Hay ideas que se pegan como un villancico repetido en un centro comercial: aunque cambies de tienda, la melodía sigue. El llamado mito del suicidio en Navidad funciona así. Cada final de año reaparece en titulares, columnas de opinión y conversaciones familiares como si fuera un hecho comprobado: que durante las fiestas aumenta la tasa de suicidio. El problema es que, según el análisis del Annenberg Public Policy Center (Universidad de Pensilvania), esa afirmación siguió colándose en parte de la cobertura mediática de Estados Unidos durante las fiestas de 2021-2022, pese a que los datos disponibles no la respaldan.
La persistencia no es menor: cuando una idea falsa se repite con tono de “todo el mundo sabe que…”, gana apariencia de verdad. Y en temas de salud mental esa apariencia puede tener consecuencias prácticas: desde cómo interpretamos el malestar propio hasta qué recursos priorizan los medios y las instituciones.
Lo que dicen los datos: diciembre no es el pico
La intuición popular parece lógica: cenas tensas, duelo por ausencias, presión económica, soledad. Es fácil pensar que esas piezas encajan como un dominó que termina en tragedia. El punto es que la estadística no sigue siempre el guion emocional que imaginamos.
El propio CDC (a través de su National Center for Health Statistics) ha señalado un patrón consistente: diciembre suele registrar las cifras más bajas de suicidio, mientras que los picos se concentran en otras épocas del año, con repuntes que tienden a aparecer en primavera y otoño. En el análisis citado por Annenberg, los meses del periodo festivo (noviembre a enero) aparecen, en promedio, entre los más bajos.
Incluso con un matiz importante: los datos provisionales mostraban que el número total de suicidios en EE. UU. aumentó en 2021 respecto a 2020, tras dos años de descenso. Aun así, el promedio diario de suicidios en enero y diciembre de 2021 se situó entre los más bajos del calendario anual. Es decir, puede existir un aumento anual y, al mismo tiempo, no existir un “pico navideño”. Son dos frases que pueden convivir, aunque suenen contradictorias cuando se cuentan a toda prisa.
Cómo los medios sostienen o corrigen la idea
El equipo del Annenberg Public Policy Center lleva más de dos décadas observando cómo la prensa trata este tema, revisando historias publicadas durante el tramo de fiestas. En la temporada 2021-2022 identificaron un número relativamente bajo de piezas que conectaban explícitamente Navidad y suicidio, y hallaron un reparto llamativo: algo más de la mitad respaldaba el mito, mientras que el resto lo desmentía.
Ese detalle ayuda a entender la mecánica del error. No siempre nace de mala fe. A veces es una frase que se cuela como relleno retórico para darle dramatismo a un texto sobre “la tristeza navideña”. Otras veces aparece en una respuesta tipo consultorio, donde el autor quiere mostrar empatía y recurre a una “estadística” sin comprobarla. Y cuando una afirmación suena plausible, se comparte sin fricción, como cuando alguien reenvía un consejo de salud por mensajería porque “por si acaso”.
En el otro lado están las piezas que hacen algo más costoso: mirar datos, citar fuentes y matizar. Esas historias suelen recordarnos que el malestar en fiestas puede ser real sin necesidad de convertirlo en una curva ascendente de muertes.
Por qué esta desinformación puede hacer daño
Una mentira repetida sobre el calendario no es un simple error de agenda. En prevención se habla del riesgo de contagio o efecto imitativo: ciertos enfoques mediáticos pueden aumentar la vulnerabilidad en personas que ya están en el borde, sobre todo si el relato presenta el suicidio como algo “esperable” o “típico” en una fecha.
Aquí la metáfora útil es la del clima. Decir “en diciembre hay más suicidios” es como anunciar “se acerca una tormenta” sin que haya nubes. Algunas personas buscarán refugio; otras, que ya están asustadas, sentirán que la amenaza es inevitable. Y cuando lo inevitable se instala en la cabeza, la sensación de salida se estrecha.
Por eso existen recomendaciones nacionales para informar sobre suicidio elaboradas por organizaciones de periodismo y prevención, con participación de grupos como Annenberg. La idea central es sencilla: no exagerar tendencias, no presentar supuestas “epidemias estacionales” sin base, consultar fuentes robustas como el CDC, contextualizar y ofrecer recursos de ayuda. En 2022, un cambio clave en Estados Unidos fue la implantación de 988 como número nacional de apoyo en crisis, renombrando el servicio como 988 Suicide & Crisis Lifeline, un ejemplo de información práctica que sí conviene incluir cuando se aborda el tema.
El contexto que confunde: tristeza, duelo y pandemia
Que el mito sea falso no significa que las fiestas sean fáciles para todo el mundo. Aquí conviene separar dos planos: el emocional y el estadístico. En el plano emocional, es cierto que diciembre concentra ingredientes complicados. El duelo se nota más cuando el calendario te empuja a “celebrar”. La soledad pesa más cuando la publicidad insiste en mesas llenas. La economía aprieta cuando el gasto social se vuelve casi obligatorio.
En el plano estadístico, esa mezcla no se traduce automáticamente en más muertes por suicidio. Dan Romer, director de investigación del Annenberg Public Policy Center, lo expresaba con prudencia: hay factores que “parecen” apoyar el mito, como la conversación sobre depresión estacional o “holiday blues”, pero no deberíamos saltar a la conclusión de que eso dispara el suicidio.
La pandemia añade otra capa. Encuestas citadas en el informe mostraban niveles elevados de síntomas de ansiedad o depresión en adultos jóvenes en un periodo concreto entre finales de 2021 e inicios de 2022, por encima del promedio general. Es una señal importante: la carga emocional existe y puede aumentar en grupos específicos, aunque el mito de “Navidad = pico de suicidios” no sea correcto.
Qué pueden hacer periodistas y lectores para no caer en la trampa
En tecnología hablamos mucho de “higiene digital”: verificar, rastrear fuentes, desconfiar de capturas sin contexto. Con la información sobre prevención del suicidio hace falta una higiene similar, solo que el coste de equivocarse es más alto. Si un artículo menciona aumentos estacionales, lo razonable es preguntar: ¿qué fuente lo respalda?, ¿de qué país y de qué años hablamos?, ¿son datos provisionales o definitivos?, ¿se trata de tasas o de números absolutos?
Para periodistas, el reto es narrativo. La tentación de usar el mito como atajo dramático es grande porque encaja con el imaginario cultural de “fiestas difíciles”. La alternativa exige más trabajo: explicar que puede haber sufrimiento sin que exista un incremento estadístico, dar voz a especialistas, y ofrecer recursos verificables. Para lectores, la tarea es no convertir una sensación personal en una ley general. Que tu diciembre sea duro no significa que “en diciembre suba todo”. A veces el calendario emocional y el calendario epidemiológico caminan por calles distintas.
Si algo deja claro el seguimiento de Annenberg es que corregir un mito no depende solo de publicar el desmentido una vez. Depende de sostenerlo con constancia, como se hace con las actualizaciones de seguridad: no basta con instalar un parche, hay que mantener el sistema.
