La conversación alrededor de Anthropic vuelve a subir de volumen. Según informó The Wall Street Journal y recogió TechCrunch, la compañía detrás de Claude estaría preparando una nueva financiación de unos 10.000 millones de dólares con una valoración cercana a los 350.000 millones. TechCrunch señala que pudo confirmar tanto el tamaño de la ronda como la cifra de valoración a través de una fuente familiarizada con la operación. La empresa, por su parte, declinó hacer comentarios.
Cuando se habla de estas magnitudes es fácil perder la perspectiva. Una forma útil de aterrizarlo: si el mercado de capital riesgo fuese una subasta, esto no sería levantar la mano para pujar un poco más; sería entrar con un megáfono y reservar la primera fila. No significa automáticamente que el negocio “valga” eso en términos tradicionales, pero sí que hay inversores dispuestos a poner dinero a ese precio bajo ciertas expectativas de crecimiento.
La escalera de valoraciones: de sprint a salto con pértiga
Lo que más llama la atención no es solo el tamaño de la ronda, sino la velocidad. En los últimos meses, la valoración de Anthropic habría escalado de manera muy agresiva: en marzo se habló de una captación de 3.500 millones con una valoración de 61.500 millones; más tarde, hace alrededor de tres meses, llegó una Serie F de 13.000 millones a 183.000 millones. Ahora se plantea casi duplicar ese último número hasta los 350.000 millones, siempre según las cifras publicadas por The Wall Street Journal y confirmadas por TechCrunch.
Para entender este tipo de saltos conviene pensar en una ciudad que crece de golpe: primero se amplían carreteras, luego aparecen barrios enteros, y de pronto se dispara el precio del suelo porque todos apuestan a que ahí se levantará el próximo centro financiero. En IA generativa, el “suelo” es una mezcla de talento, propiedad intelectual, capacidad de cómputo y, muy especialmente, adopción por parte de empresas y desarrolladores.
Quién lideraría la ronda y qué suele buscar ese perfil de inversor
De acuerdo con The Wall Street Journal, la ronda estaría liderada por Coatue Management y GIC, el fondo soberano de Singapur. Que aparezcan actores así suele indicar dos cosas: primero, que hay apetito por operaciones grandes, capaces de mover la aguja en un portfolio; segundo, que el relato ya no se apoya únicamente en “promesa tecnológica”, sino en la ambición de construir un gigante con opciones reales de salida, sea por IPO o por consolidación del mercado.
En rondas de este tamaño, el “para qué” del capital importa tanto como el “cuánto”. El dinero puede destinarse a investigación, contratación, expansión comercial, infraestructuras y acuerdos estratégicos. En modelos de lenguaje, la caja también sirve para algo muy poco glamuroso y muy determinante: pagar facturas de cómputo que pueden ser astronómicas cuando entrenas y sirves modelos a escala.
El elefante en la sala: el coste del cómputo y los acuerdos “circularmente” estratégicos
TechCrunch diferencia esta posible ronda de otra pieza clave del rompecabezas: un compromiso reciente de inversión de Nvidia y Microsoft por 15.000 millones, descrito como un acuerdo “circular”. La idea, tal como se explicó, sería que Anthropic terminara comprando alrededor de 30.000 millones de capacidad de Microsoft Azure impulsada por chips de Nvidia.
Traducido a lenguaje cotidiano: imagina que te prestan dinero para abrir un restaurante, pero parte del trato es que ese dinero terminará gastándose en el alquiler del local que pertenece al mismo grupo que te financia, y en los hornos del proveedor asociado. No es necesariamente malo; puede ser eficiente si garantiza suministro, precios y estabilidad. Pero deja claro algo que a veces se olvida cuando hablamos de “IA”: el cuello de botella no siempre es la idea, sino la energía, los centros de datos y los chips que sostienen la maquinaria.
Este tipo de acuerdos también dibuja el mapa de poder del sector: quien controla la infraestructura de cómputo tiene una palanca enorme sobre el ritmo al que crecen los laboratorios de modelos.
Claude Code: por qué el foco en desarrolladores es más que marketing
La supuesta ronda llega en un momento en el que Anthropic está intentando ganarse a un público decisivo: los equipos técnicos que eligen herramientas cada día. TechCrunch menciona el empuje de Claude Code, una herramienta orientada a automatizar tareas de programación y flujo de trabajo, apoyada por Claude Opus 4.5.
Aquí hay una lógica clara. En la carrera de la IA, no gana solo quien tenga el modelo más capaz en un benchmark; gana quien se convierte en hábito. Si tu herramienta se integra en el día a día de un desarrollador —como el editor de texto o el sistema de control de versiones— dejas de ser una “demo impresionante” para ser una pieza de infraestructura mental. Es como la cafetera que usas cada mañana: puedes probar otras, pero la que está ahí, funciona y encaja en tu rutina, se queda.
Automatizar código y tareas relacionadas también tiene un efecto secundario importante: crea dependencia de plataforma. Si una empresa construye procesos internos alrededor de Claude, cambiar más adelante a otro proveedor no es imposible, pero sí costoso, y ese coste se convierte en una barrera competitiva.
La sombra de una salida a bolsa y el pulso con OpenAI
Otro ingrediente que aparece en el texto de TechCrunch es la posibilidad de que Anthropic se prepare para una IPO este año, en paralelo a su gran rival OpenAI. En ese mismo contexto, se menciona que OpenAI estaría en conversaciones para levantar hasta 100.000 millones con una valoración potencial de hasta 830.000 millones.
Son cifras que describen un mercado en el que la financiación se está concentrando en pocos “campeones” con aspiraciones globales. Si la salida a bolsa se materializa, cambia el tipo de escrutinio: los resultados, los márgenes, la estructura de costes y los riesgos regulatorios pasan a primer plano. A la vez, una IPO puede ofrecer una narrativa potente para justificar valoraciones elevadas: no solo “crecemos rápido”, sino “tenemos un camino de liquidez y permanencia”.
El duelo con OpenAI también se juega en percepción. Cuando una compañía está asociada a grandes rondas y a productos con tracción, atrae talento, socios y cobertura mediática. Esa bola de nieve no garantiza calidad tecnológica, pero sí acelera su capacidad de ejecución.
Qué significa esto para empresas, startups y usuarios
Para las empresas que consumen IA, estos movimientos suelen traducirse en más competencia por contratos, mejores integraciones y, a veces, presión para bajar precios o mejorar condiciones. Para startups, el panorama es más ambiguo: por un lado, disponer de plataformas cada vez más potentes facilita construir productos encima; por otro, competir de tú a tú con laboratorios hiperfinanciados se vuelve casi imposible, y obliga a especializarse.
Para los usuarios, el efecto se nota en forma de herramientas más pulidas y presentes en aplicaciones cotidianas. Pero conviene mirar también el “coste oculto”: si el sector se apoya tanto en acuerdos de cómputo y en pocos proveedores de infraestructura, la diversidad real de opciones podría estrecharse con el tiempo.
Lo que está claro es que la supuesta ronda de Anthropic no es solo una cifra llamativa. Es una señal de cómo se está repartiendo el poder en la IA: capital masivo, infraestructura como ventaja competitiva, y productos orientados a convertirse en rutina, especialmente en manos de desarrolladores.
