La carrera por la inteligencia artificial no se gana solo con modelos y chips: también se decide en el enchufe. A medida que los centros de datos de IA multiplican su demanda, las compañías tecnológicas buscan nuevas formas de asegurar energía estable, flexible y, si es posible, más limpia. En ese contexto encaja el último movimiento de Redwood Materials, la empresa fundada por JB Straubel, ex CTO de Tesla, que acaba de ampliar su Serie E hasta los 425 millones de dólares con la entrada de Google como nuevo inversor, según publicó TechCrunch.
La operación no se queda en un “cheque de confianza” a la idea del reciclaje. El interés de Google, y también de otros actores ya presentes en la ronda como Nvidia (a través de su brazo de capital riesgo, NVentures), apunta a un frente muy concreto: el almacenamiento de energía pensado para infraestructuras críticas como centros de datos y grandes instalaciones industriales.
Quién es Redwood Materials y por qué importa
Redwood Materials nació en 2017 con una misión fácil de explicar y difícil de ejecutar: construir una cadena de suministro circular para baterías. En lugar de depender siempre de la minería, Redwood toma “residuos” de la economía electrónica —chatarra de fabricación de baterías y dispositivos de consumo como móviles y portátiles— y los convierte en materia prima de nuevo valor. Dicho de forma cotidiana, funciona como una planta que separa y “refina” ingredientes valiosos de un gran batido de componentes usados.
En su proceso, la compañía recupera materiales clave que normalmente se extraen del subsuelo, como níquel y litio, y después los vende a clientes que los convierten otra vez en baterías; TechCrunch menciona a Panasonic entre esos compradores. Esa combinación de reciclaje industrial y suministro para fabricantes le ha permitido crecer más allá del relato verde, entrando en un terreno donde cuentan la escala, la logística y la calidad del material recuperado.
De reciclar a fabricar: el salto hacia los cátodos
Con el tiempo, Redwood amplió su actividad: a la recuperación de materiales se sumó la producción de cátodos, uno de los componentes esenciales de una batería. Es un cambio importante porque acerca a la empresa al corazón de la fabricación y no solo al final de la vida útil. En la práctica, es pasar de ser “el centro de reciclaje” a convertirse también en “la cocina” donde se preparan partes del plato principal.
Este enfoque híbrido —recuperar, procesar y producir— puede ser atractivo para grandes corporaciones porque reduce dependencias y acorta cadenas de suministro. Si la batería es el “depósito” de la electrificación, controlar sus materiales es como asegurar el trigo antes de montar una panadería: te protege frente a volatilidad, cuellos de botella y tensiones geopolíticas.
Redwood Energy: la segunda vida de las baterías como infraestructura
El giro más llamativo, y el que parece estar seduciendo a Google y a otros, es el lanzamiento de Redwood Energy, un negocio centrado en reutilizar baterías de vehículos eléctricos que todavía no están “para reciclar”, pero sí listas para otra tarea. Redwood las transforma en sistemas tipo microredes capaces de suministrar electricidad a centros de datos de IA y a grandes emplazamientos industriales.
Aquí la metáfora útil es la de una batería como un móvil viejo: tal vez ya no rinde como el primer día para usos exigentes, pero sigue sirviendo como mando a distancia, reproductor de música o dispositivo de emergencia. En almacenamiento estacionario sucede algo parecido. Un pack que ha perdido parte de su capacidad para el coche aún puede ser valioso para amortiguar picos, almacenar excedentes o sostener cargas de forma estable en instalaciones fijas.
Según la propia compañía, citada por TechCrunch, el aumento de la demanda eléctrica impulsado por IA, centros de datos, manufactura y electrificación convierte el almacenamiento en “infraestructura esencial”, no un lujo. Ese matiz importa: cuando algo pasa a ser infraestructura, deja de depender solo del entusiasmo tecnológico y empieza a medirse por fiabilidad, coste total, mantenimiento y capacidad de desplegarse rápido.
