Investigadores de Stanford, Baylor y la Universidad de Colorado Boulder han identificado un metabolito en la sangre de las pitones birmanas que suprime el apetito en ratones sin causar pérdida de energía, problemas gastrointestinales ni pérdida muscular —tres de los efectos secundarios más comunes de los fármacos GLP-1 como Ozempic y Zepbound—. El metabolito se llama para-tiramina-O-sulfato (pTOS) y, lo más relevante para la investigación futura, también lo producimos los humanos de forma natural, aunque en cantidades mucho menores. El estudio acaba de ser publicado en la revista Nature.
Sí, la próxima generación de medicamentos para perder peso podría estar inspirada en serpientes de cuatro metros que comen una vez al año. Y sinceramente, como origen de un fármaco, es bastante más interesante que una lagartija venenosa (que es de donde vienen los GLP-1, inspirados en una hormona del monstruo de Gila).
¿Cómo descubrieron el pTOS?
El equipo partió de una pregunta evolutiva fascinante: ¿qué señales químicas permiten a las pitones birmanas pasar meses —incluso más de un año— entre comidas gigantescas en las que devoran presas que pueden pesar un 25% de su propio cuerpo?
Para averiguarlo, alimentaron a grupos de pitones jóvenes (de 1,5 a 2,5 kg) con comidas equivalentes al 25% de su peso corporal y analizaron su sangre. Las serpientes produjeron al menos 208 metabolitos distintos tras la ingesta, muchos de los cuales se dispararon a más de 32 veces su concentración normal. Pero el pTOS fue el outlier absoluto: sus niveles se multiplicaron por más de mil.
Cuando administraron pTOS a ratones de laboratorio en concentraciones similares a las detectadas en las pitones, el resultado fue selectivo y limpio. No hubo efecto sobre el gasto energético, la proliferación de células beta ni el tamaño de los órganos. Lo que sí reguló fue el apetito y el comportamiento alimentario de los ratones.
Jonathan Long, coautor del estudio y miembro del Wu Tsai Neurosciences Institute de Stanford, explicó por qué se lanzaron a buscar en serpientes: «Si realmente queremos entender el metabolismo, necesitamos ir más allá de ratones y personas y observar los extremos metabólicos más grandes que la naturaleza ofrece».
¿Por qué es diferente de los GLP-1?
La diferencia clave está en dónde actúa cada sustancia. Los fármacos GLP-1 (como semaglutida y tirzepatida) actúan sobre múltiples órganos del cuerpo, incluyendo el páncreas y el estómago. Esa amplitud de acción es lo que les da sus beneficios cardiovasculares, pero también lo que causa efectos secundarios como náuseas, problemas gastrointestinales y pérdida de masa muscular que preocupan a muchos pacientes y médicos.
El pTOS, en cambio, actúa de forma específica sobre el hipotálamo, la región del cerebro que gestiona el hambre, la sed y otros impulsos fisiológicos. Es un mecanismo más quirúrgico: suprime el apetito sin interferir con el resto del metabolismo.
Leslie Leinwand, autora principal del estudio y profesora distinguida de biología molecular en CU Boulder, lo resumió así: «Hemos descubierto básicamente un supresor del apetito que funciona en ratones sin algunos de los efectos secundarios que tienen los fármacos GLP-1».
¿Y los humanos producimos pTOS?
Sí, aunque en cantidades mucho menores. El equipo descubrió que el pTOS se produce por la descomposición de la tirosina —un aminoácido común en las proteínas— por parte de bacterias del intestino y el hígado. Los ratones no lo producen, pero los análisis de orina humana confirmaron que nosotros sí, especialmente después de comer.
Este dato es crucial porque significa que el pTOS no es una molécula exótica que habría que sintetizar desde cero: ya existe una ruta metabólica en humanos que lo genera. La investigación futura podría explorar cómo amplificar esa producción natural o cómo administrarlo como fármaco.
¿Cuánto falta para un medicamento?
Mucho. El estudio está en ratones y la distancia entre «funciona en ratones» y «funciona en humanos sin problemas» es, históricamente, un cementerio de moléculas prometedoras. Pero el equipo tiene más material para investigar: de los 208 metabolitos identificados, algunos aparecieron a niveles entre 500% y 800% por encima de su línea base. Cualquiera de ellos podría contener pistas adicionales.
La práctica de buscar compuestos farmacéuticos en venenos y fluidos de serpientes tiene precedentes exitosos. Los antihipertensivos derivados de veneno de serpiente y los anticoagulantes para tratar coágulos sanguíneos nacieron de esta línea de investigación. Los propios GLP-1 se inspiraron en una hormona del monstruo de Gila.
Mi lectura: este estudio no va a cambiar el mercado de medicamentos para perder peso mañana. Pero establece una nueva vía de investigación que ataca el problema más relevante de los GLP-1 actuales: los efectos secundarios que hacen que muchos pacientes abandonen el tratamiento. Un supresor del apetito que actúe solo sobre el hipotálamo, sin tocar el páncreas ni el estómago, sería un avance significativo. Que además lo produzcamos de forma natural abre la puerta a enfoques que van más allá de inyectarse un fármaco cada semana. Y que todo haya empezado con una pitón birmana que come una vez al año es, admitámoslo, mucho más interesante que la mayoría de los papers que leemos.
Preguntas frecuentes sobre pTOS y la sangre de pitón
¿Qué es el pTOS? Para-tiramina-O-sulfato (pTOS) es un metabolito descubierto en la sangre de pitones birmanas que suprime el apetito actuando específicamente sobre el hipotálamo, sin causar pérdida de energía ni problemas gastrointestinales en ratones.
¿Los humanos producimos pTOS? Sí, en cantidades pequeñas, a partir de la descomposición de la tirosina por bacterias del intestino y el hígado, especialmente después de comer.
¿Es un medicamento disponible? No. El estudio está en fase preclínica (ratones). La investigación en humanos y el desarrollo farmacéutico llevarán años.
¿En qué se diferencia de Ozempic? Los GLP-1 como Ozempic actúan sobre múltiples órganos (páncreas, estómago). El pTOS actúa específicamente sobre el hipotálamo, lo que en ratones elimina efectos secundarios como náuseas y pérdida muscular.
