Hace dieciocho meses, Cerebras Systems era una historia de advertencia sobre los riesgos geopolíticos del ecosistema de chips de IA. La startup de Sunnyvale había presentado su OPV en septiembre de 2024, solo para ver sus planes paralizados por una investigación de seguridad nacional sobre su mayor cliente. En octubre de 2025 retiró el registro. Ahora está de vuelta, con nuevas ambiciones. Lo publica Ana-Maria Stanciuc en The Next Web este 2 de mayo. Cerebras busca recaudar hasta 4.000 millones de dólares en su salida a bolsa en el Nasdaq bajo el ticker CBRS, a una valoración de 40.000 millones de dólares (unos 37.600 millones de euros al cambio aproximado de 0,94). Si lo consigue, sería la primera gran cotización de hardware de IA de 2026.
Qué hace Cerebras y por qué es diferente a Nvidia
Cerebras fabrica el chip comercial más grande del mundo, físicamente. Sus procesadores de escala de oblea (wafer-scale) son decenas de veces más grandes que una GPU Nvidia H100, una arquitectura que los hace especialmente eficientes para inferencia: la parte del proceso de IA que ejecuta los modelos ya entrenados para generar respuestas, no la fase de entrenamiento.
Esta distinción importa. El mercado de entrenamiento está dominado de forma casi total por Nvidia. Cerebras no apunta a desplazarla ahí, sino a competir en inferencia, donde la presión de márgenes crece más rápido y donde el volumen de demanda empieza a superar al de entrenamiento a medida que los modelos maduros se despliegan masivamente.
La empresa generó 510 millones de dólares en ingresos en 2025, un incremento del 76% sobre el año anterior. Los bancos encargados de la OPV son Morgan Stanley, Citigroup, Barclays y UBS Investment Bank, y el precio final podría conocerse a mediados de mayo si el roadshow va bien.
El contrato con OpenAI: la pieza que lo cambia todo
El salto en valoración, desde los 8.100 millones de dólares de septiembre de 2025 a los 40.000 millones actuales, no es solo entusiasmo de mercado. Hay un dato concreto detrás: el prospecto actualizado que Cerebras presentó el 17 de abril ante la SEC incluye un acuerdo multianuario con OpenAI por valor superior a 10.000 millones de dólares hasta 2028, que cubre hasta 750 megavatios de capacidad de inferencia.
Para una empresa con 510 millones de ingresos anuales, un contrato de esa magnitud cambia completamente la ecuación de visibilidad financiera. Es el tipo de ancla que los inversores institucionales buscan antes de una OPV grande: un cliente de referencia, un contrato a largo plazo, ingresos futuros predecibles.
La pregunta es si ese contrato justifica el salto de valoración. En septiembre de 2025 la empresa valía 8.100 millones. Una ronda privada en febrero de 2026 la llevó a 23.000 millones. Ahora busca 40.000 millones. Eso es casi un 400% de revalorización en ocho meses, antes de cotizar en mercados públicos.
El problema que casi mató la primera OPV: G42 y la revisión del CFIUS
La primera OPV de Cerebras colapsó por geopolítica, no por tecnología. G42, un conglomerado de IA con sede en Abu Dabi que tenía conexiones previas con socios chinos, era el mayor cliente de la empresa y acumulaba el 87% de sus ingresos en el primer semestre de 2024. El CFIUS (el comité que revisa inversiones extranjeras por razones de seguridad nacional) abrió una investigación sobre la participación de G42 en Cerebras.
La autorización llegó finalmente el 31 de marzo de 2025: G42 desinvirtió en sus posiciones chinas y restructuró su participación en Cerebras en acciones sin voto. El prospecto actual refleja ese resultado, pero la concentración de cliente sigue siendo un factor de riesgo y el documento lo menciona explícitamente.
Mi valoración
Llevo siguiendo el mercado de chips de IA desde los primeros benchmarks de la H100, y Cerebras es uno de esos casos donde la tecnología es genuinamente diferente pero el camino al mercado ha sido consistentemente más difícil de lo esperado.
Lo que más me convence del retorno es la secuencia de eventos. El contrato con OpenAI no es una promesa de carta de intenciones: está en el prospecto presentado ante la SEC, con cifras y plazos. Eso da una credibilidad que la primera OPV no tenía.
Lo que más me preocupa es la arquitectura de valoración. La carrera por los chips de IA enfrenta a múltiples actores con contratos multimillonarios: AMD tiene ya acuerdos de 6 gigavatios con OpenAI, Nvidia lleva años de ventaja en software y ecosistema. Cerebras es técnicamente singular pero sigue siendo una empresa de un solo producto con un cliente que representa una parte desproporcionada de sus ingresos. Si el contrato con OpenAI se renegocia o se reduce, el escenario financiero cambia.
La pregunta a doce meses no es si el chip de Cerebras funciona bien en inferencia (lo hace), sino si los márgenes brutos del prospecto demuestran que han resuelto el problema de fabricación a volumen. Hasta que los números no respalden esa tesis, Nvidia seguirá siendo el referente al que cualquier nuevo entrante en chips de IA se mide, independientemente de cuánto valga Cerebras en su primer día en el Nasdaq.
Preguntas frecuentes
¿Qué diferencia a Cerebras de Nvidia?
Cerebras fabrica procesadores de escala de oblea, físicamente mucho más grandes que las GPU de Nvidia, diseñados específicamente para inferencia. No compite con Nvidia en entrenamiento, donde Nvidia domina, sino en el despliegue de modelos ya entrenados para generar respuestas a escala.
¿Por qué fracasó la primera OPV de Cerebras en 2024?
La investigación del CFIUS sobre la participación del conglomerado emiratí G42 en la empresa bloqueó el proceso. G42 acumulaba el 87% de los ingresos de Cerebras en la primera mitad de 2024. La autorización del CFIUS llegó en marzo de 2025 tras la reestructuración del holding de G42.
¿Cuándo cotizará Cerebras en bolsa?
El objetivo es cotizar en el Nasdaq Global Select Market bajo el ticker CBRS. Si el roadshow transcurre según lo previsto, el precio podría fijarse a mediados de mayo de 2026, según fuentes citadas por Bloomberg e Investing.com.
