OpenAI ha empezado a probar anuncios en ChatGPT en Estados Unidos con una idea que repite como mantra: la publicidad sirve para financiar acceso, no para cambiar lo que el modelo contesta. La prueba se dirige a usuarios adultos que hayan iniciado sesión y que estén en los planes Free y Go; el resto de niveles, como Plus, Pro, Business, Enterprise y Education, quedan fuera de la experiencia con anuncios, al menos por ahora. La compañía lo encuadra como un test “para aprender y escuchar”, con el objetivo de afinar el formato antes de cualquier ampliación.
La promesa central es fácil de entender si lo llevamos a una escena cotidiana: imagina que pides consejo a una persona experta y, después de ayudarte, te muestra un folleto patrocinado en una mesa aparte. OpenAI insiste en que ese folleto no interfiere en el consejo que acabas de recibir. En su documentación de soporte, lo formula de forma tajante: los anuncios funcionan en sistemas separados del modelo conversacional y el anunciante no puede “dar forma” a las respuestas ni alterarlas.
Quién verá anuncios y dónde aparecen
Durante esta fase inicial, los anuncios se muestran a un subconjunto de personas en EE. UU. dentro de los planes Free y Go, siempre con sesión iniciada y con restricción de edad. La empresa afirma que no mostrará publicidad cuando el usuario indique que es menor de 18 años o cuando sus sistemas lo predigan.
En cuanto a la colocación, el planteamiento busca minimizar la confusión: el anuncio se presenta claramente etiquetado como patrocinado y separado visualmente del contenido “orgánico” del chat. Medios que han cubierto el anuncio del test describen el bloque publicitario como un elemento situado por debajo de la conversación, con el objetivo de que quede claro qué parte es respuesta y cuál es promoción.
Cómo se decide qué anuncio te enseñan
La parte que suele generar más preguntas no es el “dónde”, sino el “por qué me sale esto”. OpenAI explica que, durante la prueba, la selección se hace emparejando anuncios enviados por anunciantes con señales de relevancia. Entre ellas menciona el tema de la conversación, el historial de chats y las interacciones previas con anuncios, como ocultarlos o tocarlos. Lo ilustra con un ejemplo simple: si estás investigando recetas, podrías ver anuncios de kits de comida o entrega a domicilio.
Aquí conviene leer la letra pequeña con calma. “Relevancia” puede sonar inocente, como cuando una tienda te recomienda pan si compras queso. El matiz es que en una interfaz conversacional las señales pueden ser más íntimas que una simple lista de compra, porque la gente consulta dudas personales, decisiones laborales o comparativas de productos. Por eso OpenAI subraya un límite: el anunciante no recibe tus mensajes, ni tu historial, ni tus “memories”, ni datos personales; solo obtiene métricas agregadas de rendimiento, como visualizaciones o clics.
Privacidad y “temas sensibles”: el cortafuegos que promete OpenAI
Si algo sostiene este experimento es la privacidad. OpenAI afirma que las conversaciones se mantienen privadas frente a anunciantes y que la segmentación se hace sin compartir el contenido del chat con terceros.
Hay otro punto relevante: en esta fase, OpenAI asegura que los anuncios no son elegibles para aparecer cerca de temas sensibles o regulados, con ejemplos explícitos como salud, salud mental o política. La lógica es clara: si un chatbot se usa para asuntos delicados, la presencia de publicidad puede percibirse como invasiva o, peor, como un intento de influir. La compañía presenta estas restricciones como salvaguardas iniciales que se ampliarían “responsablemente” según maduren los sistemas.
Control del usuario: salir de los anuncios a cambio de menos mensajes
OpenAI no solo habla de límites, también de palancas de control. En su explicación, el usuario puede gestionar qué anuncios ve, ocultarlos, enviar feedback, consultar por qué se le muestra uno concreto, borrar datos publicitarios con un toque y administrar la personalización. En el caso del plan gratuito, plantea una opción particular: optar por no ver anuncios a cambio de menos mensajes gratuitos al día. Es el clásico trueque de muchos servicios digitales, traducido al terreno de la IA: pagar con dinero, pagar con atención o pagar con restricciones de uso.
Ese intercambio abre un debate interesante sobre el valor de la conversación. En redes sociales, la publicidad suele ser el “peaje” por mirar contenido. En un asistente, el “peaje” se parece más al de una herramienta de trabajo: si dependes de ChatGPT para estudiar o resolver tareas, una reducción de mensajes diarios puede sentirse como un recorte de productividad. La respuesta de OpenAI es que mantener rápido y fiable el servicio gratuito requiere infraestructura y que la publicidad ayuda a sostener esa inversión.
Un mercado que se mueve: socios, críticas y la batalla por la confianza
El test de anuncios no vive en el vacío. El mismo día, Adobe publicó que colabora como socio piloto para explorar cómo integrar publicidad de forma “cuidadosa” en ChatGPT, conectándolo con su visión de marketing y medición en un mundo donde los modelos conversacionales influyen en decisiones de compra. Es una señal de que el experimento no es solo un banner aislado, sino un posible nuevo canal publicitario que las grandes plataformas de marketing quieren entender pronto.
En paralelo, la conversación pública ha sido intensa. Medios como Axios y The Verge han destacado el giro que supone pasar de una experiencia históricamente sin anuncios a un modelo con patrocinio en ciertos planes, insistiendo OpenAI en la independencia de las respuestas. También se ha colado la rivalidad del sector: TechRadar recogió el roce con Anthropic tras una campaña publicitaria en la Super Bowl que satirizaba la idea de anuncios “metidos” en conversaciones emocionales, con la respuesta de Sam Altman recalcando que OpenAI no insertaría anuncios dentro de la respuesta como tal, sino en un espacio separado y marcado.
Todo esto importa por una razón: en un chatbot, la confianza es parte del producto. Si el usuario sospecha que una recomendación está condicionada por un patrocinador, la utilidad cae en picado, igual que desconfiarías de un amigo que solo aconseja el restaurante que le paga comisión. De ahí que OpenAI repita, una y otra vez, que los anuncios no influyen en las respuestas y que se mantendrá una separación visible.
Qué observar a partir de ahora si usas ChatGPT
Este test deja varios indicadores prácticos para el usuario. El primero es visual: que el anuncio esté etiquetado y separado sin ambigüedades. El segundo es de contexto: si se cumple la promesa de no aparecer en temas sensibles. El tercero es de control: que los ajustes para gestionar personalización, historial y borrado de datos sean claros y accesibles. OpenAI afirma que su enfoque es gradual y que ampliará el programa conforme recoja feedback, lo que sugiere que el diseño final dependerá tanto de la reacción del público como del rendimiento publicitario.
En la práctica, el éxito del formato se juega en algo tan humano como la sensación de “me están ayudando” frente a “me están vendiendo”. Si OpenAI logra que el bloque patrocinado funcione como un escaparate útil, sin contaminar la conversación, la publicidad podría convertirse en una pieza más del ecosistema. Si la línea se difumina, la experiencia se resentirá justo donde ChatGPT ha ganado terreno: en ser un espacio de consulta que se siente personal, directo y confiable.
