la responsabilidad operativa del robot. Eso puede ser un argumento de venta para empresas que quieren probar la tecnología sin comprometerse a largo plazo.
Los competidores de Optimus no están esperando. Figure AI, 1X Technologies y Apptronik tienen robots humanoides propios en distintas fases de desarrollo. Boston Dynamics tiene el Atlas. El plazo hasta 2027 que Musk ha dado para las ventas al público es también el plazo en que varios de estos competidores esperan tener productos comerciales. La carrera de los robots humanoides va a ser mucho más reñida de lo que el marketing de Tesla sugiere.
Snap lanzó sus gafas AR Specs por 2.200 dólares, un producto que también apuesta por llevar IA al cuerpo humano en un dispositivo físico complejo: la promesa de hardware de IA encarnado en un producto de consumo general tiene el mismo patrón de expectativas altas y realidad de adopción lenta. Waymo abrió nuevas ciudades en EE.UU. este mes con su robotaxi autónomo: la autonomía en entornos físicos complejos —conducción o manipulación de objetos— sigue siendo el gran reto no resuelto de la robótica con IA. OpenAI ha apostado por desarrollar sus propios chips para reducir la dependencia de Nvidia: el hardware propio que acelera la IA es la apuesta de todos los que quieren llegar a escala, Musk incluido.
Producir 20.000 Optimus por semana con manos que tienen más de 100 tornillos ensamblados a mano no tiene mucho sentido a escala. O Tesla resuelve el problema de manufactura de las manos antes de intentar ese volumen, o el 20.000 semanal es un número para el roadshow de inversores, no para la cadena de montaje.
El hito real que hay que seguir no es el número de robots producidos sino el primer cliente externo que alquile un Optimus, deje que trabaje en su entorno real sin supervisión estrecha durante un mes y publique datos de rendimiento. Ese momento aún no ha llegado.
