Durante años, hablar de SpaceX era, casi automáticamente, hablar de Marte. Elon Musk ha repetido una y otra vez que fundó la compañía con la idea de empujar a la humanidad fuera de la Tierra y, en su imaginario, el destino natural es el planeta rojo. La Luna quedaba relegada a un papel secundario, útil como ensayo general, pero poco más. De hecho, no hace tanto, Musk llegó a calificarla como una “distracción” frente al objetivo marciano.
Por eso llamó la atención que, en los últimos días, el propio Musk haya verbalizado un giro claro: el plan de asentamiento de SpaceX pone ahora el foco primero en construir una ciudad lunar “autosostenible” y dejar Marte para después, aunque sin abandonarlo. La fuente de estas afirmaciones está en una serie de mensajes publicados por Musk en X y recogidos por Space.com en un análisis que ha circulado ampliamente en el ecosistema espacial.
Velocidad de iteración: la Luna como “laboratorio” a dos días de casa
El argumento principal de Musk es sencillo de entender si lo llevamos a un ejemplo cotidiano. Imagínate que estás montando un restaurante y cada vez que quieres probar un cambio en el menú tienes que esperar más de dos años para abrir la puerta y ver si funciona. Eso, básicamente, es Marte: las ventanas de lanzamiento favorables se abren aproximadamente cada 26 meses, y el viaje puede durar alrededor de seis meses.
La Luna, en cambio, sería como tener una cocina de pruebas al otro lado de la ciudad. Musk sostiene que se puede viajar hacia allí con mucha más frecuencia, incluso cada pocos días, y llegar en torno a dos días. La consecuencia directa es que puedes equivocarte, corregir, volver a intentar y repetir el ciclo mucho más rápido. En el desarrollo tecnológico, esa “cadencia de ensayo y error” suele ser oro puro.
Desde este enfoque, una ciudad en la Luna no es solo una meta en sí misma: también sería el lugar donde SpaceX podría perfeccionar los sistemas que luego necesitará para Marte, pero con un coste temporal (y operativo) mucho menor.
El miedo a la catástrofe: por qué Musk habla de supervivencia, no solo de ambición
Hay un segundo motivo, más emocional y a la vez más estratégico: el riesgo de que un desastre natural o provocado por el ser humano corte el suministro desde la Tierra. Musk lo planteó de forma directa: le preocupa que una colonia que dependa de reabastecimientos regulares pueda “morir” si se interrumpe la cadena logística.
Aquí la Luna vuelve a ganar por proximidad. Si tienes una base a dos días de viaje, cualquier interrupción se puede gestionar con más margen y con más oportunidades de respuesta. Si la base está en Marte, con ventanas de lanzamiento cada 26 meses, el modelo se parece más a vivir en una isla remota donde los barcos pasan muy de vez en cuando: necesitas una autosuficiencia extrema desde el principio.
En este marco, Musk insiste en que la Luna podría convertirse en una colonia “auto-creciente” en menos de una década, mientras que Marte requeriría más de veinte años, justamente por ese ritmo de iteración mucho más lento.
Starship como pieza central: carga masiva, reabastecimiento en órbita y el gran “pendiente”
Todo esto, sin embargo, depende de una sola palabra: Starship. El megacohete totalmente reutilizable es el vehículo que SpaceX necesita para poner sobre la mesa lo que Musk promete: transportar “cantidades masivas” de carga a la Luna y, a partir de ahí, construir infraestructura.
En su actualización reciente, Musk remarcó avances como el trasvase de propelente en el espacio. Traducido a algo más terrenal: es como intentar hacer un repostaje de camión cisterna… pero en mitad de la autopista, de noche, y sin arcén. Es una maniobra compleja, crítica para que Starship pueda salir de la órbita terrestre con combustible suficiente.
La propia lógica de las misiones lunares previstas implica múltiples lanzamientos “tanque” para llenar de propelente la nave principal antes de enviar el conjunto hacia la Luna. Se habla de cifras de dos dígitos en vuelos de repostaje. Es una arquitectura ambiciosa y, por eso mismo, frágil: cuantos más pasos, más cosas pueden fallar.
La Luna como fábrica: recursos locales, “mass driver” y Kardashev
Musk también ha ligado el enfoque lunar a una idea más amplia de industria espacial: usar recursos de la Luna para fabricar allí mismo, como quien decide cultivar verduras en casa para no depender del supermercado. En su planteamiento, la manufactura lunar permitiría construir satélites y desplegarlos más allá, reduciendo la necesidad de lanzar todo desde la Tierra.
Entra aquí un concepto llamativo: un electromagnetic mass driver, básicamente un sistema para acelerar y “lanzar” material desde la superficie lunar al espacio usando electromagnetismo, como una catapulta tecnológica. La propuesta conecta con otra obsesión muskeana: escalar en la escala de Kardashev, la clasificación teórica que ordena civilizaciones según la energía que son capaces de controlar. Musk lo enlaza con la posibilidad de desplegar enormes capacidades energéticas e industriales relacionadas con IA y satélites, algo que también mencionó en el contexto de infraestructuras orbitales.
Conviene leer esto como visión de largo alcance más que como hoja de ruta cerrada. Es el tipo de ideas que suenan gigantescas porque lo son, y porque aún dependen de tecnologías que no están probadas a la escala necesaria.
NASA, Artemis y el calendario: la Luna también es un contrato (y una presión)
Este giro no ocurre en el vacío. Desde 2021, NASA eligió a Starship como módulo de alunizaje tripulado para el programa Artemis, cuyo objetivo es volver a llevar astronautas a la superficie lunar y establecer una presencia sostenida. Según el cronograma que se maneja en el entorno del programa, Artemis 3 sería la misión que bajaría astronautas con Starship, con una expectativa situada en 2028 si todo encaja.
Pero “si todo encaja” pesa mucho en esta frase. Antes debe volar Artemis 2, una misión de sobrevuelo lunar tripulada. Y, sobre todo, Starship debe completar hitos esenciales: demostrar capacidad orbital plena, validar maniobras clave y, especialmente, hacer realidad el reabastecimiento en órbita con fiabilidad.
También hay un elemento político-administrativo. El liderazgo de NASA ha estado en movimiento y, según lo publicado por Space.com, en meses recientes hubo voces internas preocupadas por el ritmo de desarrollo de Starship y la posibilidad de abrir la competencia a otros actores. La competencia tiene nombre y apellido: Blue Origin, que también está empujando fuerte hacia soluciones lunares.
¿Y Marte? Un aplazamiento, no un adiós
Musk ha intentado encuadrar el cambio como una cuestión de prioridades temporales. En sus mensajes recientes, sugirió que el trabajo hacia Marte continuaría “en paralelo”, pero con la Luna como foco inicial. Incluso llegó a deslizar fechas tentativas para una misión tripulada a Marte en la próxima década, aunque este tipo de predicciones históricamente han sido móviles en el sector espacial.
Lo importante es el matiz: no se trata de que SpaceX “olvide” Marte, sino de que el camino hacia Marte podría pasar por construir primero una base de pruebas y una economía incipiente en la Luna, con ciclos de aprendizaje más rápidos y una logística menos implacable.
