California empieza a enterrar CO₂ bajo tierra: su primer proyecto de captura de carbono opera en Kern County

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California empieza a enterrar CO₂ bajo tierra: su primer proyecto de captura de carbono opera en Kern County

El debate sobre si la captura y almacenamiento de CO₂ (CCS, Carbon Capture and Storage) puede ser parte real de la solución climática lleva décadas en los informes del IPCC, en los presupuestos de los organismos de transición energética y en las promesas de compañías petroleras que se reinventan. El debate sobre si se puede hacer operativamente —pasar del concepto a la inyección real de dióxido de carbono bajo tierra— tiene una respuesta concreta desde el 26 de mayo de 2026: sí, al menos en California.

California Resources Corporation (NYSE: CRC) anunció ese día la primera inyección de CO₂ en su proyecto Carbon TerraVault I (CTV I), ubicado en el yacimiento de Elk Hills, en el condado de Kern. Es el primer proyecto CCS operativo de California y sitúa a CRC entre el grupo reducido de operadores en el mundo que han llevado un proyecto de este tipo desde la fase conceptual hasta la inyección real. Lo cubre Interesting Engineering.

Cómo funciona Carbon TerraVault I y qué lo hace novedoso

El mecanismo es más simple de lo que suena: CRC captura el CO₂ que genera su propia planta criogénica de gas en Elk Hills. En lugar de dejarlo escapar a la atmósfera, lo comprime y lo inyecta a través del pozo CTV I-26R en un depósito agotado de petróleo y gas natural que ahora actúa como almacén permanente. El CO₂ queda atrapado en la roca porosa a más de 1,6 km de profundidad, bajo varias capas de roca impermeable.

La capacidad de CTV I: hasta 1,46 millones de toneladas métricas de CO₂ por año. Equivale a las emisiones anuales de aproximadamente 350.000 vehículos. La capacidad total del yacimiento es de 38 millones de toneladas. Y eso es solo el depósito 26R: CRC tiene ocho depósitos adicionales del mismo yacimiento en proceso de obtener permisos, con un potencial de almacenamiento de unos 352 millones de toneladas métricas adicionales.

Lo técnicamente relevante no es solo que funcione, sino que CRC tiene los primeros permisos finales de Clase VI de la EPA para inyección y almacenamiento de CO₂ en California. Esos permisos —el equivalente a la autorización definitiva del regulador federal para un almacén permanente de CO₂— tardaron años en obtenerse, y su obtención a finales de 2024 desbloqueó el proyecto que hoy es operativo.

El proyecto es una joint venture entre CRC (51%) y Brookfield (49%), a través del Carbon TerraVault Joint Venture. Brookfield comprometió una inversión inicial de 500 millones de dólares a través de su Brookfield Global Transition Fund, el mayor fondo del mundo dedicado a la transición energética.

Por qué el CCS es polémico y por qué este proyecto importa de todos modos

La tecnología CCS tiene un historial incómodo. A diferencia de las renovables, cuyo coste ha caído décadas seguidas, el CCS sigue siendo caro comparado con su alternativa directa —no emitir el CO₂ en primer lugar—. Los críticos señalan que la CCS puede dar cobertura a industrias contaminantes para seguir operando bajo la promesa de capturar después lo que emiten. El argumento tiene base histórica: muchas promesas de CCS a escala industrial nunca llegaron a operación real.

La apuesta de Google por el gas natural con captura de carbono para alimentar sus centros de datos en Illinois genera el mismo debate: ¿es la CCS una solución real o un argumento para retrasar la electrificación? Lo que Carbon TerraVault I aporta a ese debate es un dato objetivo que no existía antes: una instalación CCS en California está operativa, inyectando CO₂ real, con permisos reales, a escala que importa.

La presidenta del California Air Resources Board, Lauren Sanchez, lo dijo con la precisión necesaria: «La captura, uso y almacenamiento de carbono es una pieza crítica del rompecabezas de las soluciones climáticas de California y una herramienta importante en la que contamos para alcanzar la neutralidad de carbono.» La neutralidad de carbono es la meta de California; la CCS es una de las palancas, no la única.

La máquina de Climeworks en Islandia que absorbe CO₂ del aire y lo convierte en piedra es la otra cara del espectro: la captura directa de aire (DAC) puede capturar CO₂ de cualquier fuente difusa, no solo industrial, aunque a coste mucho mayor. Convertir el CO₂ capturado en combustibles sintéticos —e-fuels para aviación o transporte marítimo— es otra alternativa al almacenamiento permanente que empezará a crecer a medida que el coste de captura caiga.

Mi valoración

Después de años cubriendo promesas de CCS que nunca llegaban a inyección real, Carbon TerraVault I me parece significativo precisamente por lo poco que tiene de espectacular. No es la mayor instalación del mundo ni la más barata. Es la primera de California, con permisos reales, operando en un yacimiento agotado que lleva décadas siendo bien conocido geológicamente. Eso es exactamente lo que necesitaba un mercado de CCS que llevaba demasiado tiempo siendo solo un argumento de PowerPoint.

Lo que más me convence es la lógica económica del proyecto. CRC captura el CO₂ de su propia planta criogénica —una emisión que ya produce y que ahora convierte en producto vendible: almacenamiento de carbono para terceros—. La Lauren Sanchez y el Cap-and-Invest de California generan una demanda de certificados de almacenamiento de carbono que le da precio a ese servicio. Es un modelo de negocio coherente, no un proyecto de imagen.

Lo que más me preocupa es la escala frente al problema. 1,46 millones de toneladas de CO₂ al año es una cifra significativa para un solo proyecto, pero California emite más de 320 millones de toneladas al año. CTV I aporta menos del 0,5% de las emisiones anuales del estado. El potencial de 390 millones de toneladas de almacenamiento en Elk Hills sería más relevante, pero requiere décadas de operación. La CCS puede ser parte de la solución climática; no puede ser su sustituto.

Preguntas frecuentes

¿Qué son los permisos de Clase VI y por qué son relevantes para el CCS?

Los permisos de Clase VI son la autorización de la EPA (Agencia de Protección Ambiental de EE.UU.) para pozos de inyección de CO₂ para almacenamiento geológico permanente. Son el estándar más exigente para pozos de inyección en EE.UU., requieren demostrar que la geología del lugar es adecuada para almacenamiento permanente sin riesgo de fuga, y su proceso de aprobación puede durar años. Carbon TerraVault I fue el primer proyecto en California en obtenerlos.

¿Es permanente el almacenamiento de CO₂ bajo tierra?

El objetivo del CCS es almacenamiento permanente: el CO₂ queda atrapado en la roca porosa del depósito por una combinación de factores físicos y químicos. Con el tiempo (décadas a siglos), el CO₂ puede disolverse en el agua subterránea y precipitarse como mineral carbonatado, lo que lo hace estructuralmente permanente. La supervisión regulatoria —incluyendo monitoreo de posibles fugas— es obligatoria durante la operación y durante décadas después del cierre.

¿Quién puede pagar a CRC por almacenar su CO₂ en Carbon TerraVault?

El modelo de negocio de CRC es ser un proveedor de almacenamiento de carbono para terceros: empresas industriales que necesitan reducir sus emisiones para cumplir con la regulación de California (Cap-and-Invest). Industrias como la petroquímica, la generación eléctrica de gas, el cemento o el acero son emisores difíciles de electrificar directamente y pueden usar CCS como herramienta de reducción de huella. CRC captura el CO₂ de sus propias instalaciones ahora, pero el objetivo es ampliar la fuente de captura a terceros.