Detectado el viento más rápido de un cuásar a escala ultravioleta: un agujero negro que sopla al 30% de la velocidad de la luz

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Detectado el viento más rápido de un cuásar a escala ultravioleta: un agujero negro que sopla al 30% de la velocidad de la luz

Un equipo liderado por investigadores de la Universidad de York (Canadá) y la Universidad de Washington Bothell ha detectado el viento más veloz que se haya registrado nunca cerca de un agujero negro a longitudes de onda ultravioleta. El cuásar J2318, cuyo agujero negro central tiene 1.700 millones de masas solares, expulsa gas a una velocidad equivalente al 30% de la velocidad de la luz — aproximadamente 201 millones de millas por hora (≈ 323 millones de kilómetros por hora). El hallazgo se publicó el 4 de junio de 2026 en The Astrophysical Journal y lo cubre Interesting Engineering el 16 de junio. Los investigadores identificaron dos componentes de viento distintas en el espectro del cuásar, reforzando la evidencia sobre cómo los agujeros negros supermasivos regulan activamente la formación de estrellas en sus galaxias huésped durante el «mediodía cósmico» — el periodo de máxima actividad del universo entre 1.600 y 3.500 millones de años tras el Big Bang.

Por qué este viento es excepcional y qué significa

Los cuásares son los núcleos activos de galaxias donde la materia cae en espiral hacia un agujero negro supermasivo, generando energía que puede superar la de toda la galaxia circundante. Cuando esa caída es especialmente intensa, genera vientos de gas que se expulsan hacia afuera a velocidades extremas: los UFOs (ultra-fast outflows), que por definición superan el 10% de la velocidad de la luz.

J2318 alcanza el 30% a longitudes de onda ultravioleta — un récord. Existen vientos más rápidos detectados en rayos X, pero el ultravioleta permite caracterizar diferentes aspectos de ese gas. Los investigadores encontraron dos componentes distintas de viento en el espectro, lo que indica que el mecanismo de expulsión tiene estructura interna y no es uniforme.

El impacto más profundo no es el récord de velocidad sino las implicaciones para la evolución galáctica. Estos vientos son el mecanismo por el que los agujeros negros supermasivos «apagan» la formación de estrellas en sus galaxias huésped: al expulsar gas a velocidades superiores a la velocidad de escape de la galaxia, el agujero negro puede literalmente vaciar el combustible que alimenta el nacimiento de nuevas estrellas. Eso conecta con una pregunta abierta de la cosmología: por qué tantas galaxias masivas dejaron de formar estrellas prematuramente.

Liliana Flores, co-autora que participó en el análisis espectral durante su etapa de estudiante de grado, lo expresó con claridad: «Estos vientos extremos transportan cantidades increíbles de energía que pueden afectar a las galaxias que los rodean. No será fácil encontrar un viento ultravioleta más rápido que el de J2318, pero seguimos buscando.»

Cómo se detectan vientos a esas velocidades

El método es espectroscópico: el gas expulsado a velocidades relativistas absorbe la luz del propio cuásar y deja firmas características en el espectro observado. El efecto Doppler desplaza esas absorciones hacia el azul (blueshift) en una magnitud directamente proporcional a la velocidad del gas. En el caso de J2318, el análisis del espectro con el telescopio SDSS (Sloan Digital Sky Survey) reveló dos componentes de absorción claramente diferenciadas, lo que sugiere dos corrientes de viento con velocidades distintas dentro del mismo sistema.

El equipo de York también detectó variabilidad temporal: la cantidad de luz absorbida cambia entre observaciones separadas en el tiempo, lo que indica que algo en las condiciones del viento está evolucionando. Esa variabilidad abre la puerta a estudiar cómo cambia la estructura interna del viento en escalas de años, algo que hasta ahora era inaccesible para cuásares tan distantes.

Mi valoración

Lo que más me convence del estudio es la robustez de la metodología. Las firmas espectrales de los vientos UFO —absorciones de hierro ionizado desplazadas hacia el azul por el efecto Doppler— son inconfundibles cuando el gas se mueve a una fracción significativa de la velocidad de la luz. No es una inferencia estadística frágil.

Lo que más me preocupa es si J2318 es representativo o un caso extremo. Un solo objeto récord no es suficiente para generalizar sobre el papel de los UFOs en la evolución galáctica. El equipo lo reconoce explícitamente: la búsqueda continúa.

Lo más estructuralmente significativo es el «mediodía cósmico» como laboratorio natural. El universo nos ofrece la posibilidad de estudiar el estado pasado de los agujeros negros mirando objetos distantes, y eso permite reconstruir la historia de la formación galáctica.

La pregunta a 12 meses es si el James Webb Space Telescope o el futuro Extremely Large Telescope permitirán ampliar la muestra de cuásares a alto redshift para hacer estadística robusta. Mi predicción: en los próximos dos años habrá al menos tres hallazgos similares que confirmarán si J2318 es excepcional o el comienzo de una nueva categoría.

Preguntas frecuentes

¿Qué es el «mediodía cósmico» y por qué importa para este descubrimiento?

El mediodía cósmico es el periodo entre 1.600 y 3.500 millones de años tras el Big Bang cuando los agujeros negros supermasivos y la formación de estrellas alcanzaron su ritmo máximo simultáneamente. Es la época en que la interacción entre agujeros negros y galaxias fue más intensa, y por eso los cuásares de ese periodo son los más interesantes para entender cómo esa interacción moldeó el universo actual.

¿A qué distancia está J2318?

Es un cuásar distante observado durante el mediodía cósmico: la luz que vemos viajó miles de millones de años para llegar. No es un objeto cercano — es una ventana al universo joven. Su agujero negro, con 1.700 millones de masas solares, lo sitúa en el rango de los más masivos conocidos.

¿Por qué el viento ultravioleta y no el de rayos X?

Los vientos ultrarrápidos se han detectado antes a longitudes de onda de rayos X, a velocidades incluso mayores. Pero el ultravioleta permite caracterizar componentes del gas expulsado a mayor distancia del agujero negro y en estados de ionización diferentes, lo que complementa la imagen física de estos fenómenos. J2318 es el récord en esa longitud de onda específica.