Freepik se gana un hueco en Hollywood: Upscale Day LA y el salto del cine hecho con IA a la órbita de los Oscar

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La relación entre Hollywood y la inteligencia artificial está dejando de ser una discusión teórica para convertirse en una conversación de oficio: qué tareas pueden apoyarse en IA generativa, qué cambia en un rodaje real y cómo se mantiene la calidad cuando el trabajo se acelera. En ese cruce, Freepik busca posicionarse como infraestructura creativa, no como una herramienta aislada. Su evento Upscale Day LA, celebrado en Los Ángeles los días 22 y 23 de enero de 2026, funciona como señal de que parte de la industria quiere hablar de procesos concretos bajo una idea guía: “creatividad sin concesiones”, entendida como no sacrificar acabado, coherencia ni control por el mero hecho de automatizar.

En cine, la diferencia entre “hacer algo rápido” y “hacerlo bien” se nota como en una cocina profesional. Un robot puede pelar patatas sin cansarse, pero el plato final depende del criterio: qué se elige, qué se descarta y qué se afina con paciencia. La IA empieza a entrar en esa lógica, como asistente que multiplica pruebas y versiones, mientras el ojo humano decide el camino.

Upscale Day LA: debate y demostración de flujos de trabajo

El encuentro tuvo lugar en el espacio Elysian y reunió a cineastas, directores y tecnólogos de IA con un foco práctico: cómo se integra la IA en narrativa, producción y gestión de talento sin desordenar el pipeline. El panel “Disrupting Film”, moderado por Bernie Su, puso sobre la mesa un tema recurrente: la IA no solo altera herramientas, también reordena responsabilidades. Donde antes había una sola vía de creación, ahora hay ramificaciones de iteración rápida: variaciones de concepto, pruebas de estilo, cambios de encuadre, exploración de look & feel, ajustes de continuidad visual.

Freepik planteó el evento también como demostración en vivo de su suite de IA aplicada a producción real. El subtexto es importante: cuando un equipo trabaja con tiempos ajustados, lo que más valor aporta no es una función “espectacular” por separado, sino un sistema que encaje con el resto, permita colaborar sin fricción y deje rastro de decisiones. En un set y en una sala de postproducción, esa trazabilidad es lo que evita discusiones del tipo “¿cuál era la versión buena?” o “¿quién aprobó este cambio?”.

“The Great Reset”: un hito simbólico para el cine con IA

Uno de los titulares que acompañan a este movimiento es la participación de Freepik en The Great Reset, presentada como el primer largometraje producido íntegramente con inteligencia artificial que ha obtenido la calificación oficial de la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas para optar a los Premios Oscar. Es un matiz clave: “calificación oficial” no es lo mismo que nominación, pero sí significa que el proyecto entra en un circuito donde aplican reglas, verificaciones y estándares.

Para ponerlo en contexto, se citan cifras que ayudan a entender la rareza del logro: de las más de 10.000 películas producidas cada año en el mundo, solo alrededor de 300 llegarían a ese punto del proceso. En ese marco, el caso funciona como prueba de viabilidad industrial: no se trata de una demo, sino de un largometraje completo que ha pasado filtros formales.

El director Daniel H. Torrado ha señalado que la aportación de Freepik se reflejó en los agradecimientos de los créditos, un gesto que en cine tiene un valor práctico: indica que la herramienta o el equipo aportó algo relevante dentro de un flujo de trabajo real, con entregas, revisiones y exigencia de producción.

“Creatividad sin concesiones”: lo que implica en la práctica

La frase suena bien como lema, pero cobra sentido cuando se traduce a decisiones pequeñas del día a día. “Sin concesiones” significa que un equipo no quiere renunciar a continuidad de estilo, detalle de piel y textiles, coherencia de iluminación o integración con VFX solo porque una parte del material se haya generado o transformado con IA. También significa evitar el “efecto parche”: usar diez herramientas distintas, cada una con sus ajustes, sus licencias y su manera de interpretar el contenido, hasta que el proyecto se convierte en un rompecabezas difícil de mantener.