La foto financiera: 425 millones y una valoración por encima de 6.000 millones
Redwood levantó en octubre una Serie E de 350 millones de dólares liderada por Eclipse, con la entrada estratégica de NVentures. Desde entonces se han sumado más inversores, incluida ahora Google, elevando la ronda hasta 425 millones, con la participación renovada de Capricorn y Goldman Sachs, siempre según TechCrunch.
La valoración no se divulgó oficialmente, pero una fuente citada por el medio sitúa el valor post-money por encima de los 6.000 millones de dólares, más de mil millones por encima de la valoración previa. Con este tramo adicional, Redwood habría alcanzado 4.900 millones de dólares de capital total recaudado. Esa cifra sugiere dos cosas: que los inversores ven un mercado enorme y que la empresa necesita músculo financiero para construir instalaciones, gestionar inventarios y desplegar sistemas energéticos a escala real.
Inventario y objetivos: del “stock” de baterías al despliegue en gigavatios-hora
En el negocio del almacenamiento energético, los números mandan porque la demanda se mide en gigavatios-hora, no en unidades. TechCrunch recoge que Redwood recupera más del 70% de los packs de baterías usados o descartados en Norteamérica, y que muchos pueden tener una segunda vida en almacenamiento.
La empresa afirmó que tenía más de 1 GWh en inventario y esperaba recibir otros 4 GWh en los meses siguientes. Su objetivo: desplegar 20 GWh de almacenamiento a escala de red para 2028. Traducido a una imagen cotidiana, es como pasar de guardar pilas en un cajón a montar un “almacén energético” capaz de alimentar barrios enteros, solo que aquí el cliente típico puede ser un campus industrial o una granja de servidores.
Por qué Google y Nvidia se interesan por esta pieza del puzle
Que Google entre como inversor no significa necesariamente un contrato, pero sí señala prioridades: garantizar energía y flexibilidad para infraestructuras que crecen rápido. En un centro de datos, la electricidad es como el oxígeno en un hospital: no puede fallar, y cualquier interrupción es costosa. El almacenamiento con baterías permite suavizar picos, mejorar resiliencia y, en ciertos casos, integrar mejor renovables o reducir dependencia de generadores de respaldo.
Para Nvidia, cuyo negocio está estrechamente ligado a la expansión de la IA, la disponibilidad de capacidad eléctrica se convierte en un factor indirecto de crecimiento. Si el sector se encuentra con límites energéticos, se frena la instalación de hardware. Invertir en soluciones que faciliten el despliegue de centros de datos puede ser una forma de proteger la cadena de valor, aunque sea desde una capa distinta a la de los chips.
Retos: calidad, seguridad, logística y economía del segundo uso
El concepto de “segunda vida” suena ideal, pero no es magia. Reutilizar packs de baterías de vehículos eléctricos exige clasificar, diagnosticar y reacondicionar. No todas las baterías envejecen igual, y su rendimiento depende de química, historial térmico, ciclos y diseño. También entra en juego la seguridad: el almacenamiento masivo requiere sistemas de gestión, refrigeración y control para minimizar riesgos.
La economía del modelo también se examina con lupa. Si la demanda de reciclaje sube y el valor de materiales como litio o níquel cambia, las decisiones entre reutilizar o reciclar pueden variar. Redwood juega con dos palancas: extraer materiales cuando conviene y reutilizar cuando el activo aún tiene valor funcional. Mantener ese equilibrio será clave para sostener márgenes y cumplir objetivos de despliegue.
Lo que está en juego: energía como “cuello de botella” tecnológico
Este movimiento refleja una tendencia mayor: la IA no solo compite por talento y semiconductores; compite por electricidad. Y cuando algo tan básico se vuelve cuello de botella, aparecen soluciones híbridas que antes parecían de nicho. El enfoque de Redwood Materials une tres capas en una misma empresa: reciclaje de baterías, suministro de componentes como cátodos y almacenamiento de energía con baterías de segunda vida. Para los grandes jugadores, esa integración puede ser atractiva porque reduce incertidumbre y acelera proyectos que, de otro modo, podrían quedar atascados en permisos, redes saturadas o plazos de construcción.
