En la industria del software, los nombres no son solo etiquetas bonitas: funcionan como el letrero de una tienda en una calle llena de escaparates. Si dos negocios colocan carteles casi iguales, el peatón entra donde no quería. Eso es, en esencia, lo que Autodesk sostiene que está ocurriendo con Google y el uso de Flow para un producto de IA orientado a la creación de vídeo.
Según informó Reuters y recogió The Verge, Autodesk ha presentado una demanda en un tribunal de California para frenar el uso del nombre Flow por parte de Google en su herramienta de generación de vídeo con inteligencia artificial. El argumento central es el riesgo de confusión entre clientes, especialmente en un momento en el que el mercado creativo está inundado de herramientas con promesas parecidas y nombres cada vez más cortos y memorables.
Qué es Flow para Autodesk y por qué le importa tanto
Autodesk es conocida por su ecosistema de software de diseño y 3D, muy presente en arquitectura, ingeniería, fabricación y producción audiovisual. En 2022, la compañía presentó Flow como una plataforma en la nube pensada para cineastas y creadores, un paraguas de soluciones para organizar y acelerar flujos de trabajo en producción y postproducción. Con el tiempo, Autodesk fue desplegando productos bajo esa marca, como Flow Studio, descrito como una herramienta que emplea IA para transformar metraje de acción real en escenas 3D.
La clave aquí no es solo el nombre, sino el contexto: Autodesk afirma que Flow identifica una familia de herramientas orientadas a la creación audiovisual y, por tanto, se mueve en un terreno muy cercano al que hoy ocupa la generación de vídeo por IA. Es como si una empresa de cámaras llamara “Lente” a su línea profesional y, de pronto, una gran tecnológica lanzara “Lente” para su app de fotografía automática. Aunque sean productos distintos en detalles, el usuario percibe un parentesco inmediato.
El Flow de Google: un lanzamiento reciente con mucha visibilidad
Google lanzó su app de vídeo con IA llamada Flow en mayo de 2025, y la propia demanda sostiene que ese movimiento es el detonante del conflicto. Autodesk asegura que, tras el lanzamiento, pidió a Google que dejara de usar ese nombre. La respuesta que atribuye a Google fue que la comercializaría como Google Flow, no solo como “Flow”, insinuando una diferenciación clara mediante el apellido de la marca corporativa.
Esa diferencia, sobre el papel, puede parecer suficiente. En la práctica, los hábitos de los usuarios suelen recortar nombres: nadie dice “voy a buscar en Google Search” cuando con “Google” le basta, ni “voy a ver un vídeo en YouTube de Google”. En conversaciones, titulares, publicaciones en redes y reseñas, el nombre corto suele imponerse. Por eso, para Autodesk, la coexistencia de dos “Flow” en el universo creativo incrementa el riesgo de que la gente mezcle referencias, recomiende el producto equivocado o atribuya funciones a quien no corresponde.
La acusación de “malentendidos” y la confusión ya visible
Autodesk sostiene que la confusión ya se ha manifestado. La demanda recoge ejemplos en los que personas en redes sociales, medios y usuarios del producto de Google habrían llamado al producto de Google Flow Studio, un nombre que Autodesk utiliza dentro de su propia familia Flow. Es un tipo de error muy ilustrativo porque no es solo confundir “Flow” con “Flow”, sino mezclar directamente un subproducto concreto.
Para entenderlo con una metáfora cotidiana: imagina que pides “Panadería Aurora” en un barrio y, por el parecido, terminas entrando en “Aurora Café”. No solo te equivocas de local; acabas pidiendo “el croissant de la panadería”, algo que ni siquiera existe en el menú del café. En tecnología, ese tipo de confusión puede traducirse en frustración del usuario, soporte técnico desperdiciado, reseñas negativas mal dirigidas y, sobre todo, erosión del valor de una marca.
El detalle de la marca registrada y el movimiento en Tonga
Uno de los puntos más llamativos del caso es la alegación de Autodesk sobre la estrategia de registro de marca. La empresa afirma que Google presentó una solicitud de marca en el Reino de Tonga, descrito en la demanda como un lugar donde las solicitudes “no suelen estar disponibles públicamente”, y que después utilizó esa solicitud para respaldar el intento de registrar “Flow” en Estados Unidos como nombre independiente.
Este tipo de maniobras, cuando aparecen en litigios de marcas, suelen usarse para argumentar mala fe, anticipación estratégica o intentos de construir prioridad registral de forma menos visible. No significa automáticamente que sea ilegal; significa que Autodesk quiere convencer al tribunal de que no se trató de un simple malentendido entre equipos de marketing, sino de una planificación que perjudica su señal distintiva.
Qué pide Autodesk al tribunal y qué podría cambiar si gana
Autodesk solicita que se impida a Google usar la marca Flow, junto con daños y perjuicios no especificados por la supuesta infracción. En casos así, el remedio más habitual, si el demandante triunfa, pasa por una orden judicial que obligue a renombrar el producto, ajustar materiales de marketing, modificar dominios, documentación y presencia en tiendas de apps. En productos de IA con gran visibilidad, el cambio de nombre no es un simple retoque: puede afectar al reconocimiento público, a la cobertura mediática, a tutoriales, a integraciones y a búsquedas.
El conflicto también refleja una realidad del sector: las grandes tecnológicas lanzan herramientas a un ritmo alto, y muchas veces el naming global choca con marcas ya existentes en verticales específicos. Para una compañía con el peso de Google, convivir con “Google Flow” podría sonar razonable internamente; para Autodesk, que construye una familia de productos creativos bajo Flow, esa convivencia puede sentirse como competir con un megáfono al lado del propio escaparate.
Por qué este caso importa a la industria creativa
La disputa no se limita a un pleito corporativo; toca una fibra sensible en el ecosistema creativo: la IA generativa está entrando en procesos de producción audiovisual, y cada vez más herramientas prometen acelerar tareas que antes requerían equipos grandes o tiempos largos. En ese escenario, la confianza en la marca funciona como atajo mental. Si un estudio escucha “Flow” en una conversación, necesita saber si están hablando de una plataforma de producción de Autodesk o de un generador de vídeo de Google. Cuando el atajo falla, el coste se paga en tiempo, decisiones erróneas y expectativas mal calibradas.
También hay un punto de pedagogía para el usuario final: no todo lo que suena parecido pertenece al mismo “ecosistema”, aunque comparta palabras como Studio, Flow o AI. La economía de nombres cortos, sumada a la velocidad del ciclo mediático, tiende a aplastar matices.
Qué se sabe de la reacción de Google
De acuerdo con la cobertura citada, Google no respondió de inmediato a solicitudes de comentarios sobre la demanda. Ese silencio inicial es común cuando hay litigios activos, porque cualquier declaración pública puede terminar formando parte del expediente o ser interpretada como admisión de intenciones.
Mientras tanto, el caso seguirá su curso con los pasos típicos: alegaciones, posibles mociones preliminares y, si no hay acuerdo, una evaluación judicial sobre la probabilidad de confusión, la fuerza del distintivo “Flow” en el mercado relevante y el comportamiento de las partes en el uso y registro de la marca.