En ese punto, una suite de IA intenta jugar a favor: menos saltos entre servicios, más consistencia, más control de versiones, más facilidad para que arte, producción y postproducción compartan referencias sin perderse en carpetas o conversaciones dispersas.

La pieza técnica que más interesa al cine: calidad, resolución y textura

Entre los elementos que Freepik destaca está el upscaler Magnific, integrado como modo dentro de su herramienta de escalado. El valor de un buen escalado no es solo “hacerlo más grande”, sino recuperar detalle perceptible, controlar artefactos y preservar la intención visual. En cine, una imagen no compite solo con el tamaño de pantalla, compite con expectativas: una textura de tela debe sentirse creíble, un decorado no puede delatar su origen y un plano tiene que aguantar corrección de color y compresión sin desmoronarse.

Una forma cotidiana de entenderlo es pensar en una foto antigua de familia. Puedes ampliarla y que se vea borrosa, o puedes trabajar para que recupere nitidez y microdetalle de forma coherente. El segundo camino no consiste en “inventar por inventar”, consiste en reconstruir con criterio para que el resultado sea usable. En producción audiovisual, ese “usable” se decide con lupa.

Spaces y la colaboración: cuando el problema no es crear, sino coordinar

Otro producto clave es Spaces, concebido como entorno de colaboración en tiempo real. En equipos creativos grandes, coordinar es casi tan difícil como crear. Un storyboard puede tener cinco revisiones, una prueba de estilo puede abrir veinte variantes, y un cambio pequeño en cámara puede afectar a composición, VFX y montaje.

Aquí, la metáfora no es la del “pincel mágico”, es la del “taller compartido”. Un espacio común ordena el trabajo, facilita comentarios, centraliza materiales y reduce el ruido de canales paralelos. Cuando el equipo itera rápido, la herramienta que mejor funciona es la que evita repetir conversaciones y que hace evidente qué se aprobó y qué quedó descartado.

El argumento Enterprise: seguridad y propiedad intelectual sin improvisaciones

El cine profesional tiene un filtro inevitable: contratos, materiales sensibles y derechos. No basta con que una herramienta funcione; debe encajar con requisitos de seguridad, auditoría y control. Freepik presenta sus planes Enterprise como respuesta a esa necesidad, con un ecosistema orientado a equipos grandes que buscan reducir la dispersión de proveedores y proteger la propiedad intelectual.

Este punto suele ser menos vistoso que un tráiler, pero es el que determina si una tecnología entra en una producción o se queda en fase de prueba. Es la diferencia entre experimentar en un proyecto personal y aceptar el riesgo operativo en un pipeline con calendario, presupuesto y responsabilidades compartidas.

De la industria al set: casos de uso y la normalización del apoyo con IA

Freepik se menciona como herramienta utilizada en producciones de alto nivel, citando títulos como Here (Robert Zemeckis), la serie House of David y el caso de The Great Reset. Más allá del nombre de cada proyecto, el patrón es claro: la IA se está integrando como apoyo en tareas donde la escala visual es grande o donde se necesita iterar rápido sin disparar costes.

En ese escenario, la IA actúa como un multiplicador de exploración. Si antes el equipo podía probar tres versiones por tiempo, ahora puede evaluar quince y quedarse con la que encaja. Eso no elimina el trabajo humano; cambia dónde se gasta la energía. Menos tiempo en tareas mecánicas, más tiempo en decisión creativa y pulido.

Transparencia, empleo y reglas: la conversación que no desaparece

Que un largometraje “hecho con IA” entre en el radar de la Academia no elimina el debate sobre empleo, ética y transparencia. Siguen sobre la mesa temas como consentimiento, atribución, límites de uso de imagen y voz, y el impacto en puestos de trabajo. La postura institucional más reciente en este terreno apunta a que el uso de IA no debería beneficiar ni perjudicar automáticamente la elegibilidad, y que el foco se pone en el grado de autoría creativa humana.

En la práctica, esto empuja a la industria hacia un estándar de documentación: qué se generó, cómo se generó, quién lo decidió y quién lo supervisó. Si la IA es una herramienta más, el oficio consiste en usarla con criterio y dejar claro el proceso, del mismo modo que se acredita un efecto, una composición o una animación.