Una proteína llamada DMTF1 logra “rejuvenecer” células madre del cerebro en el laboratorio

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Viajar al espacio envejece las células madre

El envejecimiento cerebral no se nota solo en las canas o en el cansancio mental al final del día. A nivel celular, el cerebro va perdiendo parte de su capacidad para fabricar neuronas nuevas, un proceso conocido como neurogénesis. Esto no implica que, al cumplir años, el cerebro “se apague”, pero sí que cambia el equilibrio: se reduce la renovación, algunas funciones se vuelven menos ágiles y el margen de recuperación ante estrés, enfermedad o lesiones se estrecha.

Una de las piezas más importantes en esta historia son las células madre neurales (NSC, por sus siglas en inglés). Son como una pequeña reserva de “semillas” que, bajo ciertas condiciones, pueden dividirse y dar lugar a neuronas y otros tipos de células del sistema nervioso. En un cerebro joven, esas semillas están más activas; con el tiempo, tienden a entrar en un estado de quietud, casi como si pasaran de estar “en primera línea” a quedarse en la banca.

El desgaste de los telómeros como freno biológico

Entre las causas más estudiadas de ese frenazo están los telómeros, unas estructuras que protegen los extremos del ADN. Una metáfora útil es la de los capuchones de plástico de los cordones: mientras están intactos, el cordón no se deshilacha; cuando se desgastan, el cordón empieza a abrirse y pierde integridad. En las células, los telómeros se acortan con cada división, y cuando están demasiado deteriorados, la célula puede dejar de dividirse con normalidad o activar respuestas de daño que limitan su regeneración.

En el caso de las células madre neurales, esa erosión telomérica se asocia con menor capacidad de proliferación y con una tendencia a la dormancia. A largo plazo, ese cambio encaja con una menor producción de neuronas nuevas, lo que puede influir en funciones ligadas al aprendizaje y la memoria, aunque traducir estos hallazgos directamente a mejoras cognitivas en humanos requiere mucha prudencia.

El hallazgo: DMTF1 como interruptor que reactiva la renovación celular

Un equipo de la Universidad Nacional de Singapur (NUS) ha identificado una proteína, DMTF1 (cyclin D-binding myb-like transcription factor 1), que puede ayudar a rescatar parte de esa capacidad perdida en modelos de laboratorio. El trabajo se publicó en Science Advances y combina análisis en células madre neurales humanas cultivadas y experimentos en modelos murinos.

Para entender el papel de DMTF1 conviene situarla: es un factor de transcripción, una clase de proteínas que se pegan al ADN y actúan como un “director de orquesta” que indica qué genes deben encenderse o apagarse. No es una proteína desconocida para la biología, pero su vínculo específico con la actividad de las células madre neurales durante el envejecimiento es lo novedoso del estudio.

El equipo observó que DMTF1 aparece en niveles más altos en estados celulares más jóvenes y que, cuando esos niveles caen en condiciones asociadas a envejecimiento, las células pierden capacidad de multiplicarse. Al elevar artificialmente DMTF1 en células “envejecidas” en el laboratorio, se recuperó su capacidad proliferativa, como si se volviera a dar cuerda a un mecanismo que se había quedado atascado.

El “atajo” biológico: no repara telómeros, pero reabre el acceso a genes de crecimiento

Un detalle clave es que aumentar DMTF1 no parece “alargar” los telómeros. Es decir, no estaría arreglando el desgaste original del capuchón del cordón. Lo que hace, según los autores, es habilitar una ruta alternativa para que la célula vuelva a entrar en un ciclo de división y renovación pese a tener telómeros dañados.

El mecanismo propuesto pasa por dos genes auxiliares, Arid2 y Ss18, que DMTF1 activa. Estos genes están relacionados con complejos que modifican cómo se “empaqueta” el ADN dentro de la célula, algo parecido a aflojar un cinturón demasiado apretado. Cuando el ADN está muy compacto, muchos genes quedan inaccesibles; si se relaja esa estructura, ciertos genes pueden volver a expresarse. En este caso, la activación de Arid2 y Ss18 favorecería la puesta en marcha de genes asociados a proliferación y a la reentrada en el ciclo celular, a través de una vía descrita por los autores como un eje SWI/SNF–E2F.

Contado en cotidiano: si una oficina ha archivado bajo llave los documentos necesarios para contratar personal nuevo, DMTF1 no reconstruye el edificio ni repara los desperfectos antiguos; consigue la llave para abrir el archivo y volver a tramitar contrataciones, con todo lo que eso implica para la actividad del “departamento” de regeneración neuronal.

Qué se ha probado realmente y qué no

Aquí es donde conviene separar expectativas de evidencia. El estudio se mueve en el terreno de modelos celulares y animales, con un foco muy específico: la capacidad de proliferación/activación de células madre neurales bajo condiciones de disfunción telomérica o envejecimiento simulado. Esto es valioso porque ayuda a entender engranajes básicos del envejecimiento cerebral, pero no equivale a demostrar que se pueda mejorar memoria, aprendizaje o prevenir demencia en personas.

Ni el propio equipo presenta el resultado como una terapia lista para usar. En comunicaciones institucionales de NUS se habla de un posible objetivo terapéutico futuro, con la idea de explorar estrategias que aumenten la expresión o la actividad de DMTF1, incluso buscando pequeñas moléculas que la potencien. En paralelo, hay artículos divulgativos que han resumido el hallazgo con titulares llamativos, subrayando que ocurre “en el laboratorio”, un matiz que marca toda la diferencia.

El gran “pero”: crecimiento celular y riesgo de tumores

Cuando una investigación toca palancas que impulsan la división celular, aparece un tema inevitable: la seguridad. Reactivar la proliferación puede ser deseable si lo que queremos es regeneración, pero también puede aumentar el riesgo de crecimiento descontrolado. La literatura científica ha vinculado DMTF1 a rutas relevantes en cáncer y control del ciclo celular, lo que obliga a ser extremadamente cuidadosos con cualquier idea de intervención sostenida o generalizada.

El propio equipo menciona como siguiente paso estudiar si elevar DMTF1 podría mejorar funciones como aprendizaje y memoria sin incrementar el riesgo de tumores cerebrales, primero en animales y bajo condiciones controladas. Dicho de otra forma: la ciencia ha localizado un interruptor prometedor, pero todavía falta diseñar el “circuito de seguridad” para que ese interruptor no encienda algo que no queremos.

Cómo encaja en la conversación actual sobre longevidad cerebral

Este tipo de hallazgos se suman a un campo cada vez más activo que busca comprender por qué el cerebro pierde plasticidad con la edad y qué partes de ese proceso podrían modularse. En paralelo, las recomendaciones con mejor respaldo para mantener salud cerebral siguen siendo sorprendentemente terrenales: sueño suficiente, actividad física, dieta equilibrada, control de factores cardiovasculares, vínculos sociales, aprendizaje continuo. Ninguna de estas medidas funciona como un “botón de reset”, pero sí como un mantenimiento constante, como quien cuida una bicicleta para que no se oxide.

La diferencia es que DMTF1 apunta a una palanca molecular concreta dentro de las células madre neurales, conectando telómeros, regulación genética y capacidad regenerativa. Si futuras investigaciones logran traducirlo a intervenciones seguras, podría abrir una vía complementaria a los enfoques de estilo de vida, no para reemplazarlos, sino para reforzar la resiliencia del cerebro cuando el desgaste biológico pesa más.